Noruega destaca como un pilar, para la nueva humanidad. Un tema de actualidad —pero, en redes virtuales. Ahora que ha dado la sorpresa alegre en el mundial de fútbol. Y que a todos nos ha gustado verles actuar dentro y fuera de los estadios, así como en su propia tierra, su patria. Su proceder tranquilo y respetuoso. Ese saber estar que ha marcado la pauta. Y la diferencia.
Es una luz, un faro. Un puente. Los noruegos son de hablar directo y actuar. Aún más directo —eso que a los ticos nos parece grosero. Todo de frente. Coherencia. Una conducta congruente entre: sentir, pensar, hablar y proceder. Armoniosa. Y eso se sintió, porque se percibe con facilidad. Sólo bastó verles hacer el performance del remo. El remar colectivo. Y todos el mundo entero cayó con estrellitas en los ojos al ver semejante derroche estético belleza coordinación y acción.
Lo políticamente correcto: en Noruega no existen los chismes. Así. Sencillo. Nadie pierde el tiempo con semejante despropósito. E irrespeto hacia uno mismo. El faro se ilumina desde la conducta individual. Desde cada uno. La individualidad llevada a su máxima expresión. (Que no el individualismo, que son dos cosas diferentes). Chisme, juicio, crítica, desvalorización. No son luz. No es correcto.
Ellos los noruegos cambian la percepción de forma activa. Es un cambio de fondo. No es una sociedad perturbada corrupta. Ni quieren mutar a los políticos, no porque sean muy buenos, sino porque primero han de transformarse ellos mismos. Saben que cada uno tiene el cambio en sus propias manos.
Es un vivir desde la luz se podría decir. A sabiendas de que la luz es verdad, es integridad, es amor, es alegría, es honestidad, es bienestar. Es la inteligencia expresándose. Pristina.
El remo. Colaborativo. Coordinado. La sociedad de la confianza. En lo personal no concibo desconfiar de los otros ticos. Costarricenses. No puedo. No podría. ¿Cómo hacerlo? ¿Por qué? ¿Para qué? Por el contrario: son mis legítimos prójimos —la raíz del término así lo verifica: prójimo de próximo. Nadie ha estado más cerca ni lo estará que otro costarricense. Ni los intereses más imbricados. Mutuos.
No dejan de remar. Juntos. En la abundancia y en la adversidad: remando al unísono. No se conocen entre sí obviamente, pero van unidos. Y eso es muy “nice” de experimentar. Todos comparten, porque son noruegos. Son patriotas. Se podría decir. Lo comentaba en un debate online que una vez pasadas las elecciones todos los partidos políticos se juntan, para gobernar por el país que es de todos y saben que tienen que remar juntos, para resolver los proyectos, perentorios, cuanto antes. Ahí se abandonan los colores partidarios, porque la prioridad es y está muy clara.
El deporte es una actividad de masas, transversal. Todos hacen algún deporte. De hecho, la mamá del goleador Erling Haaland es una atleta heptacampeona y su padre futbolista también. Por tanto, no hay gordura posible. No hay obesidad. No hay enfermedad. Todos son muy “slim”. Adultos, mayores, y chiquitos.
Una crítica una observación que se les hace a menudo tiene que ver con lo ricos que son. Que así es muy fácil un buen vivir una sociedad equitativa super igualitaria, les dicen. Al ser tan ricos todo está dado. Los noruegos son grandes exportadores de petróleo y a cada rato —me da la sensación— están descubriendo nuevos yacimientos. Manejan esa tecnología muy bien esas enormes plataformas en los bravíos mares del norte (el Mar del Norte). Sin embargo y aquí lo interesante: la sociedad noruega primera en desarrollo humano se hunde en sus raíces más profundas. Ellos aun cuando fueron pobres —no siempre han sido ricos— mantenían el mismo nivel de vida. De igualitarismo de equidad entre unos y otros. Los mismos principios y valores. No los pierden. Ese es el tesoro. Gente de los mares grandes marinos y pescadores.
Por tanto, los sueldos no varían tantísimo entre unos y otros. Los ingresos van bastante parejos. La educación es buenísima. No hay educación privada. La medicina es buenísima. El arte y la cultura gozan de varios pilares universales: Henrik Ibsen, Edward Grieg, Edward Munch, el grupo musical A-ha y su siempre vigente “Take on me”. Y el más actual premio Nobel de Literatura Jon Fosse galardonado en 2023 por sus innovadoras obras de teatro y prosa que dan voz a lo indecible (también están Sigrid Undset, Knut Hamsun, Bjørnstjerne Bjørson además de Thor Heyerdahl el explorador del Kon-tiki que merece una otra columna completa aparte sólo para él y sus hazañas) egresado de mí misma universidad. Todo un portento todo un orgullo.
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