Fútbol Nacional

Liberia tiene un camino difícil para iniciar el próximo torneo

Wilder Eusse, presidente de Municipal Liberia.
Wilder Eusse, presidente de Municipal Liberia.

El fútbol costarricense vive días convulsos.

En medio de la atención que genera el Mundial 2026 y de una pretemporada que apenas comienza a tomar forma, Municipal Liberia se ha convertido en el centro de una situación que trasciende lo deportivo y que obliga a las autoridades del fútbol nacional a tomar decisiones complejas.

Lo ocurrido esta semana no es un episodio más.

Desde mi punto de vista, supera cualquier caso que haya golpeado al fútbol costarricense durante los últimos dos años.

No estamos hablando de una sanción deportiva. No estamos hablando de una diferencia administrativa entre dirigentes. Tampoco de una investigación interna dentro del fútbol.

Estamos hablando de que Estados Unidos solicitó la extradición del presidente de un club de Primera División por presuntos delitos relacionados con el narcotráfico.

Solo esa frase debería ser suficiente para comprender la dimensión del asunto.

Por supuesto, cualquier persona tiene derecho a la presunción de inocencia y será la justicia la que determine responsabilidades. Eso no está en discusión.

Lo que sí está en discusión es el impacto que una situación de esta magnitud tiene sobre una institución deportiva que participa en la máxima categoría del fútbol nacional.

Algunos argumentarán que el problema es de Wilder Eusse a título personal y no de Municipal Liberia.

Es una posición válida.

Sin embargo, esa tesis comienza a perder fuerza cuando se recuerda que la Federación Costarricense de Fútbol informó que el Departamento de Licencias ya había emitido dos prevenciones relacionadas con inconsistencias en la información financiera y legal presentada por el club y por la empresa administradora de la cual Eusse figura como presidente.

Y ese detalle cambia el análisis.

Porque las observaciones de Licencias no surgieron después de la detención.

Surgieron antes.

Eso significa que existían inquietudes previas que las autoridades del fútbol consideraron lo suficientemente importantes como para requerir aclaraciones y correcciones.

Por eso el caso no puede analizarse únicamente desde la óptica judicial.

También debe analizarse desde la perspectiva regulatoria y administrativa del fútbol costarricense.

Hace apenas unos días, el fiscal general Carlo Díaz reconoció públicamente su preocupación por las inversiones que podrían estar llegando al fútbol nacional y por la necesidad de prestar atención a la procedencia de ciertos recursos que se mueven alrededor de esta industria.

No es una preocupación menor.

Durante los últimos años hemos visto casos de amaños de partidos en la Liga de Ascenso, sanciones a dirigentes, clubes con problemas para demostrar transparencia en sus operaciones y equipos que incluso perdieron la licencia para competir.

Ahora el escenario es todavía más delicado.

La extradición solicitada por Estados Unidos coloca al fútbol costarricense frente a una situación sin precedentes recientes.

Por eso el Comité Ejecutivo de la Federación y la Unafut tienen una tarea incómoda por delante.

No será una decisión popular.

Cualquier medida que adopten generará críticas.

Habrá quienes consideren excesiva una eventual intervención y habrá quienes crean que no se está actuando con suficiente firmeza.

Pero la función de las autoridades no es caer bien.

Su función es aplicar los reglamentos.

No más.

No menos.

Si las observaciones de Licencias fueron subsanadas, deberá demostrarse.

Si todavía existen dudas sobre la estructura administrativa, financiera o legal de la institución, deberán resolverse.

Y si existen incumplimientos, deberán aplicarse las consecuencias previstas en la normativa.

El problema para Liberia es que el tiempo juega en contra.

El inicio del Torneo de Apertura 2026 está a poco más de un mes y la incertidumbre no ayuda a nadie.

No ayuda al club.

No ayuda a los jugadores.

No ayuda a los patrocinadores.

Y tampoco ayuda a la credibilidad del campeonato.

Lo peor que podría hacer el fútbol costarricense en este momento es actuar como si nada hubiera ocurrido.

No porque exista una condena.

No porque alguien haya sido declarado culpable.

Sino porque la transparencia exige respuestas cuando aparecen dudas razonables.

El fútbol mueve millones de colones cada temporada.

Genera empleo.

Atrae inversión.

Moviliza aficionados.

Y precisamente por eso no puede permitirse operar bajo ninguna sombra de incertidumbre.

La transparencia no es una opción.

Es una obligación.

Y cuando la confianza se pone a prueba, la única respuesta posible es más claridad, más controles y más rendición de cuentas.

Liberia tiene un camino difícil por delante para llegar al próximo torneo.

Pero el reto no es únicamente de Liberia.

También es del fútbol costarricense.

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Emitida en SAN PEDRO, el 29 de julio del 2025.
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