
Las mujeres representan un 51% del potencial de Costa Rica y aunque han sido forjadoras de la historia social, económica, y política del país, en la mayoría de los casos se ven invisibilizadas. En el 2007 con el fin de lograr avanzar en la igualdad de oportunidades y derechos entre mujeres y hombres, se creó la Política Nacional Para La Igualdad y Equidad de Género, la cual cuenta con una vigencia de 10 años, siendo este el último año de su ejecución. La misma se establece como “una propuesta de cambio social de las fuentes de desigualdad, que obstaculizan el disfrute de oportunidades y derechos a la mitad de la población de nuestro país” (Instituto Nacional de Mujeres. 2007. Pag 6), y además se centra en tres ejes: autonomía económica, participación política y cambio cultural.
Autonomía Económica
La autonomía económica es un agente de movilidad social, y según la CEPAL, es entendida como la capacidad de las mujeres para generar sus propios recursos. Sin embargo, vemos factores que no son posibles, por ejemplo, la gran disparidad salarial donde de cada 100 colones que gana un hombre, una mujer sólo gana 59 realizando las mismas labores, contribuyendo a que el género femenino se concentre en la franja inferior de la cadena de valor mundial.
En el país, las estadísticas reflejan que la pobreza tiene rostro de mujer, donde según la Encuesta Nacional de Hogares 2016, el índice de pobreza muestra que, de cada 100 hogares con jefatura femenina, 44 se encuentran en situación de pobreza, y según el índice de pobreza multidimensional, 39 hogares de cada 100 con jefatura femenina están en la misma situación. Entre los principales retos de las mujeres en Costa Rica se encuentran las barreras de entrada al mercado laboral, el desempleo, subempleo e ingresos.
Por otra parte, el Informe Estado de la Nación del 2016, revela que desde el 2001 la tasa laboral para los hombres está estancada, mientras que, la participación laboral femenina de 20 a 60 años, ha crecido; por ende, se evidencia la importancia de continuar insertando al mercado laboral la fuerza femenina, ya que una mujer empoderada económicamente, es una familia empoderada, con mejores y mayores oportunidades de superación.
Participación Política
La participación política de las mujeres es una vía para hacer valer la voz, dando a conocer las necesidades del género. Cabe destacar que no solamente se incluyen los partidos políticos; las asociaciones de desarrollo, comités cantonales de deportes, comité cantonal de la persona joven, juntas de educación, son algunas formas de hacer política. En ella se permite buscar su empoderamiento y establecer acciones estratégicas de los poderes de la República y la sociedad civil para el fortalecimiento y la equidad de género, así como disminuir las brechas sociales, políticas y económicas, desde la sensitiva femenina.
Las luchas dadas por la Liga Feminista de Costa Rica, consiguieron frutos favorables concretos, entre ellos, cuando Costa Rica por primera ocasión brinda el derecho al voto a las mujeres, según lo establecido en la Constitución Política de 1949 y siendo ratificado en 1950, donde Bernarda Vásquez Méndez, ejerce por primera vez en el país, el voto femenino. En la elección próxima (1953) solamente tres mujeres logran ser electas como las primeras diputadas costarricenses: María Teresa Obregón, Ana Rosa Chacón y Estela Quesada, convirtiéndose en mujeres maravillas para cientos de niñas que soñaban en grande en una sociedad patriarcal.
Por otra parte, otro logro del género femenino, fue el establecimiento de acciones afirmativas en el Código Electoral de 1996 (Ley 7653), en el cual se instauró que los partidos políticos debían de llevar en sus papeletas e instancias partidarias, una cuota mínima del 40% de participación femenina e impulsando una paridad vertical en las nóminas partidarias. Pero de igual forma, pese a las grandes luchas que se han dado, el país de la pura vida, sigue siendo un Estado donde las mujeres tienen mayores dificultades para acceder al espacio político, y donde tienen un techo de cuotas por cumplir, en lugar de méritos y capacidades por mostrar.
Cambio Cultural
El cambio cultural es fundamental, esto debido al papel transformador de sociedades que ha tenido la mujer y lo cual nos lleve a una sociedad moderna, con igualdad de oportunidades, donde las mujeres y los hombres tengan el mismo acceso a la educación, salud y condiciones de igualdad de responsabilidades, así como garantizar la no violencia contra las mujeres.
Ya que la violencia contra las mujeres se encuentra constituida como uno de los mayores problemas de derechos humanos en el mundo, según datos de la Organización Mundial de la Salud 1 de cada 3 mujeres ha sufrido violencia físico o sexual, concordando con los datos de la ONU los cuales dicen que el 35% de las mujeres del mundo ha sufrido algún tipo de violencia física o sexual, siendo estos dados sin tomar en cuenta la violencia psicológica y la discriminación, la cuales se constituyen como las formas de violencia más frecuentes y difíciles de detectar. No es posible que como mujeres no nos alarmemos alzando la voz y exigiendo nuestros derechos.
El camino es largo
Según el Índice Global de la Brecha de Género 2016 realizado por el Foro Económico Mundial, en el cual nos ubicamos en la posición 32 de 144 países, tenemos grandes retos referidos al bajo empoderamiento económico y político, además como los problemas sociales. A nivel país hemos realizado grandes esfuerzos y avances, pero no los suficientes.
Equidad significa que como mujeres obtengamos los mismos derechos y las mismas oportunidades, que podamos ser reconocidas por ser excelentes profesionales, deportistas, artistas, servidoras comunales, o simplemente por ser grandes mujeres decididas y empoderadas; necesitamos que las mujeres y los hombres seamos tratados como iguales, que se nos reconozca y respete nuestra diversidad. ¡El momento de avanzar hacia la igualdad de oportunidades y derechos entre hombres y mujeres es ahora!
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