Concluye en este 2025 una etapa profundamente significativa en mi trayectoria pública e intelectual: mi participación como primer presidente y representante de las universidades públicas del país ante la Agencia para el Desarrollo del Pacífico Central, órgano creado por la Ley 10.096 y que comenzó a funcionar formalmente en el periodo 2023-2025.
Esta no ha sido una experiencia aislada en mi vida. Desde hace más de dos décadas he sostenido, tanto en el ámbito académico como en el de la opinión pública, una lucha permanente contra el centralismo excesivo de las políticas públicas en Costa Rica. He escrito y reflexionado ampliamente sobre la regionalización, la desconcentración del poder, y la urgente necesidad de construir un modelo de desarrollo que articule verdaderamente a las regiones en el proceso de toma de decisiones nacionales.
Por eso, la entrada en vigor de la Ley 10.096, impulsada por el exdiputado Carlos Ricardo Benavides Jiménez y apoyado por un sector académico y empresarial liderado por mi persona, marca un punto de inflexión. Esta ley no solo reconoce la especificidad territorial del Pacífico Central, sino que crea por primera vez un órgano multiactor de coordinación institucional, capaz de reunir a las cuatro hélices del desarrollo: el régimen municipal, el sector público, el sector privado y las universidades públicas.
Desde la presidencia de esta Agencia, hemos trabajado con compromiso en tres ejes estratégicos fundamentales:
- Recurso hídrico: Impulsamos la primera mesa de acuerdo nacional sobre agua, prevista en la ley, abriendo un espacio sin precedentes para la gestión integrada y sostenible de un recurso vital para la región y el país.
- Infraestructura: Apoyamos con decisión la modernización del puerto de Caldera, la reactivación del proyecto del aeropuerto internacional en Orotina, y la ampliación a cuatro carriles de la Ruta 27. Estas acciones conforman un eje logístico regional que podría dinamizar profundamente la economía del Pacífico Central.
- Seguridad: Promovimos la creación de una comisión técnica especializada, que trabaja en políticas de seguridad con enfoque preventivo, territorial y con articulación interinstitucional.
Pero el mayor logro, quizás, no sea una obra en particular, sino el haber contribuido a tejer un sentido de región, algo que por años nos ha sido esquivo. Hemos avanzado en construir una visión compartida, más allá de las divisiones cantonales, en la que el Pacífico Central comience a hablar con voz propia y se proyecte como un actor estratégico para el desarrollo nacional.
Este esfuerzo, como tantos que se libran fuera del foco mediático, ha sido silencioso pero profundamente efectivo. Me siento honrado de haber presidido esta primera etapa fundacional de la Agencia, y de haberlo hecho con la convicción de que las regiones no deben seguir siendo espectadoras del desarrollo, sino protagonistas con capacidad de decisión y gestión.
Queda mucho camino por recorrer. Los desafíos estructurales de la región son enormes y las soluciones no serán inmediatas. Pero las bases han sido cimentadas con firmeza en estos dos años: diálogo, articulación intersectorial, visión regional y compromiso institucional.
Como ciudadano, como académico, como funcionario público y como costarricense comprometido con la equidad territorial, me siento profundamente orgulloso y honrado de haber liderado este esfuerzo. Creo firmemente que el Pacífico Central ha comenzado a construir su futuro con dignidad, autonomía y esperanza. Y ese futuro, aunque todavía desafiante, ya no es una utopía lejana: es un proceso en marcha.