Presidente Trump no tengo miedo de quedarme sin visa: esto va por Randall y por millones de ticos en Estados Unidos

» Por Dr. Kirk Salazar Cruz - Investigador y especialista en innovación.

Nada podrá devolverle la vida a Randall Gamboa. Murió después de una larga agonía que comenzó bajo custodia del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) de los Estados Unidos. Llegó a ese país con esperanza, con salud, con sueños. Regresó en estado vegetativo, sin voz, sin poder contar lo que vivió. Su familia lo recibió devastada, con el corazón hecho pedazos, y junto con él se quebró también una parte de nuestra dignidad como país.

Randall no fue un delincuente. Fue un costarricense trabajador, un ser humano que buscaba oportunidades que aquí no encontró. Su único pecado fue haber creído que en los Estados Unidos podía construir una vida mejor. En cambio, encontró un sistema migratorio que lo trató sin compasión, sin humanidad y sin respeto por su vida.

Presidente Trump, esto no es solo una denuncia: es un llamado a la conciencia. Las políticas que usted promovió no solo levantaron muros de concreto, sino muros invisibles de odio y desprecio. Convertir la migración en un crimen y la pobreza en una amenaza no es liderazgo; es deshumanización. Las acciones de su gobierno dejaron cicatrices profundas en miles de familias que hoy lloran a sus seres queridos, deportados, desaparecidos o destruidos por un sistema que olvidó que todos los seres humanos merecen respeto.

Randall representa a millones. A los que trabajan limpiando, construyendo, cuidando niños y ancianos en un país que los necesita pero no los quiere reconocer. A los que viven con miedo, sin papeles pero con esperanza. Su muerte no es un caso aislado: es el reflejo del sufrimiento silencioso de toda una comunidad.

Desde esta tierra pequeña, donde la vida se defiende como un principio sagrado, le hablo como costarricense y como ser humano. No hay nación grande que pueda llamarse libre si basa su fuerza en humillar al débil. No hay democracia verdadera si se justifica el dolor ajeno como un daño colateral.

Que la muerte de Randall Gamboa sea una advertencia y un recordatorio: el respeto a la vida está por encima de toda frontera, ideología o poder. Ninguna bandera justifica la crueldad. Ningún muro podrá contener la verdad. Y la verdad es esta: mientras haya un solo Randall silenciado, la humanidad entera fracasa.

Seguro no me darán visa nunca, pero hay que hacer lo que este gobierno calla.

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