Una noche sin sobresaltos en Zapote

El Presidente de la República, Luis Guillermo Solís durante la comparecencia ante la Comisión del Congreso que investiga el caso del cemento chino. Foto: Luis Madrigal / El Mundo CR

Preguntas mal formuladas, roles equivocados y seducción por “cinco minutos de fama nacional” desvirtuaron un ejercicio de investigación legislativo propio de la función del control político inherente a la naturaleza misma de la división de poderes.

El Presidente capitalida la ausencia de claridad conceptual, argumentativa y de síntesis de muchos de los diputados interrogadores y aprovecha el espacio para desarrollar una narrativa previamente escrita, pero que requiere de su interpretación propia, con su habilidad comunicativa innata, para que llegue a cumplir su propósito.

En medio del espectáculo circense de calidad cuestionable, empero procura ser una excepción Ottón Solís, quien con preguntas más concretas, aunque adobadas con un toque de autocontrol producto de la encrucijada existencial que le atraviesa, derivado de su carácter de diputado oficialista y el peso a él asignado como “quintacolumnista histórico”, sí hace trastabillar un poco el dominio de escena y de guión del señor Presidente.

Los tres miembros titulares de la Comisión por parte del PLN intentan con sus preguntas tipo juicio penal, hacer caer al Mandatario en contradicción con lo señalado por él mismo instantes previos cuando afirmó con su tono vehemente y firme característicos: “el Presidente no tiene amigos”.

Con sus preguntas individualizadas, cada uno refiriéndose a uno de los tres integrantes de su llamado “círculo de confianza”, procuran ponerlo en evidencia. Empero esas preguntas, previamente definidas y no surgidas como reacción espontánea a lo dicho por el Jefe de Estado, tenían un propósito mayor: buscaban poner en boca del interrogado las pruebas de una red de tráfico de influencias gestionado por el “trío del Presidente ” o al menos hacerlo caer en falso testimonio, acto delicado por encontrarse bajo juramento.

Empero la debilidad mostrada en su forma de cuestionamiento afectó la eficacia de una estrategia que, en el papel, se veía coherente.

Quizá las infidencias en redes difundidas de manera viral minutos antes del inicio de la comparecencia minó o al menos desconcentró a los intérpretes de dicha estrategia. No obstante el refuerzo traído por el PLN, mostrando más fuelle y dominio político, fruto de su expertiz y veteranía, también hizo tambalear un poco lo que, en general, aparecía como un escenario sumamente llevadero para el anfitrión de la sesión.

En términos generales, salvo ligeros episodios de leve alteración, la dinámica observada, asemejó más a la idea inicial del Presidente de convertir el espacio en una amena conversación de intercambio de impresiones y no en lo que debe ser una dinámica propia de una comisión de investigación de un poder supremo a la que comparece el titular de otro poder supremo.

Por lo anterior, pese a algunos altibajos que dan pie al ojo avizor a seguir hurgando, fue una noche sin mayores sobresaltos para el Presidente de la República.

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