Cuando se habla de transformación digital la conversación suele concentrarse en las grandes plataformas tecnológicas: cuánto se invierte en infraestructura o qué tan rápido las empresas adoptan inteligencia artificial, nube, analítica y automatización. Sin embargo, para Costa Rica existe una pregunta más estratégica: ¿quién tiene la capacidad de convertir esas tecnologías en soluciones que respondan a las necesidades de las empresas, las instituciones y las distintas industrias?
Tener acceso a tecnología de clase mundial no significa necesariamente saber aprovecharla. Una organización puede adquirir una plataforma avanzada y necesitar conocimiento especializado para integrarla con sus sistemas, adaptar sus funcionalidades, migrar información, capacitar a sus equipos y optimizar su operación. La diferencia entre adoptar tecnología y obtener resultados está, en buena medida, en las capacidades disponibles para ponerla a trabajar.
En ese proceso, los socios de negocio tecnológicos —conocidos como partners— cumplen una función relevante. No son únicamente intermediarios que comercializan licencias: diseñan soluciones, integran plataformas, implementan proyectos, operan servicios y desarrollan especializaciones para distintas industrias. Su conocimiento permite convertir herramientas globales en soluciones adaptadas a las necesidades de cada mercado.
Desarrollar capacidades para generar valor local
Costa Rica ha construido durante décadas una posición diferenciada en la economía regional, apoyada en su capital humano, los servicios empresariales y su capacidad de inserción internacional. Sin embargo, mantener esa ventaja exige renovar conocimientos y desarrollar nuevas especializaciones a medida que evoluciona la tecnología.
Desde una perspectiva económica, fortalecer las empresas tecnológicas locales permite que una mayor parte del valor generado por la transformación digital se traduzca en conocimiento, experiencia y oportunidades dentro del país. Una economía que depende exclusivamente de capacidades externas para implementar y evolucionar su tecnología tiene menos posibilidades de acumular ese conocimiento en su propio tejido empresarial.
En cambio, cuando las empresas locales desarrollan competencias para diseñar, integrar, operar y optimizar plataformas, pueden asumir proyectos de mayor complejidad, formar profesionales especializados y ampliar sus servicios hacia otros mercados. Así, la tecnología se convierte no solo en una herramienta para mejorar la productividad, sino también en una oportunidad para generar empleo calificado y exportar conocimiento.
El recorrido de varias empresas costarricenses permite ilustrar esta dinámica. Estas compañías, muchas con varias décadas de trayectoria, han desarrollado soluciones para organizaciones dentro y fuera del país, con experiencia en áreas como inteligencia de negocios, aplicaciones digitales, salud, transformación tecnológica y telecomunicaciones. Sus trayectorias reflejan cómo el conocimiento tecnológico puede consolidarse en una empresa local y convertirse en una capacidad para atender mercados más allá de las fronteras nacionales.
Un ecosistema que impulsa la especialización
El desarrollo de estas capacidades requiere inversión continua en formación, certificaciones y experiencia práctica. También necesita un entorno que conecte ese conocimiento con oportunidades reales de negocio.
En Centroamérica y el Caribe, el ecosistema de Oracle reúne 163 organizaciones partner y 481 profesionales vinculados a esta red. De los 110 partners ubicados en Centroamérica, 45 están en Costa Rica. Estas cifras permiten dimensionar la base empresarial y profesional que existe alrededor de las tecnologías de Oracle en la región.
En este sentido, Iniciativas como Oracle Expertise Connect buscan fortalecer ese ecosistema mediante empresas con diferentes especializaciones, acompañadas por tecnología, formación, certificaciones y herramientas. El propósito es ampliar las capacidades disponibles para los clientes y facilitar que los socios profundicen su conocimiento, desarrollen nuevas ofertas y participen en proyectos de mayor complejidad.
La formación, sin embargo, adquiere su verdadero valor cuando se traduce en experiencia. Para que el talento especializado crezca, debe existir una demanda empresarial capaz de ofrecer oportunidades para aplicar ese conocimiento. A su vez, cuando las empresas acumulan experiencia en proyectos complejos, están mejor preparadas para desarrollar nuevas soluciones y competir en otros mercados.
Esta relación entre formación, experiencia y oportunidades de negocio es especialmente importante para economías pequeñas, donde la capacidad de exportar servicios especializados puede ampliar el alcance de las empresas más allá de la demanda nacional.
De la adopción tecnológica a la competitividad
La conversación sobre transformación digital debería ir más allá de cuánto invierten las organizaciones o cuántas plataformas incorporan. También necesitamos preguntarnos cuántos profesionales estamos formando, cuántas empresas desarrollan capacidades propias y cuánto conocimiento especializado somos capaces de convertir en servicios competitivos para otros mercados.
Estas variables ayudan a determinar si la digitalización está generando una capacidad productiva duradera o si se limita a la incorporación de nuevas herramientas.
Costa Rica cuenta con una base de talento y experiencia empresarial sobre la cual puede seguir construyendo. El desafío consiste en profundizar esas capacidades, impulsar la especialización y crear condiciones para que las empresas locales participen en proyectos de mayor alcance.
La economía digital no se construye únicamente con infraestructura y plataformas. Se construye cuando existen personas capaces de dominar la tecnología, empresas que pueden adaptarla y organizaciones que convierten ese conocimiento en soluciones para sus clientes.
Para Costa Rica, esa es la oportunidad: pasar de adoptar tecnología a desarrollar capacidades que generen productividad, fortalezcan el tejido empresarial y permitan competir con conocimiento propio en una economía cada vez más digital.