¿Por qué Costa Rica es subdesarrollada?

» Por Ariel Abarca Valdés – Máster en Administración de Negocios y Analista Financiero

La semana pasada discutía con unos colegas las posibles razones por las que Costa Rica se ha estancado en el subdesarrollo, a pesar de que es un país de la larga y estable trayectoria democrática, en una ubicación geográfica privilegiada con acceso a dos océanos, sin mayores desastres naturales, ajeno a guerras, bajo un estado de derecho que garantiza libertades individuales, y un sistema económico abierto. Mientras que otras naciones que en un pasado estuvieron en peores condiciones que las nuestras, han salido adelante y ahora son economías y sociedades del primer mundo: Corea del Sur, Singapur, Taiwán, o Israel son claros ejemplos. Entre las teorías se mencionaron la accidentada topografía del país que impide construir fácil y barato una infraestructura avanzada. Otro mencionó que el haber sido conquistados por los españoles y su sistema mercantilista en lugar de los ingleses con un modelo capitalista, podría ser la explicación. Hasta se insinuó que la escasez de zinc, fósforo y omega-3 en nuestra dieta sería factor para un desarrollo cognitivo distinto al de los escandinavos y japoneses. Pero al no tener datos sólidos, no pudimos llegar a un consenso para justificar por qué Costa Rica sigue siendo pobre.

Sin embargo la respuesta a nuestra incógnita no pudo llegar más rápido: el domingo pasado Welmer Ramos González publicó una opinión en esta misma sección titulada ‘Si las papas se vendieran como el crédito, el hambriento pagaría el doble’.

Esa columna me develaría el por qué Costa Rica está condenada al subdesarrollo. No es necesariamente el conflicto ético expuesto por Ramos al comparar la venta de papas con la “venta” de créditos lo que explica la situación del estancamiento de Costa Rica, es el haber hecho semejante exposición.

En primer lugar, un crédito no se vende, se coloca. Un crédito es poner capital de un inversionista que está ocioso, en otra actividad que puede generar un mayor retorno en un plazo determinado. Las papas son un bien tangible y son considerados como un activo, por lo que el mercado establece el precio según la oferta y la demanda. En caso de un intercambio, el vendedor obtiene dinero, y el comprador obtiene un producto para satisfacer su necesidad, significa que al final ambos salen ganando. Mientras que un crédito es un pasivo, no tiene precio. Es decir; el acreedor pierde porque deja ir el capital y no tiene certeza si lo recuperará, a la vez que el que obtiene el crédito también pierde, porque lo utiliza para comprar algún tangible o pagar otro compromiso, pero la diferencia es que queda endeudado por el principal más el pago de intereses. Hay más similitudes entre la colocación de un crédito y una apuesta en un casino, que con la venta de verduras en la feria del agricultor. Un crédito no se puede contabilizar como una venta hasta que haya sido cancelado. Por lo tanto, las implicaciones económicas, éticas, y sociales de los escenarios expuestos por Ramos son incompatibles entre sí. Ya ahí se levanta la primera banderilla roja de esa opinión.

Colocar créditos con tasas de interés más altas a personas con menos ingresos NO ES INJUSTO, es una posición defensiva natural de los inversionistas ante el riesgo. Si las personas desean obtener el menor costo, o condiciones más “justas”, el crédito no es la solución, ni siquiera a tasas de 1% anual. La vía correcta es el ahorro. Así es como se genera riqueza: acumulando capital, no endeudándose, porque como ya expliqué, los préstamos son pasivos. Para eso los bancos tienen cuentas de ahorro, certificados de depósito a plazo, y otros instrumentos de inversión, para que los individuos logren sus metas y ganen con intereses. Precisamente el dinero que se coloca para créditos tiene un origen común: las inversiones. Entre mayor riesgo en la inversión, mayor debe ser el retorno. ¿O será que ser inversionista y obtener intereses gracias a los que sí se endeudan también es injusto?

Adicionalmente, don Welmer de manera falaz afirma que “se cobra más (por los créditos) a quienes menos tienen”. Pero resulta que en Costa Rica los bancos o financieras le aplican las mismas tasas de interés a todos sus deudores o clientes; lo que varía es EL TIPO DE CRÉDITO. Usualmente los créditos de consumo (tarjetas, personales) tienen tasas más altas porque no tienen garantía, y sus montos son bajos. Lo único que solicita el acreedor es un ingreso verificable y un buen comportamiento de pago. Mientras que créditos prendarios o hipotecarios sí tienen una garantía, ya sea el bien que están adquiriendo, una prima, o ambos; y son montos altos, por lo que se aplica algo similar a la teoría de economías de escala (entre más volumen, menor costo). Ese tipo de créditos usualmente se manejan en cifras a las que una persona de bajos ingresos, aún a tasa de interés cero, jamás podría pagar la cuota. Tercera banderilla.

