
Las sanciones carentes de proporcionalidad que los magistrados aplicaron a sus colegas, que después de un vaivén fueron modificadas y; a última hora, algunas de ellas anuladas, encendieron un polvorín de críticas y quejas justas de toda la opinión pública del País; cuya causa principal fue: “Juez y parte al mismo tiempo”, en palabras sencillas, todo se cocinó en casa, entre ellos mismos y; por más remate en secreto.
Como si no fuera suficiente, reaparecieron las objeciones a las actuaciones; endémicas, de la Corte Suprema de Justicia en las decisiones, sin consultas previas y menos apelaciones, de los tiempos de jubilación, el monto de las pensiones, los fondos pertinentes, los salarios y los pluses, entre otras ventajas; que originaron la clasificación de los magistrados como: “Los intocables”, que; dicho sea de paso y por la crónica, la etimología de la palabra (véase el “mataburros”) no es digna de un buen léxico, sin embargo; en el caso específico no es ofensiva y; significa no interferir en la competencia y decisiones de los “togados”.
Pese a que el Poder Judicial, esté en la capilla ardiente y es uno de los pilares de la Constitución Política de Costa Rica y debe seguir existiendo, no dudamos a priori de la honorabilidad de sus miembros, quienes; a veces, como seres humanos que son, incurren en algunas parcialidades. Sugerimos, con todo respeto; una solución posible al problema que consistiría en la participación activa del Ministerio de Justicia y Paz, en la creación de un Consejo Supervisor de Justicia, formado por un selecto grupo de jurisconsultos, permanente y dependiente; exclusivamente, del mismo Ministerio de Justicia y Paz, que fuera vinculante y por tanto debería, nombrar a los magistrados, en lugar de la Asamblea Legislativa, luego; promoverlos, amonestarlos, si fuera del caso y; hacerse cargo de todos los Recursos Humanos, tales como, el tiempo de las jubilaciones, el monto de las pensiones, los salarios, los plus y demás emolumentos de la totalidad de los funcionarios judiciales, por consiguiente, los magistrados y los jueces podrían administrar justicia libres de todos los trámites burocráticos actuales.
Como de costumbre; deberíamos cerrar el presente comentario, con un “broche de oro”, pero; sin presumir de brujos, aguardamos una lluvia de objeciones y críticas, entre las cuales, de seguro; estará: “quiere eliminar la autonomía del Poder Judicial”, en buen tico: “ni modo y como somos todos entrenadores de fútbol, ¿por qué no?, también somos expertos en Derecho”.
—
Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, fotocopia de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr.