Y María se quedó sin vivienda: historia de una sin techo en Alemania

ARCHIVO - María, una mujer sin hogar, está sentada en el jardín de un centro del Servicio Social de Mujeres Católicas (SkF) en Tréveris. Foto: Birgit Reichert/dpa

Por Birgit Reichert (dpa)

Incluso pese a conocerse tantos casos similares, la historia de cómo María llegó a quedarse sin nada no deja de ser increíble, incluso para ella misma.

Antes, cuenta esta mujer de 38 años, su vida iba bien, tenía dinero y carecía de grandes preocupaciones. Sin embargo, según relata, entonces empezó a toparse con hombres equivocados: uno era un delincuente, el otro, un violento.

Intentado salir adelante, en compañía de su hija, las mudanzas de un sitio a otro se sucedían. Más tarde, lo primero que perdió fue su trabajo en un restaurante, y luego el departamento en el que vivía.

“El casero vino y me dijo que tenía que irme en diez minutos”, explica la mujer de nacionalidad lituana, que por aquel entonces vivía en una pequeña localidad cerca de Maguncia, en el oeste de Alemania.

Llegado ese punto, María ya no podía pagar el alquiler del departamento y su hija ya no estaba con ella: los servicios sociales había decidido trasladarla antes a un centro de acogida. “Separarme de ella fue lo peor que me ha pasado en la vida”, comenta.

Al principio, tras perder su vivienda, María se alojó con varias amigas. Otras veces dormía en las escaleras de una casa de acogida para mujeres. “Me daba vergüenza. La gente hablaba de mí”, cuenta mientras empieza a llorar. “No tengo dinero, no tengo piso, no tengo amigos”, añade.

Hoy, sin embargo, se encuentra en un centro para mujeres sin hogar gestionado por el Servicio Social de Mujeres Católicas (SkF) en la ciudad de Tréveris, ciudad cercana a la frontera con Luxemburgo.

En esta ciudad a orillas del Mosela busca ayuda y un nuevo comienzo. Desde hace unos días está alojada en el refugio de emergencia asociado al centro. “Estoy muy contenta. Me he duchado, he dormido y he lavado mi ropa”, dice.

Aumento de mujeres sin techo

La directora del SkF, Regina Bergmann, informa que la historia de María es un caso cada vez más clásico entre las mujeres. Según ella, la maternidad conlleva en muchas de ellas una mayor dependencia emocional y económica respecto a sus parejas.

Y con hombres que no asumen responsabilidades, dice, es habitual que las mujeres caigan en una espiral descendente. En la mayoría de los casos, según ella, los hombres son los que figuran en los contratos de alquiler, “y simplemente echan a las mujeres a la calle, por el motivo que sea”.

Bergmann constata que la falta de vivienda entre las mujeres está aumentando de manera considerable. Antes de la pandemia, 200 mujeres acudían al centro de Tréveris cada años. “Hoy somos 800”, cifra, al explicar que las plazas de alojamiento de emergencia ya no dan abasto desde hace tiempo.

“Ahora hemos instalado contenedores. Pero incluso con eso estamos llegando al límite”, dice. “Este tema nos concierne a todos. Se trata de la dignidad humana: una vida en la calle no es una vida digna”, agrega.

El mayor sueño de María: tener de nuevo una vivienda

La directora del SkF también hace referencia, a la hora de pedir más ayuda estatal, al hecho de que muchas de las mujeres que acogen padecen enfermedades mentales y a menudo no reciben el tratamiento adecuado.

Con el tiempo, explica Bergmann los síntomas pueden ir agravándose, “complicando la situación”. Según destaca, en los últimos años se han producido agresiones a las empleadas del SkF con mayor frecuencia, debido a que las mujeres no reciben la atención médica adecuada.

Esto, apunta, también supone un peligro potencial para el público. “Ambas partes pueden ser víctimas de violencia y agresiones”, señala.

A María, por suerte, no le preocupan las enfermedades mentales. “En ese sentido, soy totalmente normal”, cuenta sin dejar de señalar sin embargar el sufrimiento que le produjo su exmarido, que estuvo en la cárcel, o su posterior pareja, que la amenazó con un cuchillo.

Ahora está buscando trabajo, explica con optimismo, con la esperanza de que en una ciudad nueva podría empezar su vida de cero. “Ya he entregado mi currículum dos veces”, declara al revelar que su mayor sueño es volver a tener un apartamento algún día y, a ser posible, compartirlo con su hija.

Últimas noticias

Te puede interesar...

[tipocambiocompra]
[tipocambioventa]

Últimas noticias

Edicto