
Por Lic. Miguel Fajardo Korea*
La poesía siempre ha sido una energía que conduce a derroteros superiores. Por ello, su fuerza es un estadio vigilante para señalar vías, marcar senderos, señalizar espacios, contextualizar perspectivas.
Su lado humano le permite vislumbrar posibilidades y concretizar un discurso interior de denuncia, de rectificaciones. La poesía no es neutral, por el contrario, es un arma de luz que se hace sentir, su voz es una fogata para la vida en el tiempo.
En ese sentido, complace habernos encontrado con el poemario “Un maestro rural de frontera”, del M.Sc. Salvador Macotelo Dávila (La Cruz, Guanacaste, 1972). Se suma a otros autores cruceños como Ernest Florian, Johnny Fernández Morales y Luigi Martínez.
El libro de Salvador Macotelo Dávila. “Un Maestro rural de frontera” (San José: Lara & Segura, 20165:56 pp.), consta de 16 poemas, cuyo eje temático comparte las experiencias de un maestro rural de frontera. Es decir, sus vivencias durante 22 años de ejercicio docente se ven reflejadas, retrospectivamente, en sus andanzas educativas en zonas rurales difíciles, lo que envuelve un doble o triple reto.
En el contexto de la ruralidad, el yo lírico expresa satisfacción escénica: “Arcoíris vivo, las lapas en el espacio, / fragilidad y belleza nos regala la mariposa, / desde la rama imprime respeto el sargento, /el águila blanca fildea desde el firmamento”.
La apacible cotidianeidad del espacio rural permite expresar al hablante lírico “el maestro debe dormir, / lo acompaña el trinar de los grillos, / el croar de las ranas bolincha, / el pun, pun del sapo león, / los campanazos de la gallina de monte”. En la época de la mundialización, esa estampa de la convivencia con el ambiente es una hermosa excepción.
En la estrofa “Yo cabalgo con el ambiente” se presenta un escenario pleno de naturaleza arraigada “De noche: el búho, el martimpeño, / el chanchero, la gallina de monte…/ de día: el yigüirro, el güis, el trespesos, el sargento, la oropéndola…/ orquesta natural, sinfónica llena de armonía, / la cual disfruto como maestro rural, día con día”.
El ingente esfuerzo del aprendizaje no tiene obstáculos que impidan su disfrute. La necesidad de crecimiento interior de los seres humanos que habitan en los territorios rurales fronterizos no pone trabas en “La Libertad, Los Andes, San Fernando, / un camino de lastre o trocha los guía, / en carro, caballo o caminando, /por ustedes aguardan llenos de contento; / con alegría y júbilo el niño espera, / ya surcó el potrero, ya saltó la quebrada, / cristal salado desciende por su mejilla, / es hora de iniciar la jornada”. Las mismas luchas tesoneras se dieron en Santa Cecilia, Santa Elena, La Virgen, Maquencal o San Vicente.
Asimismo, se plantea una excitativa muy interesante “de tu labor no esperes un pago, / entrega con empeño tu digno saber / y una generación inteligente verás crecer”. Y es que el ejercicio docente es entrega, pasión, compromiso con los demás y con la sociedad que deseamos transformar para bien del tránsito terrestre que es la vida de todos.
El yo lírico poetiza, en relación con la responsabilidad del ejercicio docente: “Gracias, maestro, por tu herencia, / fuente de esperanza para luchar, / armonía para compartir, / amor para educar; dar sin recibir, / paciencia para enseñar, / humildad al reconocer, / perseverancia para entender, / tolerancia al escuchar, / prudencia al actuar, / rostro honesto al sonreír, / vida para existir”.
Igualmente, expresa que mediante el fruto de las enseñanzas docentes “Alcanzarás tu máxima felicidad, / cuando recibas la sonrisa de un niño, / cuando el padre, desde el trillo te saluda, / cuando el vecino te tienda la mano, / cuando notes en la comunidad el esmero”.
El contexto sociopolítico de La Cruz, Guanacaste, ha sido el escenario testigo de vitales franjas de la historia costarricense. Ser cantón limítrofe con Nicaragua ha implicado ser un epicentro de diversos acontecimientos a lo largo de la historia nacional.
