En el escenario político nacional actual, es evidente que una parte importante de la ciudadanía no se siente plenamente representada por algunos partidos tradicionales. Aquellos que han ejercido el poder durante décadas enfrentan hoy el desafío de responder a nuevas demandas sociales, especialmente cuando existen percepciones de prácticas como el favoritismo, el uso prolongado de estructuras de poder y una desconexión con las prioridades reales de la población.
El costarricense de hoy ya no se conforma con un discurso bonito, una fotografía sonriente, una promesa de campaña o un regalito para tapar una necesidad. Ya no basta con una lámina de zinc, unas bolsas de cemento, un bono o una ayuda temporal.
Porque una cosa es ayudar a una persona que lo necesita y otra muy diferente es convertir la necesidad de la gente en una herramienta para conseguir votos. Durante años nos acostumbraron a escuchar promesas. Nos dijeron que todo iba a cambiar. Que vendrían mejores tiempos. Que habría más empleo, más seguridad, más oportunidades, menos burocracia y un Estado más eficiente.
Nos cansamos de los discursos preparados, de las palabras cuidadosamente escogidas y de las promesas que desaparecen después de las elecciones. Y también nos cansamos de los “ticos con corona”. De quienes llegan al poder y, apenas se sientan en una silla importante, olvidan que esa silla pertenece al pueblo.
Queremos un país con oportunidades, pero debemos preguntarnos qué estamos haciendo cada uno de nosotros para construirlo. Queremos mejores empleos, pero necesitamos una educación que prepare para el mundo real. Queremos seguridad, pero necesitamos instituciones que funcionen. Queremos crecimiento económico, pero también debemos dejar de castigar al que quiere emprender y producir.
Costa Rica debe decidir si quiere seguir siendo un país que administra sus problemas o uno que se atreve a resolverlos. ¿Estamos preparados para dejar de buscar salvadores, quitarnos las coronas y asumir todos —políticos y ciudadanos— la responsabilidad de construir la Costa Rica que decimos querer?
El país requiere líderes comprometidos con el trabajo serio y constante, más allá del protagonismo político, la retórica excesiva o las estrategias basadas en popularidad momentánea. La ciudadanía demanda servidores públicos que privilegien los resultados, la planificación y la responsabilidad, por encima del ruido mediático o los discursos vacíos.
Costa Rica busca personas que estén dispuestas a trabajar con ética, transparencia y vocación de servicio, actuando siempre en nombre de los ciudadanos que les han otorgado su confianza. Gobernar implica responsabilidad, respeto por los recursos públicos y un compromiso genuino con el bienestar nacional.
En este contexto, la crisis política que enfrentamos no es una simple coyuntura pasajera, sino un llamado urgente a fortalecer nuestras instituciones y a construir un proyecto político capaz de superar las divisiones y responder a las necesidades de las nuevas generaciones.