
El verdadero logro y el más destacado de la administración Solís Rivera ha sido sin duda el control de la inflación. Un fenómeno monetario que, como si fuera un impuesto más, le roba poder adquisitivo a las personas. Dado los estándares desastrosos en los que nos habíamos acostumbrado a vivir con respecto al tema inflacionario en Costa Rica durante décadas desde el descalabro económico de la des-administración Carazo Odio, lo logrado en este cuatrienio en ese aspecto es extra ordinario.
Desafortunadamente, la miel alcanzó únicamente para eso.
Como un alumno que destaca y es el primero de la clase es una asignación, pero se encuentra quedado en otras, al final las cuentas no le cierran para ganar el año.
A criterio de este servidor, hay una serie de hechos y circunstancias suficientes que me harán a mí y a otros negarle el voto al Partido Acción Ciudadana en las elecciones del 2018. Y no es que antes haya sido simpatizante ni miembro de ese partido, tampoco social demócrata o mucho menos izquierdista (o centro izquierdista si quieren guardar las apariencias) pero las condiciones de pasadas elecciones me hicieron votar por este más de una vez dado el más triste de los criterios: pensé que era el menos malo. De cara al 2018 eso ha cambiado.
El porqué eso es así, lo enumero a continuación:
- El estado vs Uber. De los creadores de queremos prohibir Skype (allá en la absurdidad del antiguo e ineficiente monopolio estatal de telecomunicaciones en la Costa Rica del pasado) viene ahora queremos demandar a Uber. El estado, precisamente por lo que Uber es y cómo funciona, se opone a este, porque Uber (y cualquier medio similar) viene a cuestionar el papel que el estado cree que tiene a la hora de intervenir, mediar, inmiscuirse pues, en los convenios, transacciones y demás acuerdos de carácter privado entre personas o grupos de personas organizados. Dado que Uber (como Skype) no ocupa un ente burocrático regulador en el medio encareciendo y ralentizando bienes y servicios, por eso tanta animadversión. Uber es tan peligroso dado que logra la desintermediación del estado. Cambie Uber por cualquier plataforma que permita un intercambio de bienes y servicios y un acuerdo voluntario entre individuos y es lo mismo. Desintermediación significa pérdida de poder.
Prohibir el transporte privado de personas es como prohibir la puesta del Sol. Puede haber leyes y párrafos en la constitución que digan que es prohibido al Sol hacer tal cosa, que eso no hará más que remarcar el disparate. En pocas palabras, las personas no necesitamos del estado ni de concesionarios de este que creen tener derecho a un monopolio para decidir con quien o como transportarnos.
- Partido tradicional. Si camina como pato, grazna como pato y nada como pato, entonces es un pato. Hasta el menos hábil de los observadores puede prestar atención a las características habituales de algo y llegar a una conclusión válida mediante razonamiento inductivo. Si el PAC actúa como partido tradicional, tiene los mismos vicios de un partido tradicional y se expresa como partido tradicional, entonces ¿Qué es? Para muestra algunos botones. El primero, el PAC fue condenado por estafa al Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) en el año 2016. Luego, el mismo presidente LGS se puso a justificar (si no defender) las N remuneraciones indebidas e ilegales por concepto de sobre sueldos de varios de los que forman parte de esta administración con base en que es una práctica anterior a su gobierno (excusa) y no era su culpa.
También, en el caso de la diputada de la bancada oficialista actual acusada por la Fiscalía General ante la Corte Suprema de Justicia por falso testimonio durante el juicio en el que el PAC fue condenado por estafa, el candidato oficialista para el 2018 dice que la renuncia a la inmunidad de la diputada es algo que “debe reflexionarse”. Vaya, haz lo que dice mi código de ética, no lo que hago, parece decir el candidato del continuismo.
Súmele a eso la negativa a la apertura del mercado eléctrico mediante eufemismos del mismo candidato. Si eso no es política tradicional, no sé que es.
