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Una respetuosa sugerencia para don José María Figueres y para don Rodrigo Chaves

El tres de abril no vamos a elegir al Papa. Dos pecadores, reflejo de lo que  somos los costarricenses, aspiran a la Presidencia de la República. Muchos quisiéramos el presidente ideal y ejemplar, pero de la actual realidad política, difícilmente sale nadie con ese perfil. Lo que vemos, es lo que tenemos. Ya están los que están, y no hay vuelta atrás. Y los que quedaron tienen una gran responsabilidad con la ciudadanía de representar las aspiraciones de los votantes incluso,  de los que no votaron. Así es la democracia en esta etapa de la evolución social y humana.  El sistema sobre el cual se  eligen los representantes no garantiza necesariamente calidad, sino representación. La cantidad de votos es la que manda, no la calidad, aunque hay excepciones donde la calidad y la cantidad se juntan. Cada ciudadano juzgará lo pertinente.  Sin embargo, lo cierto es que seguir atizando pecados de uno y otro bando,  no conduce a nada positivo; es como comerse un algodón de azúcar para saciar el hambre. Es muy difícil encontrar el amor en tiempos de odio. Y el odio es el mayor generador del odio.

Lo que sí se requiere, es que estas dos fuerzas mayoritarias se comprometan a ejecutar los proyectos país que todos queremos, para que Costa Rica avance en beneficio de nuestro pueblo. La nueva agenda política tiene que ser construida sobre la base de las demandas y necesidades de la ciudadanía, y no al revés.

Después del 6 de febrero las redes sociales han estado ardiendo, muchas llenas de odio, de descalificaciones,   de rencores, de enojos recíprocos,  muy lejos de la  campaña de altura que deseamos para la segunda ronda.  Los utileros de campaña, de un lado y de  otro, se  desgastan en el día y en la noche, y hasta nos cansan, alimentado los cuestionamientos del pasado, de sus candidatos, como si el presente y el futuro pudiesen enfrentarse, con lo que ya el viento se llevó. Hay  también  agentes  con dominio técnico,  apedreando  cada grupo al adversario, como si seguir en ese juego,  nos condujera a la solución de los problemas reales que enfrentamos como sociedad.

Es cierto que el país está lleno de pobreza, de exclusiones, de desigualdad, de desempleo, de injusticias, de inseguridad, de mentiras y cinismo, y que gran parte de la población ha perdido la confianza, la fe, y la esperanza en los dirigentes, en los partidos,  y en el sistema político. Es evidente que hay una ruptura emocional que conspira contra la necesidad de conducirnos con sabiduría para salir del hueco profundo en que hemos caído. También es cierto,  que la gente explota de diversos modos, es además un derecho,  potenciar reclamos contra las dirigencias y sectores que han faltado a la equidad, a la legalidad, a la solidaridad, a la ética, y a las oportunidades. Ese sentimiento de insatisfacción que recorre el país entero es absolutamente válido, razón fundamental para que los aspirantes actúen con mucha seriedad y sabiduría,  con relación a la situación en que se encuentra el país. Hay entonces que saber encauzar esa rabia justificada de la población,  no vendiendo más odio ni cinismo,  ni alentando  seguidores en esa dirección, porque eso no conduce a la reconstrucción del país que todos anhelamos. Ambos candidatos y sus equipos de campaña deberían tomar nota, que la refundación del país exige no solo programas y  nuevas ideas, sino nuevas conductas y renovados comportamientos políticos. De lo que se trata,  es de hacer política de manera diferente, política que tonifique, que inspire, que eleve en sentido constructivo el estado de conciencia de la ciudadanía con planteamientos propositivos y concretos. Es hora de dejar las rencillas de lado, porque nadie está libre de pecado, y ya habrá tiempo después por parte del soberano,   para fiscalizar las acciones y decisiones de quienes lleguen al gobierno.

