La más bella clase

» Por Esteban Beltrán Ulate - Profesor

Los universitarios no estaban dormidos, solo estaban esperando las condiciones necesarias.  El contexto convulso que agita la dinámica social costarricense posibilita el surgimiento de nuevas voces, con acciones innovadoras, disruptivas, que revelan un poder vital inherente en nuestra condición humana que convoca inevitablemente a la justicia.

Las protestas son una ofrenda a la democracia, evidencian la capacidad del ciudadano para radicalizar su expresión frente a un sistema que cierra las puertas al diálogo. El hecho de que hoy en día no exista una claridad permita identificar al ente que verdaderamente gobierna, no implica que se deba permanecer en silencio ante los atropellos en un falso evangelio del capital.

En la comunidad universitaria todos son estudiantes porque están movidos por el conocimiento. El conocimiento es liberador y a su vez inspiración para la constitución de una civilización de hombres y mujeres libres. El conocimiento está vinculado a una responsabilidad ética que revela nuestra realidad como miembros de una comunidad de justicia: local, regional y mundial.

En cada estudiante que protesta se escuchan las voces de las voces de miles de estudiantes que han protestado,  en cada trazo de pinturas sobre las paredes se descubre la palabra que ha sido negada a tantos jóvenes a lo largo y ancho del país por falta de oportunidades, de apertura, por parte de una clase dominante  que está más preocupado en la inversión extranjera que en la inversión educativa ciudadana. Esto va más allá del financiamiento (FEES) esto es un despertar de la conciencia histórica personal y comunitaria (universitaria) que se reconoce en un estado de dominación.

Cuando las condiciones así lo demanden profesores y estudiantes tomarán las calles, será en ellas donde se dicte la más hermosa clase que Costa Rica vaya a recordar. Cuando las condiciones así lo demanden la ciudad se convertirá en pizarrón, los caminos en cuadernos, no se distinguirá entre maestros y estudiantes, pues en cada uno de ellos se dibujará en la mirada el fuego de la esperanza, el fuego de la sabiduría, el fuego que debe ser cuidado y compartido aunque esto implique habitar el resto de los días encadenado a una piedra, con la satisfacción de haber respondido a un llamado histórico.

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