La política al servicio de la sociedad

» Por Mons. José Manuel Garita Herrera - Obispo de Ciudad Quesada

Costa Rica vivió una nueva jornada electoral para elegir, libremente, a los representantes del pueblo que estarán en diversos cargos de los gobiernos locales. Damos gracias a Dios por esta oportunidad que nos pone de cara a nuestra responsabilidad con la sociedad. Dios ilumine a los que han sido elegidos.

Es importante que, electores y elegidos, sepamos el camino a seguir para una pacífica convivencia y la puesta en marcha de un auténtico desarrollo que beneficie a todos por igual. La Iglesia tiene aprecio por lo que es el sistema democrático y por las instituciones, desde las cuales, se debe llevar a cabo el ejercicio gubernamental.

El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia Católica, dice en su numeral 168: “La persona concreta, la familia, los cuerpos intermedios no están en condiciones de alcanzar por sí mismos su pleno desarrollo; de ahí deriva la necesidad de las instituciones políticas, cuya finalidad es hacer accesibles a las personas los bienes necesarios — materiales, culturales, morales, espirituales— para gozar de una vida auténticamente humana. El fin de la vida social es el bien común históricamente realizable”.

Es hora de que, en los 82 cantones de nuestro país, las personas que propusieron sus nombres y elaboraron sus propuestas de trabajo para servir a la comunidad pongan en marcha, no solo las buenas intenciones, sino el conocimiento y las decisiones que son necesarias para el desarrollo social, para el bien común y para el progreso integral de sus vecinos.

Es necesario hacer un llamado para que el sistema democrático se fortalezca. Para esto, hay que incentivar cada vez más una mayor participación ciudadana, no solo en las urnas, sino también en la vigilancia y colaboración para el correcto caminar de las instituciones. Lejos la apatía de los ciudadanos de la política, la cual, siempre debe estar al servicio de la sociedad.

Asimismo, es importante una contribución a la democracia, desde los partidos políticos y desde aquellos que han llegado al poder, para devolver la confianza al pueblo. Esto se dará solamente mediante un trabajo transparente y que esté al servicio real del bien común.

Ya el Informe Estado de la Nación del año anterior nos había alertado de “un creciente escepticismo ciudadano hacia la democracia” el cual “reduce la ‘reserva política’ de buena voluntad para que la población asuma sacrificios o postergue sus demandas”.

Los ciudadanos que han sido partícipes de este proceso, sin discusión alguna, han puesto, una vez más, su confianza, no solo en la democracia, sino que también en personas específicas, personas concretas que asumen un rol importante de mando y autoridad en los cantones.

Es importante, también, hacer un llamado a los candidatos que no han quedado elegidos, a que desde sus estructuras partidarias también contribuyan al adecuado desarrollo de los gobiernos locales. Lejos de demagogia o resentimientos, es la hora de que todos contribuyan al crecimiento de los pueblos.

Debemos entender que el buen ejercicio democrático nos beneficia a todos. Que el bienestar de la comunidad y su desarrollo integral nos beneficia a todos. La bandera por la cual debemos regirnos es la de la nación, si queremos realmente alcanzar los valores de la justicia, la paz e igualdad y, con ello, contribuir al bien común.

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