Rodrigo Chaves: Costa Rica no está para más campaña, ¡es hora de gobernar!

» El 2024 fue un año perdido para el país

El 2024 está por terminar, y lamentablemente, Costa Rica no ha visto el progreso prometido por el gobierno de Rodrigo Chaves. A pesar de las promesas de reactivación y crecimiento, las cifras y los testimonios de ciudadanos y sectores productivos revelan una realidad muy diferente. Este gobierno parece más centrado en las campañas políticas y en hacer ruido mediático, que en solucionar los problemas que afectan a los costarricenses. A estas alturas, el país está exigiendo resultados concretos, no excusas ni promesas vacías.

En el ámbito educativo, Costa Rica sigue estancada. El sistema educativo, que durante décadas ha sido un referente en la región, atraviesa una crisis sin precedentes. Según el Informe Anual 2024 del Ministerio de Educación Pública (MEP), la deserción escolar se mantiene por encima del 10% en la secundaria, y más del 30% de los jóvenes no logran completar la educación técnica o superior. Los estudiantes, en lugar de estar siendo preparados para ser emprendedores y generar innovación, siguen siendo formados bajo un modelo anticuado, destinado a convertirlos en empleados y no en empresarios.

¿Qué está haciendo el gobierno para cambiar esto? Muy poco. La falta de inversión en educación técnica y la escasa implementación de políticas que incentiven el emprendimiento desde las etapas escolares son pruebas claras de que la educación sigue siendo una prioridad secundaria en la agenda gubernamental. Si Costa Rica quiere competir en un mundo globalizado, necesita una transformación educativa urgente. Pero, con este gobierno, seguimos en la misma tónica: un sistema educativo en crisis, que no responde a las necesidades de la sociedad actual.

Es alarmante escuchar a los habitantes de zonas como Limón, Puntarenas y Guanacaste hablar sobre el mal estado de sus economías. Las promesas de reactivación económica se desvanecen cuando la realidad es que muchas familias apenas están sobreviviendo. En lugares como Guanacaste, el desempleo sigue siendo una constante, y el empleo informal se ha disparado. En Limón, sectores clave como el agro y el turismo aún luchan por recuperarse tras la pandemia, pero la falta de políticas claras y un enfoque realista por parte del gobierno sigue siendo un obstáculo.

Un ejemplo claro de esta desconexión entre el gobierno y la ciudadanía es el testimonio de conductores de plataformas como Uber y Didi, que aseguran estar ganando apenas 20 mil colones por día después del 25 de diciembre, una cifra que no cubre ni siquiera lo básico. Este es un indicador claro de que las cosas no están bien. Costa Rica está para mucho más, pero con un gobierno que no toma en serio la crisis económica, el país se sigue dividiendo. Existen dos Costa Rica: una que sigue avanzando, mientras que la otra lucha por sobrevivir.

La reactivación económica debería ser el principal objetivo del gobierno, pero, en lugar de crear condiciones para el crecimiento de las pequeñas y medianas empresas (PYMES), se sigue insistiendo en un modelo económico que no termina de funcionar. Las políticas de apoyo a las PYMES siguen siendo insuficientes, y los sectores productivos clave, como la biotecnología, las energías renovables y la tecnología digital, no han recibido el respaldo necesario para dar ese salto cualitativo que el país necesita para diversificar su economía.

El sector agropecuario, que históricamente ha sido uno de los pilares de la economía costarricense, también sigue atrapado en el pasado. El agro enfrenta graves problemas como el cambio climático, la escasez de mano de obra calificada y la baja rentabilidad de cultivos tradicionales. Sin embargo, lo que más preocupa es la falta de políticas públicas efectivas para modernizar el sector. A pesar de la buena voluntad de los productores, el apoyo institucional sigue siendo mínimo, y las iniciativas para la innovación tecnológica en el campo aún están lejos de ser una prioridad para el gobierno.

Costa Rica tiene todo el potencial para aprovechar la innovación tecnológica en el agro. Modelos como los utilizados en Israel, que ha logrado una revolución agrícola gracias a la tecnología y la sostenibilidad, pueden aplicarse perfectamente en el Sur del país. Tecnologías como el riego de precisión, los cultivos en invernaderos y el uso de sensores para monitorear los cultivos son solo algunas de las soluciones que podrían modernizar el agro costarricense y aumentar su competitividad en mercados internacionales. Las universidades costarricenses tienen un rol crucial en este proceso, con su capacidad de generar investigación aplicada que podría revolucionar el sector. La colaboración entre universidades, investigadores y productores es esencial para aprovechar el potencial de estas tecnologías y llevar al agro hacia un modelo más sostenible y rentable.

Es urgente también que el Sistema de Banca para el Desarrollo (SBD) sea modernizado y fortalecido para ofrecer una ayuda real a las PYMES, que son la columna vertebral de la economía costarricense. Actualmente, las PYMES enfrentan barreras burocráticas y falta de acceso a financiamiento que impiden su crecimiento. Si el SBD se moderniza, con una mayor eficiencia en la asignación de recursos y mayor flexibilidad para apoyar a los emprendedores, se podrían crear miles de empleos y dinamizar sectores clave como la biotecnología, la tecnología digital y las energías renovables.

El turismo, otro de los sectores clave de la economía costarricense, también sigue sin recuperarse completamente. Si bien hay señales de recuperación, como el aumento del 5% en la llegada de turistas internacionales en 2024, las dificultades del sector son palpables. La falta de estrategias claras y de un enfoque sostenible en el desarrollo turístico ha dejado a muchos empresarios y trabajadores del sector sin la guía que necesitan para crecer. Si no se fortalece el turismo sostenible y se aprovechan las oportunidades de diversificación, como el ecoturismo o el turismo cultural, el país perderá una oportunidad invaluable para mejorar su economía.

Este gobierno tiene una oportunidad de oro para transformar Costa Rica. Sin embargo, el 2024 ha sido un año perdido. Los ciudadanos están cansados de escuchar promesas y excusas. Ya es hora de que el presidente deje de hacer campaña y comience a gobernar. La agenda del país debe centrarse en los problemas reales de los costarricenses: educación, empleo, reactivación económica y sostenibilidad. Si el presidente no asume esta responsabilidad, Costa Rica podría seguir fragmentándose en dos realidades, una para los pocos que avanzan, y otra para los muchos que luchan por sobrevivir.

El 2025 está a la vuelta de la esquina, y es hora de actuar. Los costarricenses ya no pueden esperar más. Si este gobierno no es capaz de dar respuestas claras y acciones concretas, la frustración crecerá, y el futuro de Costa Rica se verá comprometido. ¡Es hora de gobernar, no de hacer campaña!

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