San José, 23 jun (elmundo.cr) – A pesar de que la conciencia ambiental ha crecido en el sistema educativo costarricense, la transición de la intención a la acción sostenible sigue enfrentando obstáculos críticos.
Según datos de la Sociedad de Seguros de Vida del Magisterio Nacional, la gestión de residuos, el desperdicio de alimentos y la huella de carbono por transporte son los desafíos pendientes más apremiantes.
La experiencia del programa “Yo Pienso Verde” revela una realidad preocupante: cerca del 87% de los centros educativos que se unen a la iniciativa ya habían intentado desarrollar proyectos ambientales previamente, pero fracasaron en su intento de mantenerlos vigentes.
Ana Gabriela Soto, gestora ambiental de la Sociedad de Seguros de Vida, explicó que “la experiencia acumulada por el programa ha permitido identificar problemáticas recurrentes que van desde la gestión de residuos y el desperdicio de alimentos, hasta las dificultades para mantener proyectos ambientales en el largo plazo”.
De acuerdo con la especialista, el principal fallo radica en que las iniciativas dependen del entusiasmo de una o pocas personas. “Muchos centros de enseñanza han recibido capacitaciones o incluso han instalado estaciones de reciclaje, pero cuando no existe una estrategia, un comité responsable o una estructura de seguimiento, los esfuerzos terminan desapareciendo con el tiempo”, señaló Soto.
Retos estructurales y culturales
El informe destaca que la gestión ambiental en las escuelas y colegios a menudo se percibe como una actividad complementaria y no como un lineamiento institucional. Esto deriva en problemas persistentes como:
- Separación de residuos: Persiste la idea errónea de que esta labor corresponde únicamente al personal de limpieza, cuando debe ser una responsabilidad compartida.
- Desperdicio alimentario: Una problemática que varía según el contexto social de cada centro.
- Consumo de materiales de un solo uso: El uso de estereofón, plásticos y globos en actividades escolares genera volúmenes significativos de desechos.
- Huella de carbono por transporte: Soto advierte que, en la mayoría de los centros, cerca de la mitad de la huella de carbono proviene del traslado de docentes y estudiantes, debido a la alta concentración de vehículos particulares.
El camino hacia la sostenibilidad
Para que las acciones ambientales trasciendan, la Sociedad de Seguros de Vida recomienda formalizar la gestión ambiental dentro de las estructuras de las instituciones. Esto incluye la creación de comités con responsabilidades claras, el liderazgo activo de las direcciones escolares y la promoción de espacios donde los estudiantes puedan liderar sus propias iniciativas.
“Creemos que el principal desafío no es iniciar proyectos ambientales, sino lograr que se mantengan en el tiempo. Nuestra experiencia demuestra que cuando existe liderazgo, seguimiento y compromiso institucional, las acciones ambientales dejan de ser esfuerzos aislados y se convierten en parte de la cultura de la comunidad educativa”, concluyó Soto.