La tierra del libre

» Por José Alonso Sánchez Vargas - Activista político y escritor Universidad de Costa Rica

La reciente revocatoria de visas americanas a distintos miembros de la junta directiva de un medio de comunicación nacional, abre un debate lamentable y verdaderamente preocupante, uno que trasciende nombres propios y coyunturas particulares.

Más allá de una medida migratoria o de una decisión diplomática, estamos presenciando una vulneración directa al alcance real de la libertad en sociedades históricamente democráticas.

En el momento en que el ejercicio del pensamiento crítico o la expresión de posturas editoriales derive en sanciones que tengan injerencia directa en la movilidad, trabajo o estabilidad personal, surge una duda extremadamente preocupante: ¿hasta qué punto la diferencia de posiciones es realmente tolerada?

Para poder ejercer la libertad de prensa primero se necesitan hechos fundamentales como la seguridad y la accesibilidad de los periodistas para poder ejercer su función laboral, sin eso dicha libertad es casi inexistente. Y lamentablemente este tema nos hace recaer a un concepto que con el pasar de los años se ha vuelto olvidado en los pensamientos sociopolíticos, al menos desde nuestra perspectiva costarricense, aquel que habla sobre la censura sistemática.

Costa Rica es sumamente dichosa y admirada a nivel internacional por ser un país libre, que cuenta con una democracia plena. Mucho estamos acostumbrados a regocijarnos con ese hecho, pero es importante recordar que ese tipo de democracias se distinguen precisamente por la tolerancia hacia la crítica.

Incluso si desde nuestra subjetividad pensamos que las opiniones que día con día escuchamos puedan no ser acertadas, el derecho de expresarlas es inseparable de la dignidad personal. Y cuando las sanciones diplomáticas dejan de enfocarse en conductas delictivas y se dedican a hacer persecución de enemigos políticos, se desdibuja esa línea fundamental de la libertad.

Que viva la libertad, es un discurso político que resulta sumamente bonito y esperanzador, pero esa libertad tiene que ser absoluta, no exclusiva para aquellos que piensan igual que yo. Convertir las diferencias en factores de riesgo para la integridad y la capacidad de migración o desplazamiento es traicionar directamente los principios republicanos y libertarios que muchas personas osan defender bajo este contexto.

Independientemente si usted considera que dicho medio de comunicación es acertado o no en su línea editorial, es sumamente importante entender cómo funcionan las posiciones de poder, y darnos cuenta que lo que está sucediendo es un intento para silenciar la oposición, por medio del miedo y de la pérdida. Porque cuando el precio por hablar es demasiado alto, el silencio se vuelve una imposición más allá de una elección por voluntad.

Y una sociedad dirigida por un país que impone el silencio, difícilmente puede considerarse una sociedad libre.

Que viva la libertad, pero una libertad responsable, y democrática.

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