Leamos: “Décadas del 60 hasta el 90 fueron fundadas, / algunas, en su entonces, escenario militar, / retumbaba el cañón en la frontera, / vomitaba lanzas la ametralladora, / de día, de noche, sin parar, / la familia entera a la madriguera, / al paredón, al zanjo, a la caleta por ahora. / Finales del 70, inicios de los 80: / en Nicaragua, enfrentamiento militar, / lucha abierta por el poder; patrullajes ticos sin parar, / niños a la escuela, clase a clase sin perder, / frontera norte con infiltrados: / ¡El maestro aguarda con esperanzas!”
Se advierte, que las instancias superiores del saber, como un principio protector de la condición humana, prevaleció entre los educadores rurales de la Frontera Norte. Esa rememoración, que se poetiza en el texto, es un reconocimiento a la reflexión superior, por lo tanto, son instituciones afincadas en el cordón fronterizo del Guanacaste eterno.
En el orden de las muertes que sacuden a las comunidades, se cita el caso del sacerdote Gaspar García. El hablante no toma partido, solo deja que el discurso poético lo exprese “a las aulas llegaba el testimonio, / el cual aún se escucha: / “mataron al padre Gaspar García, / ese padre casó a mis papás, / dicen que a mí me bautizó; / cerquita de Santa Elena, / ahí en finca El Disparate, / unos metros al otro lado, / su cuerpo quedó postrado. / Sí / maestro: ahí lo mataron, / ¿a usted no le da miedo?” La interrogación del verso final es un signo de inquietud de la lúcida conciencia infantil transfronteriza.
En el lenguaje cotidiano de los espacios rurales, el libro del profesor Salvador Macotelo Dávila, incorpora oficios vernaculares. Los progenitores de los discentes de las escuelas rurales trabajan en diversas actividades, tales como “Rondear, carrilear, tapizcar, / fogonera, molendero, espequear, / pequeña muestra del acervo cultural”.
En el libro se destaca la figura del niño escolar “¡Oh, Niño!, que en tus tiernas manos, / no se encuentra ninguna atadura, / le pido a Dios / para ti un mundo sano, / libre de toda amargura”. La niñez continúa siendo un anhelo de esperanza y plenitud.
Se guarda un espacio para una loa a la figura maternal “Madre, escucha mi plegaria: / tú que eres de alma pura, / que llevas en tu corazón la armonía, / que Dios te libre de la amargura, / y te dé felicidad cada día”.
Asimismo, el hablante refiere un hecho trágico ocurrido a finales de la década de los ochenta: “Se desenfrena la ira de mis aguas turbulentas, / en la poza Son Zapote, en pequeña ensenada, / una madre, dos hijos, ella lava, ella vigila atenta, / sus hijos arrebatan una cabezada violenta / se abalanza en pos del rescate “todo o nada”. / La comunidad se viste de luto, inicia la búsqueda: / Lo esperado: dos cuerpos flotan ahora, / un ángel sobre una piedra aguarda, / las turbulentas aguas besan sus piecitos, / un misterio, lo descubren, apenas toca la aurora”. Hemos sido educadores-testigo de la muerte de algunos discentes.
El contexto infraestructural de La escuela como escenario propicio, focaliza expresiones orales del discurso léxico de sus hablantes, a saber: “cuando íbamos en el bus / la remanga en la subida”, /“maestro, ayer yo pasé el lampazo”, /“es que yo me quedé cuidando al zipotito, / porque en el dilla gomitaba”.
El poemario cierra con el poema “Un lamento en la Frontera Norte”. Ahí poetiza sobre los dramas humanos que se visibilizan en los corredores fronterizos “Guanacaste, cuna de intercambio cultural, / corredor o madriguera para el migrante, / aquí clama el corazón palpitante, / de aquel a quien dormido asaltó lo fatal. / Cada día la súplica, el camuflaje, el lamento, / ¡cuánta historia aguarda la frontera!, / arrastra ecos de llanto el viento, / no existe historia última ni primera”. “Me dice adiós el ilegal, el coyote, el burro”.
En síntesis, el primer libro publicado por el educador y actual Director de Escuela, M.Sc. Salvador Macotelo Dávila, es una incursión temática que permite valorar el trabajo de los educadores que laboran en las zonas rurales fronterizas del Norte G. costarricense.
Uno de los valores de este libro, radica en desplegar hijos temáticos poco tratados en la bibliografía pedagógica, acerca de los espacios rurales y fronterizos, dos contextos pocos conocidos. El suyo es un caso para meditar y ponderar el gran esfuerzo que realizan los educadores que trabajan con ahínco, en regiones fuera de la zona de confort de otros…
* Premio Nacional de Promoción y Difusión Cultural
minalusa-dra56@hotmail.com
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