Señor presidente de la República, señora diputada Pilar Cisneros: Costa Rica enfrenta uno de los momentos más exigentes de su historia reciente. La desigualdad, el desempleo informal, la exclusión educativa y la fragilidad fiscal no son diagnósticos nuevos, pero sí cada vez más apremiantes. Las estadísticas y los informes de organismos internacionales coinciden en que el modelo está tensionado, y lo que urge no es señalar culpables, sino construir puentes entre sectores, generaciones y regiones.
Desde mi experiencia como educador, investigador y emprendedor, he propuesto en diversos artículos de opinión una hoja de ruta basada en tres pilares: educación transformadora, innovación sistémica y emprendimiento territorial. Estos no son conceptos abstractos; son herramientas concretas para reactivar economías locales, reducir brechas sociales y, sobre todo, devolverle esperanza a una ciudadanía cansada de promesas.
Hoy me atrevo a escribirles directamente porque creo, con profunda convicción, que la educación, la innovación y el emprendimiento pueden impactar al menos dos de los cuatro grandes retos que enfrenta nuestro país en 2025:
- La equidad social y la formalización del empleo, especialmente en zonas rurales y costeras.
- La necesidad de una economía inclusiva, con nuevos sectores productivos que no dependan exclusivamente de zonas francas o del turismo volátil.
He sido testigo de cómo, desde un colegio técnico en Coto Brus hasta un aula universitaria en San José, una idea bien orientada puede convertirse en una empresa, un empleo o una solución comunitaria. He acompañado jóvenes que, con acceso a la tecnología, formación pertinente y redes de apoyo, han creado soluciones sostenibles en agrotech, turismo rural, economía circular o servicios digitales. Lo que necesitan no es asistencialismo, sino oportunidad, mentoría y confianza.
Señor presidente, señora diputada:
No estamos condenados al estancamiento. Pero tampoco saldremos adelante si seguimos atrapados en trincheras ideológicas, estigmatizando a los docentes, minimizando el poder de las cooperativas o ignorando el potencial emprendedor que existe en nuestras comunidades. El país necesita liderazgos que escuchen, dialoguen y apuesten por la inteligencia colectiva.
Hoy más que nunca, requerimos un pacto nacional por el talento costarricense. Un acuerdo real, no simbólico, donde la educación técnica y superior se vincule directamente con sectores productivos emergentes. Donde el MEP, las universidades, INA, CONARE, CENECOOP y el sector privado trabajen como sistema, no como islas. Donde cada joven que egrese de una institución educativa tenga al menos dos rutas claras: continuar formándose o emprender.
Ya no podemos seguir improvisando programas sin medición ni visión. Necesitamos incubadoras de negocio en cada región, fondos semilla accesibles, mentores con experiencia real, y una institucionalidad que entienda que emprender también es construir país.
Doña Pilar: usted ha sido valiente en denunciar lo que no funciona. Le invito a ser igual de valiente en apoyar propuestas estructuradas que sí funcionan.
Señor presidente: usted puede ser el mandatario que consolide el ecosistema de innovación más ambicioso de Centroamérica. Tiene el talento humano, la institucionalidad y la urgencia histórica.
Costa Rica no puede esperar más. Y muchos estamos dispuestos a sumar, no para pelear protagonismo, sino para abrir caminos. Este es un llamado a tender puentes, no trincheras. A apostar por las ideas, no por las ideologías. A confiar en que sí es posible construir un país más inclusivo, innovador y emprendedor.
Porque, al final, si creemos en Costa Rica, debemos invertir en su gente.