¡Respeto a quien respeto merece!

» Por Manuel Zúñiga - Asesor Pedagógico MEP/ posiblemente desempleado por estar en huelga y mis escritos.

Los abuelos decían que el respeto NO se impone, sino que se GANA.

Yo vengo de una familia muy humilde, sencilla, iletrada y campesina. Me crie entre gente tosca, de manos rudas, carácter fuerte, muy humilde, al extremo de sentirse inferior a alguien preparado. Nunca olvidaré la frase de un señor que me decía en un viaje a caballo con mi padre que no podía creer que yo fuera un profesor y anduviera ahí a caballo y estuviera hablando con el que no tenía ni estudio.

Esa frase me marcó porque yo no respeto un título, yo no respeto un saco, ni una corbata y menos una profesión burocrática.

Yo respeto a una persona; una persona sincera, una persona humilde; respeto una persona que te saluda de forma sincera, que estrecha tu mano con afecto y no le importa quién eres, ni te ve como inferior. Tampoco me gusta que nadie me vea como superior, mejor o más valiente; porque no lo soy, simplemente hago lo que cualquier otro podría hacer si lo deseara y escribir incluso mejor que yo.

Pero en fin el respeto se GANA con las acciones de las personas; sus actos de alguna forma son la balanza para medir si debe o no ser respetado o si al menos puede exigir algún tipo de respeto.

Me tiene sin cuidado la gente de doble moral que te señala; otros que no tienen argumentos y te ofenden; otros que se creen mejores que uno y sacan su repertorio de doble moral, a pesar de que su vida privada puede ser peor que la mía.

Me molesta el creer digamos popular, que es más un mito, de que por ser docente no puedes ni enfadarse, ni ofender, ni faltar el respeto.

Eso es FALSO, ser docente implica estar en un aula y trabajar con estudiantes más por vocación que por dinero; pero no implica eres un mártir que todo lo debe soportar.

Y lo digo porque acá el tema medular es que el señor ministro Edgar Mora, por su investidura oficial se cree uno más del Monte Olimpo. Uno tan alejados de las masas que la chota, ese picante del morbo tico, la risa, la comedia, la parodia y en general los chistes no le pueden tocar. Se siente mal el caballero, ¡que ternurita!

Pero este señor Edgar Mora Altamirano olvida todos los irrespetos de su persona hacia todo el Magisterio como tal. El primer acto de irrespeto es asumir un Ministerio del cual no forma parte; el señor no es parte del gremio docente; no sabe un pepino de cómo funciona el MEP.

El señor MINISTRO, que casi estoy seguro no es colegiado a COLYPRO, al cual debe pertenecer todo docente para ejercer la profesión viene y nos ofende de muchas formas.

Sus salidas, por no llamarle de alguna otra ofensiva forma equina, si resultan hirientes para el gremio. Sus temerarias aseveraciones como que secuestramos el curso lectivo; que los docentes dejamos botados a los alumnos; sus frases famosas de las escuelas femeninas y los colegios masculinos; su opinión sobre las maestras sin criterio propio; su llamado ante la soledad del rincón de la ternura; sus amenazas constantes para que volvamos a la esquina segura; sus amenazas a despedirnos, a abrirnos procesos disciplinarios, a dejarnos sin nombramientos, a dejarnos sin recargos y sin vacaciones, eso sí es ofensivo.

Para la prensa el circo es muy bueno y le sacan provecho para vender. Pero no se vale señor ministro; usted nos ha irrespetado profundamente; usted ha denigrado la profesión docente y nos usa para hacernos quedar mal. Usted de manera tendenciosa con sus comentarios nos hace ver como irresponsables y aunque para muchos seamos unos vagos y para otros unos ladrones, le estamos dando a usted y a su presidente una lección de dignidad.

De eso estoy seguro, la historia nos absolverá como el único sector que se mantuvo en pie. Volvieron todos menos los docentes; somos la última línea de dignidad popular contra la injusticia que predica su GOBIERNO.

