
Durante un buen tiempo, hemos venido alertando sobre la escasez de trabajo y oportunidades para la región Pacífico Central, lo que ha sumido a Puntarenas, ciudad histórica y cabecera funcional de esta zona, en la desesperanza y el derrotismo.
Muchos de sus jóvenes no encuentran trabajo. Más del 50% de los jóvenes en edad productiva están sin empleo. Solo tres de cada cuatro jóvenes cursan la educación secundaria.
Menos de la mitad de los jóvenes concluyen la secundaria y solo uno de cada diez personas obtiene un título universitario. Estos datos acrecientan la violencia juvenil. Muchos de estos jóvenes son reclutados lamentablemente por las bandas de narcotraficantes, produciendo una espiral de violencia y ajustes de cuentas que enlutan a las familias.
En general, el desempleo y la pobreza en la región duplican la estadística nacional, lo que la convierte en una de las más desiguales del país. El centralismo dificulta también el despegue económico y pocas empresas toman la decisión de asentarse acá.
El turismo, que es un sector clave y que tiene enormes oportunidades, pero por falta de una estrategia clara, deficientes factores logísticos y de personas capacitadas en el idioma inglés principalmente, no ha despegado lo suficiente. El comercio apenas sobrevive en el mar de la tramitología y la carga tributaria.
Pareciera que Puntarenas navega en un mar de dudas e improvisación. Pero no todo es pesimismo. Hay ejemplos de organización y trabajo que merecen resaltarse y que traerán consecuencias económicas positivas palpables, en el corto plazo a la región.
VENCER EL VALLECENTRISMO
A nivel futbolístico, el país vive igual que el sector económico, un vallecentrismo dominante.
Puntarenas PFC, había perdido la categoría de primera división en el fútbol nacional hace 8 temporadas. Este fin de semana luego de un torneo brillante logró ascender nuevamente a la máxima categoría. El equipo porteño lo ganó todo. Ganó el torneo de apertura y el de clausura, obteniendo el ascenso a la categoría mayor sin necesidad de una final. Un triunfo categórico y sin ninguna duda.
Precisamente eso es lo que Puntarenas debe ahuyentar: las dudas.
PFC ha sido un proyecto manejado con orden, trabajo, disciplina, unión y responsabilidad, tanto en la cancha como fuera de ella.
Un equipo ocupa un derrotero, objetivos y norte claro, un capitán que conozca y que sepa manejar el barco y los marineros. El PFC se dotó de un buen equipo, un buen cuerpo técnico y una excelente directiva. La unión del grupo logró acaparar el apoyo del comercio local, las autoridades regionales, y una afición que despertó y que es apasionada. Muchos afirman que Puntarenas tiene la quinta afición futbolera del país. No tengo duda de ello. Me declaro un hincha más. En el fondo creo que hoy todo el país, celebra este ascenso merecido.
LO QUE VIENE
La unión lograda por este grupo debe mantenerse ahora en la máxima categoría. Pero: ¿cuál es la enseñanza? Si, es posible lograr los objetivos con orden y trabajo.
Los jóvenes y no tan jóvenes deben mirar el ejemplo y replicarlo a todas las esferas de la sociedad. En toda actividad económica, social y deportiva, trabajar con planificación, de forma constante y con disciplina, permitirá lograr los objetivos. Hace un año el PFC no logró el ascenso, el proyecto no desmayó, todos mantuvieron el entusiasmo, la fe y persistieron en el objetivo. Hoy se ve coronado.
El comercio se dinamiza, aumenta el turismo, la derrama económica se extiende, todos ganan, aflora la alegría, se despeja el derrotismo y nace el esperanzador si se puede.
Si se pudo puntarenenses, hay que ir por más.
¡Estamos de regreso!
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