Por Birgit Reichert (dpa)
Kell am See (Alemania), 14 jul (dpa) – “¡Oh, qué dulces!”, exclama una residente mientras se acerca al jardín con su andador, donde se encuentran cabritos de apenas cuatro meses de edad. “¡Mira eso!”, dice otra señora mayor, señalando a los animales que trepan a unas sillas bajo un manzano y mordisquean las ramas.
Las cuatro crías de cabra llegaron hace solo unos días al centro geriátrico de la Cruz Roja Alemana (DRK) en Kell am See, en el sudoeste de Alemania. “Cada vez son más confiados. Pronto vamos a poder acariciarlos”, dice Katja Oswald, directora del área residencial y experta en cabras.
“Las cabras generan momentos de felicidad”, afirma el director del centro, Michael Pauken, que las considera muy juguetonas, por lo que es divertido verlas, y dan mucho de qué hablar.
“En casa, siempre tuvimos animales. Perro, gato, vaca y cerdos”, cuenta la residente Helena Meyer con una sonrisa. Justo acaba de alimentar a las cabritas con ramas del manzano. “¡Bueno! Ya les calmé el primer hambre”, dice la mujer de 87 años.
Marie-Jeanne Krecké recuerda: “Solíamos pasar los inviernos en España y Marruecos. Y en Marruecos vimos muchas cabras mientras cruzábamos el Atlas”. Marianne Scholer comenta que va casi todos los días a ver a las cabras. “Me da mucha alegría”.
Es evidente que las cabras tienen un efecto. “Es importante despertar emociones positivas”, explica el director Pauken, añadiendo que los animales también son “algo bonito” para el personal, ya que el trabajo en cuidados es muy exigente. “Los animales alivian la rutina diaria”.
¿Qué hace que los animales sirvan de apoyo a las personas? “Los animales se conectan de otra manera con los humanos”, señala Simone Kilian, de la organización “Tiere helfen Menschen” (Los animales ayudan a las personas). “Claro que es necesario que las personas tengan afinidad con los animales, porque si no, ningún animal genera efecto alguno”.
La experta comenta que en los encuentros se liberan hormonas de la felicidad, lo que hace que las personas suelan mostrar reacciones inesperadas. “Cuando acarician a los animales, se vuelven a mostrar vivaces”. Los miembros de la asociación visitan hogares de ancianos, escuelas e instituciones para personas con discapacidad en toda Alemania acompañados de animales, en su mayoría perros, pero también llevan conejillos de Indias, aves y cabras.
Kilian recuerda a una señora mayor con demencia avanzada. “Cuando salí de su habitación con mi perro, ya no recordaba que yo había estado allí. Pero las hormonas de la felicidad ya se habían liberado, y los cuidadores dijeron: ‘La señora estuvo transformada durante días'”. Según Kilian, eso demuestra que la comunicación no verbal con animales no puede ser reemplazada por nada.
Los animales forman parte del día a día también en otros hogares de ancianos de Renania-Palatinado, entre ellos en el centro geriátrico de la Cruz Roja Alemana en Kaiserslautern, donde es posible verlos, tocarlos y hablar sobre ellos.
“Tenemos dos ovejas, una chinchilla, dos tortugas terrestres, un gecko, peces ornamentales y aves”, cuenta la directora Beate Ruffing. En el vestíbulo, los residentes observan a las aves en grandes jaulas, y también alimentan a los peces y tortugas.
“Es simplemente vida”, dice Ruffing, agregando que muchos de los residentes también tuvieron animales en casa en el pasado. “En nuestro caso, los animales simplemente están ahí”. La directora señala que los animales dan lugar a conversaciones y logran cosas asombrosas. Por ejemplo, un residente en silla de ruedas, difícil de motivar para levantarse, se incorporó por sus propias fuerzas sosteniéndose de la valla frente al corral de las ovejas. “Ahí pensé: ¡Guau!”, relata Ruffing.
De vuelta en Kell am See: más y más residentes salen al jardín, se sientan en sillas y observan a las cabras, que se llaman Hanni, Nanni, Marie y Bubi. Katja Oswald comenta: “Lo bueno es que varias personas que normalmente no quieren participar en actividades grupales porque prefieren estar solas, ahora vienen aquí afuera a ver a los animales”.