¡Qué alegría y qué felicidad da levantarse un 3 de enero con el WhatsApp lleno de mensajes de mis contactos y amigos venezolanos celebrando e informándome de una noticia! —al momento de recibir los mensajes más un rumor—: Estados Unidos ha invadido Venezuela y capturado a Nicolás Maduro.
Me cuesta creer que estoy celebrando la invasión de una potencia a un país latinoamericano. Pero, sin embargo, recuerdo que es Venezuela. Recuerdo a los miles y miles de migrantes cruzando a pie un continente con niños de brazos, abriéndose paso en el Darién, pisando muertos; cuerpos que alguna vez pensaron que el riesgo de morir era mejor que la pena de seguir viviendo en una Venezuela socialista. Recuerdo las conversaciones con mis amigos sobre el país que alguna vez fue, y que Chávez convirtió en una favela petrolera.
Cuando veo los videos de Maduro, Chávez y Diosdado abriendo la cloaca que conecta su cerebro marxista con el mundo, escupiendo las más absurdas sandeces y siendo aplaudidos por centenas de siervos menguados que venden su sentido común y humanidad a cambio de succionar la riqueza de los recursos venezolanos y llevar al hambre a sus hermanos.
Cuando en un semáforo en rojo un hombre con una bolsa de confites camina entre los carros, y en la acera su mujer con tres niños pequeños sostiene una cartulina que dice “Somos venezolanos, venimos…”, como si la nacionalidad venezolana fuera adjetivo de hambre, miseria, necesidad y mendicidad. Y es que, después de todo, en eso se ha vuelto gracias a su dictadura que se atreve a llamarse gobierno.
Cuando los memes de Instagram encasillan a todo venezolano como un repartidor de comida rápida de nombre gracioso, demostrando que la única igualdad verdadera que el socialismo en práctica alcanza es la de hacer a todos igualmente necesitados, independientemente de quién sea el individuo.
Cuando me acuerdo de los vídeos de Caracas y otras partes de Venezuela: marchas de quizás millones de personas, no solo en contra del gobierno, sino en contra de seguir en la miseria, en el hambre, en una inflación que hace que el concepto de dinero —y con él el valor del tiempo y de la vida humana— se diluya en cantidades absurdas de ceros, haciendo más valioso el papel higiénico que la moneda del país.
Cuando hablo con nicaragüenses en Costa Rica y veo las diferencias radicales al otro lado de un río; cuando veo las represiones militares a prensa, políticos, estudiantes y opositores de los regímenes narcocomunistas de Nicaragua y Venezuela. Cuando veo a Petro claramente drogado, babeando discursos incomprensibles y absurdos, promesas de carros eléctricos que no funcionan y microchips “Nvidia” hechos con arepas.
Cuando recuerdo a Pepé Mujica, que pese a todo respeto decir descaradamente “no hay que ponerse al frente a la Tanqueta” y recuerdo a los atropellados por el régimen, cuándo recuerdo con el asco indescriptible que invita al vómito de ver y oír a los diputados del frente amplio costarricense, acusar al actual gobierno de ser un “Narco Estado, dictatorial y opresor” porque puedo leer entre líneas que en realidad de lo que se están quejando es de que NO ES SU NARCO ESTADO, DICTATORIAL Y OPRESOR, verlos como se niegan a repudiar las fraudulentas elecciones venezolanas y al contrario felicitan a la dictadura homicida Venezolana por sus recurrentes “victorias”.
Pues cuando recuerdo esto y otras muchas cosas más, realmente celebró la invasión de Venezuela y la captura de Maduro.
Los principios del liderazgo de Trump
Aún recuerdo cuándo en 2016 la elección de Trump en su primer mandato me llevó a tener una verdadera respuesta fisiológica de estrés y preocupación. Como entonces aunque fuera parcialmente creía la narrativa de la corporativa mediática americana e internacional, de que Trump era un peligro, una amenaza para la estabilidad global.
Recuerdo también el momento de impasse que me hizo sentir verdadera repugnancia por la narrativa cobarde y la coordinación de las esferas de poder americanas de la prensa y la academia siendo su tumor más purulento las universidades liberales gringas que adoctrinan jóvenes en una narrativa criminalmente parcializada. Cuando Lawrence Krauss y otros científicos movieron el reloj del fin del mundo a 2.5 minutos antes de medianoche como resultado de la elección de Donald Trump. Meses más adelante vería a Trump cruzar el Paralelo 30.
