¿Por qué Rodrigo Chaves fue realmente al Mercado Central?

» Por Dr. Kirk Salazar Cruz - Investigador y especialista en innovación.

La visita del presidente Rodrigo Chaves al Mercado Central, rodeado de una multitud que le gritaba “¡No está solo!”, no fue un simple paseo entre pasillos ni un acto improvisado de cercanía con la gente. Aunque él insiste en que no está en campaña, resulta difícil no leer esta aparición como un movimiento político cuidadosamente calculado. En política, nada es casual, y mucho menos cuando un mandatario elige un espacio tan simbólico del “pueblo” como este mercado.

Chaves ha construido su identidad pública sobre la idea de que él es el presidente del pueblo y que su fuerza proviene directamente del respaldo popular. Las imágenes mostrando a decenas de personas vitoreándolo sirven precisamente para reforzar ese relato. Le permiten proyectar la idea de que su liderazgo sigue sólido, que conserva apoyo y que quienes lo cuestionan están desconectados de la realidad cotidiana. La puesta en escena funciona como una demostración de músculo político envuelta en una actividad aparentemente espontánea.

Pero el mensaje no era solo para sus seguidores. Aunque Chaves no está en la papeleta, sí influye en la candidatura de Laura Fernández, a quien se percibe como su heredera política. En este contexto, mostrar popularidad no es únicamente un acto de reafirmación personal, sino una estrategia para transferir capital político a ella. Si él aparece fuerte, ella parece viable. Y si ella parece viable, el oficialismo puede intentar evitar un escenario de segunda ronda que pondría en riesgo su continuidad de proyecto.

Por eso, la visita al mercado puede leerse como un intento sutil de mover la aguja electoral sin admitirlo abiertamente. Las dudas sobre las encuestas y el desempeño de Fernández generan presión dentro del círculo oficialista, y Chaves lo sabe. Presentarse rodeado de apoyo popular es una manera indirecta —aunque evidente— de influir en el ánimo del electorado, especialmente en un momento en que cada punto porcentual cuenta.

Legalmente, nada le impide caminar por el Mercado Central, pero éticamente surge la pregunta de si un presidente debería usar su figura y sus apariciones públicas para influir en un proceso electoral. La visita fue oportuna, simbólica y perfectamente aprovechable en términos de narrativa política. Tal vez no fue una gira de campaña declarada, pero sí una intervención política efectiva. Al final, Chaves no fue al Mercado Central por casualidad: fue a enviar un mensaje. Puede repetir que no está en campaña, pero sus actos y la multitud que lo rodeó— cuentan una historia distinta.

Al final, la relación entre Rodrigo Chaves y Laura Fernández es una dependencia mutua que ambos intentan disimular, pero que resulta evidente. Si Laura no hubiera proclamado que el presidente no sería parte de un eventual gobierno suyo, difícilmente habría logrado el nivel de atención y respaldo que hoy muestra; su crecimiento político se sostiene en gran medida en la sombra de Chaves, y el presidente, a su vez, necesita que ella prospere para validar su proyecto y no quedar políticamente aislado. Acordate de esta reflexión: si faltando quince días para las elecciones los números no cambian, veremos a Chaves ejecutar el gesto más abrupto y beligerante de toda la campaña —aunque jure no estar en ella— con tal de empujar a su candidata a la primera ronda. Porque cuando la supervivencia política está en juego, las apariencias dejan de importar y lo que cuenta es el resultado.

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