Lejos de la ciudad

En el 2011, el pueblo indígena purépecha de Cherán K’eri, localizados lejos de la ciudad de Michoacán, México, se levantó en armas para enfrentar al crimen organizado y expulsar a todos los políticos de su comunidad. En este lugar está prohibida la propaganda política, las campañas electorales, administran los recursos por su cuenta y se hacen cargo de su propia seguridad. Su forma de gobierno consiste en ‘asambleas’, se rinden cuentas todas las semanas y la compensación máxima para un representante es de 4,000 pesos, ó 111,000 colones. A esto se le llama autogestión. ¿Cómo les ha ido? Hace 7 años no hay un solo muerto a causa del narcotráfico y el crimen organizado. Además, están a la vanguardia del manejo de desechos sólidos en la región latinoamericana y ya tienen un megaproyecto: el sistema de captación de agua más grande de América Latina. Cherán, población: 16,000 habitantes.

Más reciente, en Costa Rica, un candidato fue ‘bendecido’ en asumir la presidencia por una “coalición” inédita integrada por: católicos, neoliberales, socialistas y comunistas, grupos de presión homosexuales y movimiento LGTBI, medios de comunicación, y por supuesto, los mismos seguidores del partido ganador. No olvidemos a la Virgen, ‘la Negrita’, cuya imagen y pobladores de la ciudad en que se hospeda, jugaron un rol especial en este desenlace inesperado, y que esperan volver a romper récords de visitantes en agradecimiento. Después de esta “fiesta electoral” donde se repartió odio en nombre del amor, el presidente Alvarado asumió su mandato con metas concretas y ambiciosas: un país descarbonizado, sin plásticos de un sólo uso y un gobierno multipartidista. No fue como en Cherán, pero celebramos en la fuente de la Hispanidad, como si hubiéramos ganado el Mundial.

Lejos de la ciudad, en las afueras, la zona rural, en las orillas del país, fuera de la meseta central, en las zonas de vacacionar de los capitalinos, no se escucharon los mismos cánticos. De hecho, todavía ahí se murmura entre ellos, se preguntan si aquí en el Valle votamos porque algunos se pudieran casar antes de que ellos se pudieran alimentar. Talamanca en Limón, La Cruz en Guanacaste y Garabito de Puntarenas son los cantones que presentan los niveles de menor desarrollo y progreso social del territorio nacional. Con hambre reina el caos y no hay paz, y ahora estas personas con la panza vacía tienen los niveles de esperanza más bajos del país “pura vida” en que sobreviven, pero en el que casi no pueden habitar. No matamos estudiantes como en Nicaragua, o tenemos un presidente que le habla a un pajarito como en Venezuela. Tampoco tenemos los niveles de violencia que Honduras, El Salvador o Guatemala. Todavía. Sin embargo, el aumento del consumo y tráfico de drogas y los ajusticiamientos van en aumento, y ya llegaron hasta los barrios más ‘finos’ de la capital. Aún faltan los secuestros, que no se van a hacer esperar. “Vean lo que nos pasó a nosotros y tomen las previsiones”, nos dijeron amigos de afuera… y no escuchamos. También fuimos sordos a los votos de nuestros hermanos.

De afuera nos venden la sostenibilidad, los nuevos ‘objetivos del milenio’, donde debemos darle prioridad a la ciudad, donde están las empresas que tratan a los trabajadores como costos, gastos, recursos productivos pero dispensables, materias primas. Parece que estamos ante la última generación de agricultores y la diáspora de los pobres será una migración masiva a las aceras y caseríos de escasa humana dignidad. Estamos ante el futuro óptimo para la acumulación de poder y dinero para los oligarcas, los dueños de las organizaciones que nos embotellen hasta los sueños y contaminen los suelos, los ríos y el mar. Parecemos muy seguros que éstas instituciones internacionales, dominadas por intereses corporativos, nos deben imponer sus agendas de crecimiento infinito, de consumo desmedido y destrucción del planeta mismo.

“El que siembra la miseria, recolecta la ira”. ¿Dónde quedó el equilibrio que deben traer los estados y gobiernos? No más engaño, no nos dejemos manipular. No más discursos, como el de gobierno digital y el nuevo plan fiscal. Eduquemos consumidores, pero que también rindan cuentas sindicatos, empresarios y políticos corruptos, esos de falsas sonrisas que sólo billetes saben contar. Eliminemos la ‘burgocracia’ local, esa burguesía burocrática que disfruta de beneficios desmedidos en detrimento del común bienestar, sistema nefasto que fue creado por políticos que como en Cherán, debemos exiliar.

La innovación política debe llevarnos a cambiarlo todo. Construir un mundo nuevo, ese parece ser el imperativo y el reto, es que todos tengamos suficiente para vivir dignamente. A esto me sumo, sin embargo debemos co-crear este lugar, no debe ser una imposición global. Apostemos por el desarrollo regenerativo, hemos destruido demasiado como para querer la sostenibilidad de lo que nos queda. Lideremos entonces la economía naranja, la verde, la circular y sobre todo la del progreso social. Impulsemos la cultura, reconociendo en nuestra población su gran sensibilidad. Protejamos flora y fauna, biodiversidad que es la mejor apuesta para el bienestar. Si ya dominamos la reforestación, ahora debemos apostar por la protección marina y su conservación. Fomentemos el emprendimiento desde la primaria, la inteligencia emprendedora que combina conocimiento y pasión. Prioricemos al peatón y el transporte público libre de emisiones y eficiente. Generemos incentivos y beneficios, cobremos menos impuestos a los mejores ejemplos. Seamos el país que más mujeres son dueñas de sus empresas y ocupen puestos de liderazgo en todos los niveles de la sociedad. Hagamos más zonas francas pero esta vez para las organizaciones que generan mayor impacto ambiental y social. Especialicemos a nuestros agricultores a sembrar utilizando tecnología de punta y aumentemos valor a lo que producen para exportar. Seamos la capital del mundo de la innovación social.

Este nuevo mundo es uno de economías de amor y bienestar, donde nosotros le digamos al mercado cómo actuar. Es un lugar en el que se respeta la cultura local, todos los colores de la Tierra y el emprendimiento social. Trabajemos por un país donde todas las personas vivamos bajo los mejores principios que engloban el ‘Pura Vida’ de nuestra gente, no el eslogan, sino el de verdad, defendiendo valores como: la libertad, solidaridad, justicia, paz, hospitalidad, respeto, y la amistad. Vengo de un pueblo valiente, de gente que lucha el pan. Seamos un pueblo nuevo, ya es hora de empezar, a ser coherentes entre lo que vendemos y nuestro actuar. Se lo debemos sobre todo, a los que viven lejos de la ciudad.

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, fotocopia de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr.

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