¿Quién da más? ¿Quién quiere una diputación? ¿Será posible en nuestra Costa Rica del pura vida? ¿Y la capacidad? ¿Y los valores?

Está claro que la imperfección de nuestras leyes obviamente procede de la obvia imperfección de los legisladores que humildemente elegimos cada 4 años. No puede pretenderse que leyes perfectas sean el resultado de esos nuestros legisladores de turno. Diputados nuevos unos y repitentes otros, pero primeramente elegidos internamente en cada partido político por unas cuantas decenas de sus familiares y partidarios, antes de que todos los demás costarricenses podamos votar por alguno o por ninguno de ellos. El Tribunal Supremo de Elecciones debería exigir más y mejores requisitos a los partidos para seleccionar mejor a sus candidatos a diputados. Al final del día, son diputados escogidos por los partidos políticos, pero terminan siendo padres de la Patria. Casi nada. La mayoría legislativa de un solo partido puede cambiarlo todo. ¿Para bien o para mal? Ahora resulta que fue vox populi quién quiere una diputación? Quién da más? Para estas últimas elecciones, en un partido pidieron más de dos millones de colones, en otro partido ahora dicen que piden C 600 mil. ¿Será que se pueden comprar y vender las candidaturas para diputado y hasta por cantidad? La verdad es que si se dieron bonos de deuda pública hasta a mitad de precio como en la anterior campaña, ya casi todo es posible en nuestra cada vez más devaluada moralmente, campaña política. Está claro que necesitamos verdaderos Padres y Madres de la Patria, pero tal parece que solo tenemos salarios mensuales millonarios y otros privilegios, para lo que solo se requiere a cambio, unos pocos requisitos e igualmente unas pocas obligaciones. Hasta se puede ser diputado repitente, de gobierno por medio y, hasta candidato a presidente y a diputado a la vez.

Entre otros muchos temas pendientes también debe resolverse la prohibición para la no existencia de diputados de partidos, que luego se declaran independientes, que estuvieron de moda en las elecciones anteriores y que, en este nuevo gobierno, otra vez ya se han presentado varios casos. No podemos seguir con los mismos procesos electorales de hace 200 años. También se prevendrían y se evitarían muchos otros problemas, si la Sala IV por fin tuviera entre sus prioridades, estar actualizando diariamente todo lo relativo a nuestra Constitución Política: la interpretación correcta y las mejoras necesarias de artículos como los relativos a las convenciones colectivas y al 8% del PIB imposible e innecesario para financiar a la educación pública, por ejemplo, si va a seguir siendo prioridad el FEES en detrimento de la educación pública primaria y secundaria. Ya hace varios años se permitió la innecesaria reelección presidencial, así que sí se puede modificar todo lo que sea necesario, para beneficio del Estado y de todos los demás costarricenses. Con eficiencia y buenos controles en todas las instituciones públicas y en los 3 Poderes de la República, nos beneficiamos todos los costarricenses. Sin eficiencia y sin buenos controles, se benefician unos pocos en detrimento de la gran mayoría de costarricenses. Para eso es un cambio de gobierno. Hay que hacer lo que hay que hacer. No puede ser que todas las sanciones que hay que ejecutar para defender al Estado y por ende a sus habitantes, a todos los demás costarricenses, tarden años y años y hasta prescriben: la trocha, el cementazo, el caso cochinilla, el caso diamante, ahora en este gobierno el caso barrenador y otros casos, los privilegios de las convenciones colectivas del sector público, el combustible de los diputados y otros funcionarios públicos, las pensiones de lujo, los pagos de más dizque por errores en las planillas del ministerio de educación y otras instituciones públicas, las repúblicas independientes, el abandono de la educación pública primaria y secundaria por privilegiar al FEES, carreteras y hospitales en lento proceso, en fin. La mayoría legislativa de un solo partido puede cambiarlo todo. ¿Para bien o para mal? ¿Quién da más? ¿Quién quiere una diputación? Será posible en nuestra Costa Rica del pura vida? ¿Y la capacidad? ¿Y los valores?

Está claro que la imperfección de nuestras leyes obviamente procede de la obvia imperfección de los legisladores que humildemente elegimos cada 4 años. No puede pretenderse que leyes perfectas sean el resultado de esos nuestros legisladores de turno. Diputados nuevos unos y repitentes otros, pero primeramente elegidos internamente en cada partido político por unas cuantas decenas de sus familiares y partidarios, antes de que todos los demás costarricenses podamos votar por alguno o por ninguno de ellos. El Tribunal Supremo de Elecciones debería exigir más y mejores requisitos a los partidos para seleccionar mejor a sus candidatos a diputados. Al final del día, son diputados escogidos por los partidos políticos, pero terminan siendo padres de la Patria. Casi nada. La mayoría legislativa de un solo partido puede cambiarlo todo. ¿Para bien o para mal? Está claro que sí, si podemos subir a las grandes ligas de los países más desarrollados. Inclusive a nuestro estilo, a la tica, con nuestra democracia del pura vida. En realidad, solo necesitamos conseguir pocas cosas: Ocupamos que el TSE por fin lleve a cabo mejoras en todos los procesos electorales de nuestro país. Es necesario bajar el abstencionismo, pero eso solo va a ocurrir, si los costarricenses vemos cambios positivos en la forma de escoger a todos los candidatos a diputados y a puestos públicos. Que se implementen también más y mejores controles y sanciones a los partidos y a los candidatos que incumplan los más y mejores requisitos que deben exigirse. Ya no es suficiente para el TSE solo seguir garantizando solo el recuento de los votos. De la Sala IV ocupamos que actualice y mejore la redacción e interpretación única y correcta de todo el articulado de la Constitución vigente y de nuestras leyes en general. Tampoco es necesaria otra Constitución Política. Para que por fin, los beneficiados sean toda Costa Rica y todos los costarricenses. Y finalmente, que cada institución pública haga todo lo que se supone tiene que hacer: que la Contraloría controle, que la Defensoría nos defienda, que la CCSS atienda a todos los que aún seguimos vivos, o sea, no más listas de espera. En fin, que cada institución pública haga su parte, con mucha más eficiencia, para llegar pronto a las grandes ligas, para beneficio de todos los costarricenses.

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