El odio en el país más feliz del mundo

» Por Erick Quesada Ramírez - Psicólogo

La supuesta “ideología de género”, y más recientemente la opinión consultiva 24/17 de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), sobre el matrimonio igualitario y el derecho de las personas trans a la identidad, han dejado al descubierto la sociedad que somos.

Nos ha hecho observar a la Iglesia Católica y a iglesias cristianas fundamentalistas, impulsar una campaña de ideas falsas y mentiras bajo el término “ideología de género”, para provocar una sensación de peligro inminente hacia el Programa de Educación para la Sexualidad y la Afectividad del Ministerio de Educación Pública; una clara estrategia para obstaculizar una importante iniciativa en pro del avance de los derechos humanos de las mujeres y las personas lesbianas, gais, bisexuales, trans e intersexuales (LGBTI), pues implica un cuestionamiento de los principios y valores machistas y heterocentristas con base en los cuales ejercen control sobre nuestras consciencias.

Hemos visto como un número importante de partidos políticos, en un gesto típico de oportunismo electoral, marchar junto a la Iglesia Católica en pro de “la familia y la vida”.  ¿Alguien se ha puesto a pensar en el impacto que estas repudiables acciones pueden tener sobre la dignidad de las personas LGBTI, en cómo les puede hacer sentir? ¿En que desencadenan una serie de reacciones de desprecio y odio que pueden incluso llegar a la violencia física? Por supuesto que no.  En las bajezas en que la religión y la política suelen caer, el fin justifica los medios, sin importar el costo que pueda acarrear.

La lectura de las reacciones que estos temas generan en redes sociales, evidencian que hay un sector muy importante de nuestra sociedad repleto de estereotipos, ávido de señalar, atacar y ofender. La lectura de los razonamientos que se utilizan para justificar que estas personas no son sujetas de derechos,  denota la ausencia de argumentos bien fundamentados, lo que sugiere que ante el desprecio y el odio que las personas LGBTI les generan, deben de rebuscar, en los argumentos más absurdos, la manera de expresarlo. El cinismo, es también utilizado comúnmente para maltratar.

¿Por qué este tipo de reacciones? Diría el psicólogo social Erich Fromm, que estas personas señalan y atacan a quienes consideran “inferiores” o en desventaja, como una manera de aliviar sus propios sentimientos de inferioridad o por su condición de subordinación con respecto a otras personas. Esto tiene mucho sentido, porque el ataque lo hacen con base en estereotipos y la manipulación a conveniencia de textos bíblicos, pero no con base en un conocimiento adecuado de la sexualidad humana, y más aún, en un acercamiento a las dimensiones humanas de las personas LGBTI.

He conocido durante los últimos días, gran cantidad de casos de estas personas en los que incluso familiares cercanos se han dado a la tarea, mediante redes sociales, de enviar de mensajes de todo tipo, incluyendo altamente ofensivos, para oponerse al reconocimiento de sus derechos humanos.  Este tipo de prácticas cobardes, cargadas de desprecio y para nada cristianas, abundan en estos días en nuestro país de paz, en el país más feliz del mundo.

La coyuntura actual nos pone de frente a la sociedad que también somos, más allá del pura vida cuando hay que ayudar al prójimo luego de un desastre natural, o cuando gana la Sele.  Reconozcámoslo: somos una sociedad muy agresiva,  una sociedad que desprecia y odia.

Tal vez haya que empezar por pensar, si cuando hablamos o atacamos, la persona que tenemos al lado podría ser de la población LGBTI.  Si les estamos enseñando a nuestros hijos e hijas a despreciar sin fundamento real, con base en estereotipos; a ver como natural lastimar a otras personas.

También, qué tipo de personas somos si sentimos gusto o placer en maltratar a otras. Tal vez sirva que cada quien se pregunte: ¿Me gustaría que me lo hicieran a mí?

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