En esa publicación sale a flote una palabra que no ha sido ajena a la realidad económica nacional reciente: usura. Ese es un término ampliamente denigrado por personas que desconocen de comportamientos de mercados. Es sorprendente el atrevimiento de Ramos de traer a colación esa palabra, ya que él siendo diputado fue el proponente de un proyecto de ley que ha resultado ser nefasto para el país. Específicamente la ley número 9859, conocida como “ley contra usura”. Desde la aprobación de ese proyecto, más de 280,000 personas quedaron excluidas del sistema formal de crédito, según datos de la Superintendencia General de Entidades Financieras (SUGEF). Y muchas de ellas han tenido que recurrir al mortal método de préstamos “gota a gota”, según un estudio de la Oficina contra Las Drogas y el Delito de la ONU, con datos de la Universidad Nacional. El mismo estudio revela que el Poder Judicial ha recibido más de 2,000 denuncias por cobro extorsivo entre los años 2023 y 2024, una cifra nunca vista en el país. Un dato que no se ha podido obtener, es la cantidad de homicidios relacionados a “ajuste de cuentas” por préstamos, pero considerando que se dispararon los índices de asesinatos desde 2022, no sería de extrañar que los “gota a gota” sean un contribuyente de ese incremento. Las personas que han sido víctimas de cobros extorsivos han dado testimonio que deben pagar tasas de hasta 30% semanal, eso significa 1,560% anual. Entonces don Welmer por intentar quitar tasas de tarjetas de crédito de 50% anual, terminó sirviendo en bandeja de plata al crimen organizado un mercado que ahora tiene que pagar 31 veces esa cifra.

Como si fuera poco, tras la promulgación de esa ley, el mercado bancario ha experimentado una contracción debida a la pérdida de competitividad. En otras palabras, no es atractivo para los bancos un mercado con las regulaciones como las que tiene Costa Rica. Como ejemplo podemos mencionar a Panamá, la cual reporta 40 bancos comerciales, mientras que Costa Rica solamente tiene 15 y disminuyendo; a pesar de que ambos países tienen economías y poblaciones similares. ¿Cuál es la diferencia? Que Panamá tiene menos regulaciones, de hecho, ni tiene banco central. Recordemos que entre más competencia, mejor para el consumidor. Cuarto red flag.

Como bien mencioné, don Welmer fue diputado, pero no podemos obviar la organización en la que ha hecho su carrera política: Partido Acción Ciudadana. Cuando Luis Guillermo Solís y Welmer Ramos asumieron como presidente y ministro de economía respectivamente el 8 de mayo de 2014, el riesgo país de Costa Rica era 3.54 puntos. El riesgo país es la probabilidad de que un estado caiga en impago de su deuda externa, y se calcula sobre el riesgo en relación a los Bonos del Tesoro de Estados Unidos. Seis años después, durante la administración PAC de Alvarado Quesada, el riesgo país alcanzó 9.21 puntos. Costa Rica pasó de tener grado de inversión, a emitir bonos categoría “basura”, según las tres mayores calificadoras de riesgo del mundo.

Para empeorar las cosas, mientras Welmer Ramos ejercía como ministro de economía, Bancrédito reportaba pérdidas multimillonarias por créditos malos. El gabinete en lugar de recomendar y hacer los trámites para poner el banco a la venta, decidieron inyectarle capital (a través de deuda) para supuestamente salvarlo, pero aun así siempre quebró. No solamente nos quedamos sin banco agrícola, además nos dejaron con una deuda que terminaremos de pagar en 20 años con intereses altísimos.

Todas estas banderillas rojas denotan que banca y finanzas no es el fuerte de don Welmer Ramos ni de los partidos progresistas.

Regresando a la pregunta: ¿por qué Costa Rica sigue siendo un país subdesarrollado? Pues la respuesta ya es irrefutable: lamentablemente hemos electo a políticos incompetentes e inescrupulosos en materia económica. Supuestos profesionales que desconocen cómo funciona el riesgo, el valor del dinero en el tiempo, y que tergiversan el concepto de justicia. Pero lo más grave es que esos mismos políticos han perdido el respeto hacia quienes sí tienen la disciplina de ahorrar y ponen su capital para financiar actividades de crecimiento económico.

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