Recuerdo las mentiras del Russia Gate y la protección fanática, criminal y mentirosa de CNN, MSNBC, y el New York Times entre otros medios de Hunter Biden y su implicación en Barisma en Ucrania y como Putin supo invadir a Ucrania tomando Crimea en la administración de Obama y más recientemente en la administración de Biden, mientras los socios Europeos de la OTAN se abrazaban como tórsalos al poderío militar estadounidense.
Recuerdo a la ONU reírse en la cara de Trump cuando le dijo textualmente a Alemania y a Europa que el Nord Stream comprometía la soberanía económica, militar y energética de Europa mientras que financiaba las actividades criminales rusas y con ellas las brasileñas, chinas, iraníes, venezolanas y nicaragüenses entre otras.
Recuerdo no recuerdar ver en CNN, Canal 7, la Nación, en la BBC ni ningún otro medio “tradicional” noticias sobre como el “primer” presidente “afroaméricano” bombardeaba Yemen sin tregua y sin aprobación del congreso y como Trump detuvo esos bombardeos.
Recuerdo las historias y películas de Afganistán invadido, recuerdos a los miles de Afganos correr enfrente de los aviones estadounidenses que dejaban el país y las madres afganas lanzar a sus bebés a los brazos de los soldados estadounidenses en desesperación para que se los llevaran sabiendo que la salida de Estados Unidos de la región implicaba el retorno de los Talibanes y el terror islámico al país. Recuerdo la narración en particular de un soldado sobre cómo una madre que lanzó a su bebe de brazos a los soldados y al no tener la fuerza suficiente el bebé quedó atrapado en los alambres de púas.
Recuerdo la gente cayendo de los trenes de aterrizaje de los aviones que alzaban vuelo, porque incluso la idea de cruzar el planeta en las llantas de un avión tan inverosímil como suena, era mejor al terror de vivir en un estado islámico. Similar al que ahora muchos países de Europa parecen preferir a su propio estado de derecho. Pero recuerdo que esa era una promesa de campaña de Trump y sé que muchos soldados americanos también fueron muertos y deformados por una guerra iniciada por Bush sin relación con el ataque de las torres gemelas y que los demócratas felizmente mantuvieron.
No se negocia con terroristas
Y aunque no soy necesariamente fan de la retórica “del hombre fuerte” e igualmente me preocupa el futuro a largo plazo de El Salvador que ha desarrollado la infraestructura represiva necesaria para ahogar cualquier foco opositor al gobierno de Bukele, no puedo evitar ver con sincera alegría, admiración y un poco de envidia la conversión de El Salvador de una zona de guerra barbárica y salvaje en el país más seguro del continente.
Tengo que admirar y encomendar la actitud de Trump y del cubano Marco Rubio de no negociar con terroristas. Durante la segunda guerra mundial, Churchill prohibió a su cuerpo diplomático negociar concesiones de territorio con los Nazis pues el simple hecho de recibirlos implicaba legitimar su posición, asumir que había algo que escuchar. Estados Unidos siguió al pie de la letra esta máxima. Maduro tenía una única opción que era salir del poder, sólo podía escoger si hacerlo voluntariamente, a la fuerza o en bolsa plástica.
Maduro fracasó como todo gobierno de izquierda extremista. Y su mayor fallo durante los últimos meses fue creer que podía negociar su permanencia.
En contraste cobarde, servil está México, AMLO y Sheinbaum con su patética política de “Abrazos no Balazos” que busca “negociar con carteles” criminales a todas luces, que siembran cementerios de cadáveres cercenados mientras que ONGs infectadas de tecnócratas adictos a la burocracia facturan en sus hojas de cálculo inclusivas capacitaciones infinitas y cócteles Michelin a los impuestos ciudadanos.
El regreso de la Doctrina Monroe
En mis redes sociales tengo la costumbre de seguir personas que tienen la amable constancia de estar siempre equivocadas e incluso en las rarísimas ocasiones en las que tiene razón llegan a ella por los medios erróneos, esto me sirve para llevar un pulso de la interpretación de la realidad del otro lado de la acera, ya que su opinión es una brújula moral atrofiada que apunta al error pero que sirve para perfilar el norte correcto y su enojo un termómetro que mide la verdadera injusticia.
