Justicia, no pronta…llegó

» Por Wellington Arguedas Rodríguez - Exasesor legislativo

“Ya no importa cuán estrecho haya sido el camino”. – Invictus -.

El expresidente Miguel Ángel Rodríguez, fue absuelto, después de un cuarto de siglo. Sí, el 29 de mayo recién pasado, el medio digital el Mundo CR   nos dio la noticia: “queda exonerado tanto de las sanciones penales como de eventuales obligaciones de resarcimiento económico vinculadas a los hechos investigados”.

Luego de largos, larguísimos 25 años llegó la justicia. Llegó, cuando el Tribunal Penal de Hacienda, por unanimidad, señaló: “Se absuelve …”.

Pasaron 6 mundiales de fútbol, y concluyeron su período constitucional, 6 presidentes de la República; y, ahora sí floreció la justicia, y después de un extenso camino empedrado e incierto, para el exsecretario general de la OEA; la presidente del Tribunal leyó el, por tanto, que – entre otros – refiere: “Se absuelve de toda pena y responsabilidad a Miguel Ángel Rodríguez Echeverría”.

Y, la presidente, también reseñó, lo siguiente: “indicó el Ministerio Público y los querellantes que, con ocasión de esta estructura, ustedes formaron un plan criminal… del que no existe una sola prueba en el expediente (…)”.

No existe una sola prueba, y se ha hecho profundo daño y dolor a quién dio la cara y, además, con ello se dañó al Poder Judicial.

El Estado ha actuado como cruel opresor de la libertad. El poder innoble – sin prueba -, como inquisidor, hirió el alma de una persona, lo angustió por años y, también a su familia.

25 años de incertidumbre, desesperanza, abusos y más abusos de un Estado irrespetuoso de fundamentales derechos humanos. Con este injusto accionar, se perdió el sentido de la dignidad sagrada del ser humano. Dignidad sagrada, palabras éstas, del papa León XIV; que todos debemos tener muy presentes y defender siempre. Accionar contra el expresidente, (pero que, igualmente, pudiera ser contra otras personas).

El Poder judicial no cumplió su deber constitucional de justicia pronta y cumplida. La aplicación de la justicia lenta, muy lenta, se convirtió en poder tortuga y en poder tortura. La tortura, también, de ser condenado por algunos medios de comunicación.

Y con esa condena previa – sin respetar el principio de inocencia, sin   respetar el debido proceso – algunos pocos medios prefirieron el “poder chismero”, el de atizar hogueras y promover paredones de agresividad. Con esa actitud antidemocrática se violentaron derechos humanos; se llegó al “fusílenlo, luego averiguamos”.

Hubo irrespetos e incumplimiento de deberes constitucionales. El ser humano no importó, Importó el teatro, regar combustible, y tirar fósforos.

El poder, (no el Poder Judicial) oculto en oscuridades propias, ordenó: disparen después justificamos. En otras tierras dirían … fue la mano blanca con sicariato político.

Medios de comunicación, – vendedores de amarillismo -, olvidaron enseñanzas, por ejemplo, de Joseph Pulitzer, que sobre el periodismo,  manifestó: “Tenemos unos cuantos periódicos – es triste, pero es cierto –  que propugnan peligrosas falacias y falsedades, apelando a la ignorancia, al partidismo, a las pasiones, a los prejuicios populares, a la pobreza, al odio a los ricos y al socialismo, sembrando la semilla del descontento, que con el tiempo, si no le ponemos freno, conduce sin duda alguna a la anarquía y el derramamiento de sangre”. Y, “La noticia es importante, es la propia vida de un periódico. Pero ¿qué es la vida sin moral? ¿Qué es la vida de un país o de un individuo sin honor, sin corazón y sin alma? (…) el alma de un periódico yace en su sentido moral, en su coraje, su integridad, su humanidad, su consideración por los oprimidos”.

Condenas previas, de politicastros, mediáticas o sin la veracidad de las pruebas, atacan la credibilidad de la democracia respetuosa del ser humano.

La justicia no pronta ni cumplida y algunos inquisidores lesionaron el quehacer positivo de las personas operadoras judiciales.

Pasaron 25 años de opresión, pretensión de desgaste y más castigos, no obstante: floreció la justicia, y el alma recibió alegría (la del expresidente, y la de la nación, ya que la justicia y los derechos humanos, el debido proceso y el principio de inocencia pertenecen a todas las personas).

El alma habla – en silencio -, cuando la justicia es manipulada. El alma – con dolor, por la ausencia inevitable de seres queridos – llora; pero el alma, también, expresa alegría por el triunfo de la justicia; y, la justicia verdadera para una persona es verdadera justicia para la sociedad toda.

Esos 25 años, dedicados a la defensa: no a brindar su tiempo pleno a la familia… esposa, hijos, nietos, hermanos; a producir más para la patria, la nuestra, y la grande, desde la OEA, me hacen reflexionar sobre el poema Invictus de W. Ernes Henley, que – entre otros – señala:

“Ya no importa cuán estrecho haya sido el camino, ni cuántos castigos lleve mi espalda”.

Caminos y castigos no dignos para nuestra concordia; y por ello, la patria, no debe permitir más injusticia, por el incumplimiento del deber ético constitucional de justicia pronta y cumplida.

Toda persona merece, como proclamó León XIV, el respeto a la dignidad sagrada del ser humano.

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, foto en PDF de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@nuevo.elmundo.cr, o elmundocr@gmail.com.

Últimas noticias

Te puede interesar...

[tipocambiocompra]
[tipocambioventa]

Últimas noticias

Edicto