El pitazo del árbitro para terminar el primer tiempo no fue lo único que sonó con fuerza en el estadio Alejandro Morera Soto.
Desde las graderías bajó una silbatina que retrataba exactamente lo que acababan de ver los aficionados. Alajuelense había jugado uno de sus peores primeros tiempos en el inicio de la temporada. Sin profundidad, sin remates al marco y con demasiados espacios en el mediocampo para un Xelajú que, sin hacer un partido brillante, lucía mucho más cómodo sobre el césped.
La apuesta de Ismael Rescalvo no estaba funcionando.
El técnico español decidió darle continuidad a un mediocampo integrado por Roan Wilson, Daniel Chacón y Juan Pi Añor. Dos de ellos regresan este semestre después de superar lesiones que los mantuvieron más de un año alejados de la competencia constante, y esa falta de ritmo terminó pesando durante los primeros 45 minutos.
La Liga se vio desacomodada.
Llegaba tarde a las coberturas, perdía las segundas jugadas y dejaba espacios que los guatemaltecos encontraron con facilidad. Lo más preocupante era que, pese a jugar como local, el actual tricampeón centroamericano ni siquiera logró inquietar al portero Minor Álvarez.
Entonces llegó el descanso.
Y con él, apareció el hombre que, una vez más, terminó cambiando la historia. Pasó lo mismo contra Herediano por la Supercopa y Sporting en el debut del torneo nacional.
Celso Borges volvió a demostrar que, a sus 38 años, sigue siendo el futbolista capaz de darle orden cuando el equipo pierde el rumbo.
Los movimientos de Rescalvo eran tan necesarios como evidentes.
Desde el reinicio, Alajuelense mostró otra cara.
Lo que no produjo en todo el primer tiempo, comenzó a generarlo apenas transcurridos unos minutos del complemento. Entre el minuto 45 y el 53 creó más peligro que durante toda la etapa inicial.
La diferencia no era únicamente futbolística.
Era también emocional.
Con Borges tomando el control del mediocampo y un Juan Pi Añor mucho más liberado para generar juego, la pelota comenzó a circular con sentido. Roan Wilson encontró mejores apoyos, las bandas empezaron a activarse y tanto Jeison Lucumí como Kenyel Mitchell y Anthony Hernández recibieron balones en condiciones mucho más favorables.
El dominio cambió completamente de dueño.
Alajuelense empezó a anticipar en la mitad de la cancha, recuperó alto y empujó a Xelajú hacia su propio terreno.
Incluso Ronaldo Cisneros, prácticamente aislado durante la primera parte, comenzó a encontrar conexiones con quienes alimentaban el ataque.
Solo faltaba el gol.
Y llegó de la manera que pocas veces se puede describir.
Al minuto 81, el delantero mexicano recibió el balón en el límite del área, levantó la cabeza y sacó un remate colocado al palo largo de Minor Álvarez.
Un golazo.
No solo por la ejecución.
También porque terminó resolviendo un partido que durante 45 minutos parecía caminar en dirección contraria.
El Morera pasó de los silbidos a los aplausos.
La noche que comenzó entre dudas terminó con una victoria de enorme valor para el campeón defensor, que inició con tres puntos la defensa de una Copa Centroamericana que ya conquistó en tres ocasiones consecutivas.
La siguiente prueba llegará el próximo 4 de agosto, cuando Alajuelense visite en Managua al Diriangén, en un torneo donde, al menos por ahora, volvió a recordar por qué sigue siendo el equipo al que todos quieren destronar.