Teniendo en cuenta entre estos relojes malos tengo a varios frenteamplistas y a un tal Albino Vargas, que nunca paran de reforzar con sus errores y retóricas cojas que lo opuesto a sus degeneradas opiniones es frecuentemente una idea con mejores oportunidades de ser correcta y todos como un coro de ratas han empezado a cantar las mismas disonantes canciones de:
- Vuelve la doctrina Monroe (esto es cierto y dicho así por Trump) y aquí está la lista de atrocidades generadas por ella.
- Dejemos que la ONU se encargue de la transición.
- Y otras estupideces más graves…
América para los americanos y el gran garrote
Y entonces empezaron estos relojes rotos arriba mencionados a decir que la doctrina Monroe de 1823 era nefasta y negativa. Y en el siglo XX buena parte de los intelectualoides latinoamericanos entre los que se cuentan algunos escritores mediocres y algunos apenas “menos peores” a quejarse de que la política no era un escudo sino un garrote.
Y en ocasiones tenían razón, pero siempre se escondían en las faldas de las libertades y beneficios de ser esbirros de la academia, de la libertad de sentirse mejor por haber nacido privilegiados de ser de padres Europeos, saber leer y escribir y con ello creerse merecedores de respirar un aire más elevado que la Latinoamérica labriega, bendecidos con educación hicieron de las escuelas, universidades y bibliotecas sus trincheras desde donde disparar sandeces.
Y por el odio a no ser ellos quienes estaban en el poder, crearon cuentos fantásticos en invasiones maquiavélicas, mientras romantizaban a un tal “Ernestico”, homofóbico, mentiroso, genocida, que se hacía pasar por médico y en vespa iba dejando sangre y muertos en su tour de malas praxis en dirección a Cuba. (Cuba espera te volverá la oportunidad de ser libre ¡Viva Cuba libre!)
Y estos falsos y mentirosos eruditos pudrieron la mente de otros nativos latinoamericanos que envidiaban la arquitectura brutalista rusa, que coqueteaban con la Alemania comunista y la represión china, sembraron peronismos y los regaron con la sangre de sus opositores y las lágrimas de las madres de los presos políticos y decían que todo se debía a la maldad capitalista de Estados Unidos. Y como todo reloj malo dos veces al día daban en la hora correcta. Mucho hay que hablar de Monsanto, Iran-Contras, DDT, y las repúblicas bananeras…
Y cuando llegaron con engaños al poder, mantuvieron la narrativa de “pobresitismo” para mantener al pueblo pobre, torpe, ignorante, necesitado con hambre. Vendiéndoles bálsamos falsos inflando la moneda y devaluando al individuo en pos de ensalzar la glorias comunales, restringiendo la dieta del pueblo a lo que dios quiera y la tierra permita, mientras que sus hijos y ellos mismos viven la vida de aristócratas que en cadena de televisión satanizan.
Estados Unidos no es ningún santo, Irán-Contras, Pinochet y otras vulgaridades geopolíticas y mercantilistas caníbales de la mano de degenerados infrahumanos como Henry Kissinger por cuya partida al infierno brindé, les hacía regodearse en una sensación de tener la razón. Mientras se inventan ONGs para crear un juego infinito de ayudas que ocupan capacitaciones, talleres, reuniones y seminarios aderezados con bufetes y cócteles pagados con los sueños triturados de sus ciudadanos.
Celebremos ticos aunque aún es temprano ¡Hoy Venezuela da un primer paso para dejar las cadenas del comunismo y el neomarxismo chavista! ¡No permitamos que Costa Rica compre estas narrativas tóxicas y venenosas!
A aquellos que creemos en el individuo como de los derechos y en la familia como base de la sociedad, aquellos que creemos los ideales aunque míticos de la idea griega de la democracia vigilemos. Queremos a los venezolanos libres, si todo sale bien esperamos un periodo de transición, no debemos por el gran logro de Estados Unidos olvidar los principios de libertad, independencia y soberanía de los pueblos. ¡Que Venezuela sea libre!