- Ciudadanos de segunda clase. El presidente LGS fue muy claro, lo de él son las sociedades de convivencia. Una postura poco progresista para un partido como el que dice ser el PAC, y más parecida a la de partidos conservadores. En esto, el gobierno coincide con otros “moderados” que creen que se debe crear una figura jurídica de segunda clase para garantizar derechos. El miedo a perder un porcentaje del electorado los hace igual que los demás partidos tradicionales.
Debe haber matrimonio igualitario, porque nunca es tarde para expandir el círculo de la libertad y la igualdad de derechos no es privilegio. Este sería algo así como no pagar impuestos, como la Iglesia Católica…
- La voracidad fiscal del estado no tiene límites, pero la recaudación sí. El World Economic Forum, en su Global Competitiveness Report 2016–2017, demuestra que Costa Rica es de los países cuya tasa tributaria total como porcentaje de utilidades comerciales es de las más altas del mundo. Esta tasa tributaria total mide el monto de impuestos y “contribuciones” obligatorias (oh, ironía) que deben pagar las empresas después de justificar las exenciones y deducciones permitidas como porción de las utilidades comerciales. Un país en el que es caro ser empresario y se desincentiva la producción con tasas impositivas cuasi confiscatorias, es un país condenado al subdesarrollo.
El PAC es férreo defensor del modelo estatista que demanda una generosa porción de lo producido por otros para alimentar la fantasía de que la hablaba Bastiat. No dudo de las nobles intenciones de este modelo y de quienes lo apoyan (¿opinión subjetiva?), dudo de los resultados.
- Sindicalismo del Melico. La pantomima del gobierno de reformar el chueco formato actual del empleo público responsable de la creación de una casta brahmánica de privilegiados y la pululación de elefantes blancos no es más que eso. Parafraseando al fundador del PAC (que tal vez es lo menos parecido al PAC en el gobierno), algunos empleados y pensionados públicos parecen estar atenidos a que el resto de los costarricenses financien sus privilegios y pensiones. Por huevos o por candelas, que no es otra cosa que torciendo los brazos de los gremios y sindicatos (que al fin y al cabo son una minoría de la fuerza laboral activa), o mediante acciones políticas que guarden fondo y forma, pero con idénticos resultados: el final de convenciones colectivas, anualidades, privilegios, pensiones de lujo, alcahueterías y demás.
El PAC, como partido tradicional, se quedó corto y no busca sino perpetuar el statu quo. Como a los gobiernos anteriores, se le alborotó el panal, pero al igual que estos, le faltó el valor para eliminarlo de un solo zarpazo. Tal vez no ha nacido la dama o el caballero de hierro criollo con intenciones de meterse en política para hacer eso.
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Si hay algo peor que la política tradicional de los partidos de siempre acostumbrados a la prebenda, a predicar una cosa y hacer otra, a la coima y al compadrazgo (todas esas características de los partidos de gobierno en los últimos 40 años) es una agrupación política nueva que se contamina tan pronto. Tal vez era ilusorio esperar lo contrario de una iniciativa nacida de las entrañas del más tradicional de los partidos de Costa Rica y cuyo primer candidato en llegar a la presidencia no es otro que un antiguo Secretario General de estos.
Tan es así, que las pifias no estuvieron ausentes (camino hacia el mega puerto de Moín, vía a San Carlos), tampoco las promesas sin cumplir (¿cierre de Conavi y sus hermanitas perversas?) ni las viejas prácticas de cambio de discurso (la casa de cristal se volvió una de vidrios polarizados).
Allá el que quiera seguir pensando que el PAC es el menos malo y que es la única alternativa viable ante el antiguo bipartidismo corrupto. Tal vez me equivoco, tal vez llegue a una segunda ronda en un panorama nefasto en el que tengo que elegir entre el menor de dos males y este sea el PAC dadas las hipotéticas circunstancias versus un aspirante a dictadorcillo o el síndico-socialismo del siglo XXI versión local. Pero, hasta no llegar a ese panorama, el PAC sencillamente no es una opción (al menos una que no sea soga para el propio pescuezo que limite mi libertad y agujeree mi billetera), y en eso coindice con los partidos de siempre y los pequeños como caras en las que no vale la pena persignarse al menos con convicción.
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