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Monseñor Garita hizo un llamado a los gobernantes a ejercer su misión con honestidad, altura y espíritu de servicio

Cartago, 02 ago (elmundo.cr) – El obispo de la Diócesis de Ciudad Quesada, monseñor José Manuel Garita, hizo un llamado a los poderes de la República a establecer una diálogo respetuoso para beneficio del país, durante la homilía de la Santa Misa a la Virgen de Los Ángeles en la Basílica de Cartago.

Monseñor Garita señaló que “el contexto actual de nuestro país nos pide discernir con sabiduría los signos de los tiempos que estamos viviendo para procurar aportar todos a la realidad pluriforme de nuestra sociedad”.

“Nuestra nación vive momentos que reclaman la responsabilidad de todos. Costa Rica continúa experimentando desafíos que no podemos ignorar. La violencia sigue sembrando dolor en muchos hogares”, agregó.

Monseñor recalcó que “la criminalidad hiere profundamente el tejido social. El narcotráfico continúa destruyéndonos. La corrupción sigue causando daño, injusticia y escándalo. Numerosas familias viven con incertidumbre frente al futuro”.

“La pobreza sigue golpeando a muchos hermanos que carecen de oportunidades dignas. Nuestros jóvenes buscan razones para esperar en medio de una cultura que con frecuencia ofrece respuestas inmediatas, pero vacías de sentido”, lamentó.

El obispo recordó que “muchas personas experimentan soledad, indiferencia, ansiedad y desesperanza. Ante este panorama podríamos caer en el desaliento o en la resignación. Sin embargo, María nos enseña otro camino, el camino de la esperanza activa. Ella permaneció firme junto a la cruz cuando parecía que todo estaba perdido porque sabía que Dios tiene la última palabra”.

“Nuestra Señora de los Ángeles ha sido a lo largo de la historia factor indiscutible de identidad y unidad nacional. Cuando el país ha vivido momentos difíciles, el pueblo ha vuelto sus ojos hacia la Madre. Ella nos recuerda que somos una sola familia y que el futuro de Costa Rica no podrá construirse sino desde la armonía, el entendimiento y la búsqueda honesta de intereses y metas comunes que garanticen el bienestar integral de todos”, aseguró.

Monseñor Garita insistió que “necesitamos redescubrir el valor de la unidad. Unidad que no significa pensar todos igual, sino aprender a reconocernos como hermanos, aceptando que cada uno puede aportar al todo, a la verdad y a los fines que buscamos. Necesitamos fortalecer la comunión, abrir espacios de diálogo sincero, cultivar el respeto mutuo y buscar juntos el bien común por encima de los bienes de los intereses particulares”.

“Este, hermanos, ha sido y es el llamado constante y continuo de la Iglesia, Madre y Maestra, que tiene en María su modelo e imán. La Virgen siempre nos une y nos acerca unos a otros. Ella quiere suscitar entre nosotros armonía, fraternidad, tolerancia y entendimiento que nos unan verdaderamente como hermanos para sacar adelante a Costa Rica en medio de los desafíos, preocupaciones y urgencias que nos afectan a todos”, sostuvo.

El obispo indicó que “nuestro país necesita hombres y mujeres capaces de escucharse y de respetarse, incluso cuando piensan distinto, de trabajar juntos por la justicia, la paz y el desarrollo integral de todos. Necesita familias que vuelvan a hacer escuelas de amor y reconciliación, educadores que formen en valores, jóvenes que descubran la belleza de entregar su vida por ideales grandes, gobernantes y servidores públicos que ejercen su misión con honestidad, altura y espíritu de servicio, ciudadanos comprometidos con una cultura de la legalidad, solidaridad y el cuidado del prójimo”.

“La pequeña imagen de María, encontrada acá en Cartago, continúa hablándonos con la fuerza de la sencillez. Su tamaño humilde parece decirnos que las grandes transformaciones comienzan con pequeños gestos cotidianos. Una palabra de reconciliación, un acto de justicia, una mano tendida al necesitado, una familia que ora unida, un joven que decide vivir con honestidad, una nación que trabaja por caminar unida y en paz”, manifestó.

Monseñor comentó que “hace 100 años la Iglesia colocó una corona sobre la imagen de la negrita. Hoy esa corona adquiere un significado todavía más profundo. La mejor corona que podemos ofrecerle no está hecha de oro ni de piedras preciosas. La verdadera corona será una Costa Rica reconciliada consigo misma, una nación donde disminuya la violencia porque crece el respeto por la vida, donde haya más oportunidades para los pobres, donde los jóvenes puedan recuperar la esperanza y las familias vuelvan a reencontrarse”.

“Un país donde prevalezca la cultura del encuentro, la unidad y la paz. Hermanos, con espíritu de fe y de fraternidad nacional pongamos nuestra patria bajo el manto protector de Nuestra Señora de los Ángeles. Que ella siga caminando con Costa Rica como lo ha hecho durante estos 391 años. Que cuide a nuestras familias, fortalezca a los que sufren, sostenga a los enfermos, acompaña a nuestros jóvenes, ilumina a los que tienen responsabilidades públicas y nos ayude a todos”, aseveró.

“A todos a ser constructores de paz, unidad, fraternidad y bien común en favor de todos los que vivimos bajo el cielo de esta bendecida nación. Madre de los Ángeles, reina de Costa Rica, sigue enseñándonos que todos somos hermanos. Ayúdanos a permanecer unidos en la fe, fuertes en la esperanza y generosos en la caridad. Que bajo tu mirada maternal aprendamos a hacer de nuestra patria una casa donde nadie se sienta excluido, donde cada vida sea respetada y donde Cristo reine en los corazones de todos con su amor y su paz. Nuestra Señora de los Ángeles ruega por nosotros”, concluyó.

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