
Tratando de establecer una línea argumentativa en contra del ICE, especialmente dirigido al mercado eléctrico el señor Allan Benavides, Gerente de la Empresa Servicios Públicos de Heredia, desperdicia un foro importante [1] para plantear una discusión de mayor altura, técnica y económica, dándonos un paseo por una historia conocida e interiorizada por la población costarricense. Así mismo, someramente menciona el mercado de telecomunicaciones, suponemos, como ejemplo de un mercado en competencia, el cual no puede ser más diametralmente diferente en términos de industria y elementos de competitividad, respecto al mercado eléctrico. Empezando porque el mercado eléctrico se caracteriza por ser un monopolio natural a nivel de transmisión, y en el caso de nuestro país, tener dos segmentos claramente diferenciados en generación y distribución, con una participación mixta pública y privada, donde la empresa que él representa (ESPH) resulta ser un actor marginal.
En medio de la escasa argumentación técnica y económica, el señor Benavides aboga por sacar el Centro Nacional de Control de Energía (CENCE) del ICE. Para mejorar la regulación y fortalecer al ICE. Nada más falaz y carente de fundamento, considerando que el CENCE históricamente ha representado un ejemplo de eficiencia técnica y de aprovechamiento de economías de escala, esto se ve reflejado en la calidad del servicio que se recibe (potencia y frecuencia). Además, el CENCE es una inversión y creación del ICE, en el marco de su giro de negocio y el volumen de sus activos. Es decir, el Centro de Control responde a las exigencias de una empresa de clase mundial como es el ICE, y en atención al mandato de ley de asegurar un servicio eléctrico de calidad para todos los habitantes de Costa Rica.
Para mejora regulatoria, el señor Benavides podría referirse a la obligación del ICE de adquirir energía producida por cogeneradores aunque no la necesite, y a precios ruinosos establecidos por Ley. O puede referirse al robusto sistema de respaldo (ICE) con que cuenta el país, el cual permite ofrecer continuidad y calidad de energía a la población residencial, comercial e industrial, incluyendo los clientes de ESPH. Sistema de respaldo cuyo costo es absorbido desde siempre por el ICE (no reconocido por el regulador), sin el aporte de los demás actores y beneficiarios del negocio, como por ejemplo ESPH.
El ICE atiende a nivel de distribución el 41% de los hogares electrificados de Costa Rica, sumado CNFL alcanza el 72% de los hogares. Comparado con el 3,3% que atiende ESPH. A nivel geográfico el ICE en conjunto con CNFL cubre el 77,5% de los 51.100 Km2 de nuestro territorio, versus el 2% de ESPH. Siendo esta la realidad, aunado al continuo reconocimiento internacional que recibe el país por su modelo energético, cabe preguntarse señor Benavides en realidad, quien debe actualizar su representada por ejemplo, se vería beneficiada eliminando la intermediación y aprovechando la economía de escala. Para el ICE sería un costo marginal incorporarla.
Visto lo anterior y, considerando el exceso de oferta energética que vive el país, los cambios en patrones de consumo, así como la diversificación de fuentes de energía. Nos evidencia que se les desactivó súbitamente a los detractores del ICE, el “lobby” por la apertura energética, y/o la ampliación de participación privada en generación. Ahora la cantaleta es la transformación del ICE, aunque sus propias empresas en el negocio, anden vendiendo tobilleras para privados de libertad.
1 Elfinanciero.com. Opinión 08 al 14 de junio, 2019, pág. 27
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