Por eso, la gran pregunta  es; ¿si peleando todos contra todos,  si sembrando el odio recíproco, vamos a levantarnos como sociedad, y resolver de ese modo nuestros problemas? Francamente creo  que no.

Por esa razón estimo que los ciudadanos deberíamos sugerir constructivamente, y quizás,  hasta exigir,  en las semanas que vienen,  a los dos  candidatos que se disputan la Presidencia de la Republica, que al menos realicen un acuerdo público previo a la elección,  donde se comprometan a empeñar sus activos políticos, en impulsar conjuntamente la solución de por lo menos cinco,  de los más  graves problemas que padece el país. Un acuerdo en donde el que pierda la elección, se comprometa sin mezquindad con el ganador,  a impulsar los proyectos país que se definan. Un acuerdo en ese sentido sería edificante, daría un golpe de timón a una campaña que hasta hoy está seriamente contaminada por el  descrédito y las descalificaciones recíprocas. Un compromiso de ambos, frente al electorado más allá de lo que se decida el 3 de abril,  en poner todo su empeño  para enfrentar en conjunto los problemas que más nos agobian a los costarricenses,  sería muy educativo, al pasar de una actitud  de ataques personales, a una actitud noble que pone por encima el interés nacional.  Sería un acto de madurez política inédito.

Tenemos como país que mentalizarnos en lo positivo. Todos somos mente y creamos la realidad, y  vibramos a menudo con este entorno negativo. Hay que cambiar  esa vibración, y aprender a vibrar alto, a entender además la ley del ritmo, los periodos de avance y retroceso que tienen las sociedades,  en ese peregrinar donde todo fluye y refluye, en el eterno camino a la adaptación. Debemos comprender que mucho de lo que vive el país, es un reflejo de nuestras vidas, que así como es por fuera,  es por dentro, que somos un micro universo, donde si generamos odio por dentro,  se refleja por fuera.

Esta modesta sugerencia, podría contemplar acuerdos sobre coincidencias, para trabajar y plantear en conjunto  medidas concretas para desarrollar un verdadero plan de  reactivación de  la economía,  para implementar una propuesta de ataque frontal a la corrupción, para revisar en serio el sistema educativo, los problemas fiscales y tributarios y ojalá la gran reforma política postergada y manoseada desde hace tiempos. Podría contemplar metas de crecimiento económico de un promedio de un 5% anual,  de inflación por debajo también del 5%, y de reducción del desempleo y de la pobreza, incluyendo la extrema,  y en especial de la desigualdad, así como de impulsar proyectos de gran envergadura en Vivienda, en infraestructura, modernizando Puerto Caldera y Moín, Canal Seco, el transporte público,  entre muchos otros.

Ninguno de los candidatos es tan original como para que no haya puntos de acuerdo,  y que no sea posible empeñar cada uno su palabra  en  trabajar en conjunto estos temas y otros,  que puedan incorporarse para que salgamos adelante como país. Después del tres de abril,  el nuevo Presidente, junto con la fracción de su contendiente de campaña, llevaría esos planteamientos  a las otras fracciones legislativas,  para  buscar acuerdos políticamente más robustos,   con el fin de  aprobar las medidas que el país está urgiendo.

Este proceso electoral no debe quedarse  solo en destruir al adversario, ni en mostrar a los cuatro vientos sus debilidades, ni sus moralidades y arrogancias,  sino que más bien debe servir para construir desde ya, acuerdos que beneficien al país. Esta es una contribución edificante que podrían dar los dos candidatos. No dejemos que nos inunde el odio que apesta, hay que abrir espacio a la sabiduría que requiere el país para solucionar nuestros problemas. Hay que dominar las olas, las mareas y las gravedades negativas, aprendiendo a utilizar el sufrimiento y la desazón para ser más sabios e inteligentes en la gestión positiva que nos demanda el país.

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, foto en PDF de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr, o elmundocr@gmail.com.

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