Hace algún tiempo, los costarricenses encontramos una explicación sencilla cada vez que la selección nacional atraviesa un bache, los jugadores no rinden, el entrenador no convence o que “la generación ya no es la misma”. Pero ¿y si el problema fuera mucho más grande que lo que sucede en el terreno de juego?
El difícil presente de la selección de Costa Rica no debería analizarse únicamente desde los malos resultados. Detrás de cada derrota y fracaso deportivo hay decisiones y, sobre todo, una estructura que lleva años tambaleándose.
El reciente despido de Fernando Batista tras un rendimiento del 5% era una decisión inevitable, un proyecto que se había presentado para encarar la eliminatoria hacia el mundial de 2030 apenas duró unos meses. Ahora la federación recurre al excapitán Bryan Ruiz de manera interina como “apagafuegos”, para intentar corregir el rumbo de la Tricolor.
Sin embargo, considero que sería un error pensar que el problema solo está en el banquillo. La historia reciente demuestra que la selección vive una constante improvisación de cuerpos técnicos y proyectos en los últimos 8 años.
Desde mi punto de vista, el verdadero problema es mucho más profundo, hay fallos estructurales y abarca absolutamente todo. Desde las cabezas de la federación, el presidente Osael Maroto y el director de selecciones Rónald González, hasta los procesos de formación en selecciones menores, los futbolistas y sus representantes actuales y los distintos entrenadores que se han sentado en el banquillo Tricolor.
El primer punto está en la dirigencia. El fútbol costarricense parece vivir del cortoplacismo: se piensa en el próximo partido, en la próxima eliminatoria o en apagar la siguiente crisis, pero no en construir un proyecto que pueda sostenerse durante años.
También existen decisiones dentro de la estructura de selecciones que generan cuestionamientos. Casos como la designación de familiares de miembros del cuerpo técnico en puestos de selecciones menores obligan a preguntarse si realmente se está priorizando el mérito y la capacidad.
A esto se suma la relación entre los clubes y las selecciones. Cada club tiene sus propios intereses deportivos y económicos, pero Costa Rica necesita una visión conjunta. Si las decisiones se toman pensando únicamente en el beneficio inmediato de los equipos, resulta difícil construir un proyecto que beneficie al fútbol nacional en el largo plazo.
Los jugadores tampoco están libres de responsabilidad. Hace falta mayor ambición para buscar competencias de más alto nivel y desarrollar sus carreras. Los representantes también tienen influencia en esas decisiones y, aunque el aspecto económico es importante, priorizarlo siempre sobre el crecimiento deportivo puede terminar perjudicando al propio futbolista y, posteriormente, a la selección.
La formación de jugadores y el trabajo de las selecciones menores deberían ser la base del proyecto. La poca presencia en mundiales juveniles y Juegos Olímpicos debería hacernos cuestionar qué tan bien estamos preparando a las nuevas generaciones. No podemos esperar resultados diferentes si seguimos formando de la misma manera.
Como último punto, los entrenadores han chocado con una pared, sus ideales no consiguen adaptarse a la idiosincrasia del fútbol costarricense. La contratación de Bryan Ruiz, 3 veces mundialista y con 144 partidos oficiales bajo la espalda podría ser un primer paso, a solucionar esta problemática de nuestro balompié.
Y mientras Costa Rica discute internamente, otras selecciones de la región avanzan. Panamá, Haití y Curazao demuestran que pueden competir y poner en dificultades a una selección que durante años estuvo acostumbrada a ocupar un lugar importante en la Concacaf. La diferencia no es solamente talento, también son preparación, intensidad, formación y mentalidad competitiva.
Por eso, el problema nunca fue solamente Fernando Batista. Cambiar al entrenador puede ser necesario, pero no suficiente. Si no se revisa la estructura completa del fútbol costarricense, Bryan Ruiz podrá apagar este incendio y mañana aparecerá otro. El verdadero reto no es encontrar al próximo técnico, sino construir de una vez por todas el proyecto que el fútbol de Costa Rica lleva años necesitando.