Por momentos uno cree que está leyendo un sketch de Capusotto, pero no: es Desamparados, Costa Rica, año 2025. Nuestra alcaldesa, María Antonieta Naranjo Brenes, ha iluminado al mundo con una tesis científica revolucionaria digna de un premio Nobel: el zacate alto en los parques no solo no es malo, ¡es bueno! Y no es cualquier bueno: es bueno para la salud, para el alma y, aparentemente, para la municipalidad que no corta el pasto ni por error.
En su respuesta a la Sala Constitucional, la alcaldesa sostiene que el zacate alto “mejora la filtración del agua, oxigena la tierra e impide que el agua se estanque”. Traducido: si usted ve un potrero disfrazado de parque municipal, no piense que es abandono… es un pulmón verde filtrador de agua con aval de alcaldía.
Lo grave no es que lo diga: lo grave es que lo diga en serio. Porque mientras usted esquiva mosquitos tamaño Boeing, la municipalidad prefiere explicarle que el dengue no se cría en la hierba alta. Y sí, tal vez no sea el césped en sí el hotel cinco estrellas del Aedes aegypti, pero el abandono sí trae maleza, basura, huecos con agua, botellas, latas… y eso, aunque en la alcaldía lo nieguen, es Disneylandia para los mosquitos.
Pero claro, en el libreto oficial, los parques desamparadeños están así no por negligencia, sino por “procesos de contratación” que, casualmente, duran más que un gobierno entero en Islandia. Mientras tanto, la administración lanza cuadrillas propias que cortan un poquito acá y otro allá, como quien le corta el flequillo a una oveja pensando que eso es peluquería.
Y lo más jugoso: la frase política del año. “No es de validez indicar que puede haber presencia de dengue en un parque por cobertura vegetal”. Por supuesto: en Desamparados, si la hierba le llega a la cintura, no se preocupe; eso no es abandono, es “filtración natural certificada”. Ya me imagino la campaña: “Parques con pasto alto: más filtración, menos inversión”.
Mientras tanto, los vecinos se preguntan qué fue de esos parques cuidados, seguros, con chiquillos jugando y adultos caminando sin miedo a salir con garrapatas. Pero parece que eso quedó en el pasado, porque la alcaldesa nos trae la nueva moda: el desorden planificado.
Y así, mientras en otras partes del mundo cortan el pasto para mantener limpios y seguros los espacios públicos, en Desamparados tenemos la política de dejarlo crecer hasta que el zacate pueda votar. Total, si alguien se queja, siempre queda la carta mágica: culpar al Ministerio de Salud, a los mosquitos o a la gente que no entiende de “filtración natural”.
La pregunta es simple: ¿hasta cuándo vamos a aceptar que nos vendan abandono como ecología? Porque no se trata de si el zacate en sí cría mosquitos: se trata de que la municipalidad dejó que el cantón se convirtiera en una selva urbana… pero con el presupuesto de un jardín botánico.