San José, 07 oct (elmundo.cr) – El prolongado fortalecimiento del colón frente al dólar podría estar generando consecuencias cada vez más profundas sobre la estructura productiva de Costa Rica. Así lo advierte el economista Dennis Meléndez Howell, quien cuestiona la posición del Banco Central de Costa Rica (BCCR) frente a un fenómeno que, a su criterio, no debería considerarse inevitable.
En un artículo publicado recientemente en La Revista, Meléndez sostiene que los desequilibrios cambiarios pueden y deben enfrentarse antes de que provoquen daños mayores. Su principal preocupación es que una apreciación prolongada del colón termine afectando la competitividad de sectores fundamentales de la economía.
El economista utiliza como referencia la experiencia de los Países Bajos durante la denominada “revaluación holandesa” de 1962-1963. Según explica, las autoridades inicialmente consideraron inevitable la apreciación de la moneda, pero posteriormente debieron intervenir ante el impacto que estaba teniendo sobre la estructura productiva. La recuperación, afirma, tomó cerca de tres décadas.
A este fenómeno se le conoce en economía como histéresis productiva, es decir, cuando un impacto económico persistente provoca cambios estructurales que no se revierten automáticamente una vez que desaparece la causa original.
¿Por qué preocupa un colón demasiado fuerte?
Una moneda nacional apreciada tiene efectos positivos para algunos sectores. Los consumidores y empresas que deben realizar pagos en dólares necesitan menos colones para hacerlo, mientras que las importaciones pueden resultar relativamente más baratas.
Pero el efecto es diferente para quienes generan ingresos en dólares.
Los exportadores, las empresas vinculadas al turismo y otras actividades que compiten internacionalmente reciben menos colones por cada dólar que generan. Esto puede reducir sus márgenes, afectar inversiones y dificultar la competitividad de empresas costarricenses frente a otros destinos.
Meléndez: el Banco Central sí tiene herramientas
Uno de los puntos centrales del análisis de Meléndez es su desacuerdo con la idea de que el BCCR no puede hacer nada frente a la apreciación cambiaria.
El economista sostiene que existen diferentes instrumentos que podrían utilizarse para modificar las condiciones que están favoreciendo la fortaleza del colón.
Entre ellos menciona una política que desincentive el endeudamiento del Gobierno en dólares, cambios relacionados con los bonos de estabilización monetaria, una mayor libertad para que los fondos de pensiones inviertan en el exterior y modificaciones en las tasas de interés y los encajes mínimos legales.
Según Meléndez, una reducción de las tasas de interés podría disminuir el atractivo para determinados flujos de capital y, simultáneamente, favorecer la producción y el empleo. También cuestiona que Costa Rica mantenga encajes bancarios elevados, al considerar que esto incrementa los costos de intermediación financiera y termina afectando tanto a quienes solicitan crédito como a los ahorrantes.
El problema no sería solamente el precio del dólar
Para Meléndez, reducir el debate a si el dólar debe subir o bajar sería insuficiente.
Su preocupación principal es el efecto acumulativo que una apreciación cambiaria prolongada puede tener sobre la economía real: empresas que pierden competitividad, menor inversión, dificultades para determinados sectores productivos y una eventual transformación de la estructura económica del país.
El economista también cuestiona la percepción de que Costa Rica simplemente tenga un exceso de dólares. En su análisis recuerda que el país continúa recurriendo al endeudamiento externo y mantiene una elevada deuda pública.
El debate adquiere especial relevancia para una economía como la costarricense, donde las exportaciones, el turismo y la inversión extranjera tienen un peso significativo.
La discusión, por tanto, no se limita a quienes reciben o pagan dólares. La pregunta de fondo es hasta qué punto un tipo de cambio persistentemente bajo puede comenzar a modificar las condiciones en las que producen, invierten y generan empleo las empresas costarricenses.
Meléndez concluye que los problemas económicos no deberían asumirse como inevitables y reclama una actuación más oportuna del Banco Central antes de que los posibles daños sean más profundos y difíciles de revertir.