Usted no puede pedir respeto luego de clavarnos el puñal por la espalda; luego de ofender, amenazar y ahora amedrentar con procesos disciplinarios directos a quien le enfrenta o le critica.

No crea, en las calles también se enseña, en la huelga también se aprende. Yo siempre le dije a mis chicos que una dosis de rebeldía es necesaria. Siempre enseñé a mis alumnos a dudar de todo, incluso de mí. Siempre les enseñé que la verdad tiene al menos dos caras y que usted representa la versión oficial, más no aquella real, objetiva y mejor para el país.

Basta ya de amenazas, basta ya de amedrentar. No pida respeto si no se lo ha ganado. Usted en primer lugar, si le importara este país y nuestros hijos, debería estar en huelga. Usted en primer lugar debería exigir que haya un diálogo sincero con el gremio para buscar una salida. Pero es obvio a usted no le importa ni los estudiantes, ni la educación pública de este país. Usted representa un grupo para los cuales la educación privada es mejor y aún mejor le ha caído esta huelga para tener una excusa para impulsar el modelo de educación privada y así desfinanciar el sistema público.

¡Qué pena señor ministro que usted no sepa nada de educación y cómo funciona el MEP! Como pena dan aquellos que aún hoy hablan de los docentes defendiendo privilegios que no hay; algunos que no conocen nuestra labor se arriesgan a hablar porque hablar nada cuesta.

Sin embargo, ser docente es ser irremplazable como ya quedó demostrado con la huelga. Todo es un caos sin la coordinación de esos que muchos llaman vagos.

Ser docente implica un compromiso social con los más pobres; porque trabajamos entre ellos; porque vemos el hambre; porque de nuestra bolsa terminamos comprando zapatos, bolsos, comida, uniformes y cuadernos para muchos de nuestros alumnos. Porque damos más de lo que se nos pide; pero nunca lo decimos, ahora nos llaman vagos.

Nos señalan porque hemos fallado; pero en verdad quien ha fallado es el Gobierno. Nosotros sólo cumplimos con el deber histórico de presentar resistencia ante lo que está mal y oponernos a ser doblegados. Nuestro pecado es no ser cómplices cobardes de la injusticia, la desigualdad, la galopante corrupción y la mentira.

Los docentes no aspiramos a gobernar este país-desgraciadamente- pero si aspiramos a una mayor justicia social; aspiramos a una sociedad más igualitaria; aspiramos a una educación pública de calidad como mecanismos reales de movilidad social; aspiramos a que nuestros hijos no sean perseguidos por viejos fantasmas que se alimentan de la ignorancia de los pueblos.

En fin, ser docente es querer cambiar el mundo, cambiando a las nuevas generaciones que habitan en él. Por tanto, el respeto nuestro es hacia un proyecto real de justicia social y no a una persona que nos irrespeta día con día con el simple acto de aceptar un puesto para el cual no está preparado.

A los compañeros docentes les pido no pierdan la fe; hay que seguir firmes en la lucha. Si nos a amenazan es porque nos tienen miedo; ya no somos mansos corderos. Y debemos recordar siempre que el respeto se GANA y no se impone y que siempre es necesario una dosis de irreverencia y rebeldía o todo sigue igual.

Vivimos tiempos convulsos pero el secreto es resistir, no obedecer ciegamente. Por eso le pido si así lo desea comparta esta nota y si se siente una persona irrespetuosa quiere decir que vamos por buen camino y que somos parte de un cambio necesario en nuestra sociedad.

No hay que desfallecer que esta es una lucha de todos. Y la dignidad No se puede negociar y menos cambiar debido a amenazas infundadas.

La lucha es luchando pueblo y a los padres, la culpa que todo este mal no es de los que estamos en HUELGA, sino de la incompetencia de señor ministro y aquellos que se encuentran trabajando y no saben cómo hacer eso que hacemos diariamente los docentes, pero ¡que nadie nos reconoce!

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, fotocopia de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr.

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