San José, 01 nov (elmundo.cr) – El diputado del Partido Liberal Progresista, Jorge Dengo, afirmó que es curioso que el FMI se preocupe por la rebaja de marchamo, como señaló el presidente de la República, Rodrigo Chaves.
Al respecto el legislador recordó que “el día de ayer, el señor presidente dedicó una sección de su conferencia para referirse al reporte del Fondo Monetario Internacional. Pese a que pasamos con honores de acuerdo al Presidente y al Ministro de Hacienda, el mandamás real del país, el FMI, se queja -entre otras cosas- por la aprobación de la ley que rebajó el marchamo a todos los costarricenses”.
Para Dengo “esto es curioso, ya que en la reunión que sostuvimos en la Asamblea Legislativa con la delegación de esta institución nada se mencionó sobre el asunto. ¿No habrá sido incluido más bien este tema a solicitud del Poder Ejecutivo?”.
“El FMI ha demostrado no ser más que un simple banco comercial sin interés alguno en la inversión social o la reactivación económica. Para lograr su objetivo lo único que mide es la situación fiscal en los términos más simples. Si el FMI lamenta la rebaja en el marchamo, refleja que esta institución solo tiene 2 métricas de interés: ingresos y gastos. Si esto fuera distinto, habrían valorado este impuesto por lo que es: un impuesto totalmente atípico que sólo existe en Costa Rica bajo su configuración actual”, explicó.
Ante esto cuestionó: “¿Dónde están las recomendaciones de mejores prácticas que debería emitir esta institución? Tuve la oportunidad de tener un intercambio con el experto fiscal de la delegación respecto a posibles soluciones para hacer la carga fiscal menos pesada a los costarricenses, y honestamente las respuestas del experto fueron muy deficientes”.
“Pongo muy en duda la competencia de dicho funcionario quien más bien pareciera tener solo el ánimo de emitir criterio para asegurar o incrementar recaudación, sin tocar la configuración del gasto, sin considerar la inversión social o la reactivación económica. El FMI lo único que quiere es que le paguen, no nos engañemos. Ni dejemos que nos engañen. Históricamente, ha otorgado préstamos a naciones en crisis. Estos préstamos vienen con condiciones fuertes. Y mientras que estas decisiones pueden equilibrar temporalmente las cifras macroeconómicas, la vida de los ciudadanos se ve inmensamente afectada”, añadió.
El diputado manifestó que “pensemos en Argentina a principios de la década de 2000 o en Grecia después de la crisis financiera de 2008. En ambos casos, el FMI recomendó medidas de austeridad que causaron malestar social, desempleo y, en muchos casos, pobreza. Si bien es cierto que ambos países enfrentaban problemas económicos graves, la solución propuesta por el FMI parecía más preocupada por los números que por las personas”.
“Claro, desde una perspectiva contable, tener un balance positivo es esencial. Pero ¿a qué costo? No podemos olvidar que detrás de cada estadística hay personas y familias. La economía no es solo cifras en un papel; es la vida diaria de todos y cada uno de nosotros. Y mientras el FMI sigue fijándose en los indicadores macroeconómicos, muchos se preguntan: ¿Dónde queda el bienestar de la gente? ¿Dónde está la inversión en el futuro social y económico de un país? ¿Dónde está el alivio en el bolsillo de los costarricenses? Es hora de repensar cómo las instituciones globales, como el FMI, toman decisiones”, destacó.
Según el legislador “no se trata de rechazar la necesidad de responsabilidad fiscal, sino de encontrar un equilibrio, de comprender que las políticas económicas tienen rostros humanos. Es hora de que el FMI, y otras instituciones similares, reconozcan que no pueden separar la economía de la sociedad”.
“Mientras esté en mi posibilidad y esté frente a impuestos injustos como el marchamo o, por ejemplo, impuestos en la importación de mercancías, donde se calculan impuestos sobre impuestos, haré todo lo posible por eliminar estas aberraciones que hacen que los bienes sean más costosos para todos. Si realmente queremos un mundo más justo y equitativo, debemos comenzar por exigir que las organizaciones que tienen tanto poder sobre las economías nacionales miren más allá de las cifras. Porque al final del día, la verdadera medida del éxito no debería ser cuánto dinero tiene un país en sus reservas, sino cuán bien vive su gente”, concluyó.