
Durante toda la historia registrada, ha quedado claro que, el que logra dominar sobre otros es quien disfruta del mayor bienestar. Podríamos pensar que aquello era cosa de los grandes imperios y las grandes, pero así como para nosotros aquellas historias nos parecen de cuento, hoy seguimos viviendo la misma pirámide social que coloca a unos más abajo que a los favorecidos de arriba.
Lo sepamos o no, el mundo está plagado de un sistema que exprime a pobres para que vivan ricos. Sabemos que existe pobreza, sabemos que algunos no tienen que comer, pero cito aquí a Joseph Stiglitz: “Entre más grande la cantidad de afectados, menos comprendemos y sentimos el dolor de lo que está pasando” y comparto las palabras de Stiglitz, no ha habido una época en la humanidad más indiferente e hipócrita respecto a la necesidad de los pobres como ésta. Es una época en la que nos regodeamos con la consigna de Derechos Humanos, respeto, modernidad, pero solo algunos disfrutan de la veracidad de estas ventajas, los que no, esos olvidados y reprimidos en los confines de los continentes o aún dentro de las mismas capitales de los mundos “civilizados” siguen despertándose día a día pensando en cómo lograr conseguir comida.
Según un informe de Oxfam, que es una organización de Oxford que lucha contra el hambre y la pobreza, la riqueza de un %1 que todos conocemos, podría acabar con toda la pobreza del mundo 7 veces, ¿sorprende verdad? sí, y mucho. Dejemos de lado la realidad que hace que todos estos hombres y mujeres dueños de esas grandes fortunas, puedan vivir con tranquilidad, sabiendo que en Malawi mueren personas diariamente por no tener $1 para comprar la medicina que requieren para combatir el SIDA, o que miles mueren de Malaria por no poder tener mosquiteros en sus casas y así reducir en un alto porcentaje las picaduras del mosquito que lo transmite, ¿qué tal si revisamos lo que lleva a un ser humano a convertirse en una máquina que no entiende la necesidad de otros?
“El informe revela que el número de milmillonarios —esto es, individuos que superan los 1.000 millones de dólares— ha alcanzado su máximo histórico en el año 2017. Según el informe, actualmente hay 2.043 milmillonarios en el mundo.
Antes de entrar a este pequeño intento de revisión de conciencias, si es que en eso puede haber exactitud, diré que: No estoy en contra de crecer en bienes y demás ganancias cuando se ha trabajado toda la vida para ello, o que no es digno de reconocer la diligencia y el trabajo de grandes hombres de negocios que por responsabilidad y ejemplo están donde están, no, ese no es mi punto. Más allá de eso, ¿qué hace que nuestra población sienta tal descuido de sus hermanos, cuando están a una simple llamada o transacción económica para sustentar a otros?
La sociedad se ha embrutecido. Constantemente en medios de comunicación o entretenimiento, se nos vuelve la mirada lejos de las realidades más negras que existen para ponernos delante de las pantallas de televisión y nuestros súper móviles ficciones que nos hacen creer que la vida está bien. Somos fieles a series, acontecimientos de importancia como el divorció de famosos, es más importante saber cuál fue el resultado del futbol nacional, antes que comprender que aún en nuestro pequeño y “feliz” país, muchos se acostaron sin comer.
También colocaría aquí, la falta de educación en los hogares, y me refiero a aquella formación en la que se nos decía que el prójimo estaba ahí para ser ayudado cuando pudiésemos hacerlo, aquella educación que nos hacía comprender, que no era correcto tener mucho y otros nada, porque ambas partes no tenían las mismas oportunidades.
El último de los factores que quiero mencionar aquí, aunque estoy clara que existen muchísimos más, es la mala administración de los Estados en sus gobiernos. Vamos a sacar de la ecuación al FMI y al Banco Mundial, que con sus “propuestas” que muchas veces son más imposiciones que sugerencias, han sido los responsables de muchos de los problemas económicos que más afectan a los países en vías de desarrollo.
Los Estados tienen la obligación de proveer para cada persona que habita bajo su autoridad y soberanía oportunidades de desarrollo y de crecimiento. Pero, si para los mismos Estados existen sectores de la población que son de menos importancia que otros, ¿cómo podríamos equilibrar la balanza de la igualdad? claramente no se puede ni se podrá. En mi inicial e inexperta visión de todos los asuntos de gobierno que apenas estoy comenzando a comprender desde su raíz, no se vislumbra un cambio en este sistema en el que la explotación y la falta de apertura a escuchar a los necesitados es lo común. Si bien no existen gobiernos perfectos, no puede ser esa la excusa para que en los países más necesitados, sus Estados no hagan un alto y analicen realmente lo que está. Claro, estoy siendo un tanto absurda en el hecho de pensar que a al pequeño sector del mundo adinerado le puede interesar la tribu más perdida en África.
No hablemos de economía profunda, no se requiere ser un master en economía para entender el hambre, la sentimos todos los días, así que sabemos de lo que estamos hablando; bien, según el informe de Oxfam en Birmania, mujeres que trabajan en fábricas de ropa ganan alrededor de $4 diarios, trabajan 11 horas y en algunos casos la falta de oportunidades laborales se reducen a cero. Hagamos unos pequeños cálculos en nuestra moneda, en Costa Rica el índice del precio del dólar estuvo en los ¢575, si multiplicamos eso por 4, nos da un total de ¢2.300 colones, si multiplicamos eso por los 7 días de la semana (porque sí, trabajan toda la semana), tenemos un total de ¢16.100 colones, al multiplicar eso por tres semanas que es lo considerado como un mes, concluimos que en colones esas mujeres pueden ganar ¢48.300, ¿qué alcanza con eso en Costa Rica?
Simples multiplicaciones, pero el resultado nos hiela la sangre. Si nos ponemos a pensar en esas cifras y a contar en que cada una de estas mujeres puede tener entre 2 o 3 hijos, los números simplemente son risibles, no se vive dignamente con esa entrada económica, ¿cómo es posible que unos tengan tal cantidad de dinero y recursos, y otros mueran de hambre frente a sus familias?
Que todos aquellos que han muerto de hambre o de enfermedades curables, que todos aquellos que han muerto a manos de compañías multinacionales o por las “sugerencias” de los grandes bancos y entes internacionales, puedan saber en su descanso, que el mundo volvió la mirada a quienes no tenían nada, y que aquellos que por hora se enriquecen a niveles casi antiéticos, decidieron brindar de lo mucho que tenían a quienes la necesidad les robó la ilusión.
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