San José, 13 ago (elmundo.cr) – La taza de café que se comercializa en Europa y Estados Unidos como “sostenible” y “ética” lleva consigo una historia poco conocida: la de miles de indígenas ngäbe-buglé que cruzan la frontera desde Panamá para cosechar el grano en condiciones que organizaciones internacionales califican como una forma de explotación sistémica.
La organización Coffee Watch, que ha investigado las cadenas de suministro del café en ocho países, publicó esta semana un informe que cuestiona la reputación de Costa Rica como referente regional en materia social y ambiental. El informe documenta salarios por debajo del nivel de subsistencia, jornadas de 12 horas, viviendas sin agua ni electricidad y una alarmante tasa de mortalidad infantil entre las familias trabajadoras temporales.
La tierra prometida que no llegó
Más de 15.000 indígenas ngäbe-buglé viajan cada año desde la empobrecida Comarca Ngäbe-Buglé, en Panamá, donde el 93% de la población vive en pobreza extrema, hacia las montañas de Coto Brus y Tarrazú, en Costa Rica.
El viaje, que puede durar hasta tres días a pie, los conduce a una realidad muy distinta a la imagen de bienestar que el país proyecta internacionalmente.
Según el informe, los trabajadores suelen alojarse en los llamados “baches”, construcciones precarias de madera y metal sin colchones, ventanas ni servicios básicos adecuados. En algunos casos, once personas viven hacinadas en una habitación de apenas tres por tres metros, cocinan con fogones de leña dentro de espacios cerrados y comparten servicios sanitarios en malas condiciones.
“En la comarca, viven de sus propios terrenos. Si hubiera trabajo allá, no cruzábamos”, relató Franco, un trabajador entrevistado para el estudio.
El costo humano del café
El informe documenta situaciones que reflejan las dificultades que enfrentan estas familias migrantes.
En la región de Los Santos, entre 2020 y 2026, se registraron 19 muertes de niños y niñas ngäbe-buglé asociadas a enfermedades y condiciones de vulnerabilidad, incluyendo bronconeumonía, infecciones parasitarias, complicaciones durante el parto y otros factores de riesgo.
En Coto Brus, los investigadores encontraron casos de menores de edad asumiendo responsabilidades de cuido mientras sus padres trabajan extensas jornadas.
“Las niñas, especialmente, cargan con responsabilidades incompatibles con su edad y bienestar”, señala el informe.
Coffee Watch sostiene que el trabajo infantil observado no responde a prácticas culturales, sino a condiciones de pobreza, bajos ingresos y la ausencia de servicios de cuido accesibles para las familias trabajadoras.
Una brecha entre el discurso y la realidad
Costa Rica ha implementado mecanismos como el Sistema de Trazabilidad Laboral Migratoria (SITLAM), que permite a trabajadores migrantes acceder a identificación legal, servicios de salud y cobertura laboral.
Sin embargo, el informe señala que una parte importante de la población ngäbe-buglé no logra beneficiarse de estos mecanismos debido a barreras idiomáticas, falta de información, discriminación y problemas relacionados con la documentación migratoria.
“El sistema ha diseñado un mecanismo perfecto, adaptado a sus necesidades, para proteger al empleador”, afirmó la abogada Obeth Morales Barquero, del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Agroindustria y Afines.
El documento también señala la limitada representación sindical de esta población. Aunque la legislación permite la afiliación de personas extranjeras a sindicatos, existen restricciones que dificultan su participación en puestos de liderazgo.
El modelo de Tarrazú: una alternativa posible
No todos los hallazgos son negativos.
En Tarrazú, las llamadas Casas de la Alegría operan bajo un sistema centralizado gestionado por la cooperativa CoopeTarrazú, con financiamiento de la Unión Europea.
Según el informe, este modelo ha permitido mejorar el acceso al cuido infantil, fortalecer la atención a mujeres embarazadas y ofrecer mejores condiciones para las familias migrantes.
Para Coffee Watch, esta experiencia demuestra que es posible mejorar las condiciones de vida de los trabajadores cuando existe coordinación institucional, financiamiento y voluntad política.
“Deben saber que muchos finqueros no les brindan las condiciones adecuadas a los recolectores, pero también se debe hacer lo necesario para ver cómo conseguir más dinero”, indicó un coordinador del programa citado en el informe.
La responsabilidad de la industria global
El estudio se publica en un momento clave para la industria mundial del café, valorada en aproximadamente 450.000 millones de dólares anuales.
Coffee Watch sostiene que, si estas condiciones persisten en un país que cuenta con instituciones relativamente sólidas y mecanismos de protección laboral más avanzados que otros países productores, la situación podría ser aún más compleja en otras regiones cafeteras del mundo.
“Si los trabajadores migrantes indígenas siguen sufriendo explotación en condiciones legales e institucionales comparativamente sólidas, esto genera profundas preocupaciones sobre las realidades que enfrentan los trabajadores en otras partes del sector cafetero mundial”, advierte el informe.
Las recomendaciones
Coffee Watch plantea 18 recomendaciones dirigidas a distintos actores.
Al Gobierno de Costa Rica
- Garantizar salarios dignos para los trabajadores agrícolas.
- Fortalecer y ampliar las Casas de la Alegría.
- Eliminar barreras que dificultan la participación sindical de personas migrantes.
- Mejorar los mecanismos de regularización migratoria.
- Incrementar las inspecciones laborales en las más de 3.000 fincas cafetaleras de Coto Brus.
Al Instituto del Café de Costa Rica (ICAFÉ)
- Crear un consejo asesor con representación indígena.
- Destinar recursos para mejorar vivienda, cuido infantil y condiciones laborales.
A las empresas y certificadoras
- Implementar mecanismos obligatorios de debida diligencia en derechos humanos.
- Garantizar salarios dignos a lo largo de toda la cadena de suministro.
- Respaldar iniciativas lideradas por las propias comunidades indígenas.
Un problema que trasciende fronteras
La investigación forma parte de una serie de estudios realizados por Coffee Watch en países como México, China, Vietnam, Brasil y Colombia.
La organización concluye que la explotación laboral en la industria cafetalera no constituye una serie de casos aislados, sino un problema estructural presente en distintas regiones productoras.
“Las violaciones de los derechos laborales de los trabajadores agrícolas del café no son incidentes aislados. Son características sistémicas de la economía mundial del café”, concluye el informe.
Mientras las marcas internacionales continúan promocionando el café costarricense bajo estándares de sostenibilidad y responsabilidad social, el informe plantea interrogantes sobre las condiciones reales que enfrentan quienes participan en la base de la cadena productiva.
La industria del café, el Gobierno de Costa Rica y los consumidores del norte global enfrentan ahora una pregunta incómoda: ¿están dispuestos a asumir el costo real de producir un café verdaderamente sostenible?
Nota: Este artículo se basa en el informe “Detrás del «Pura Vida» de Costa Rica: la amarga explotación de los y las migrantes indígenas que cosechan el café”, publicado por Coffee Watch en agosto de 2026.