
El problema no solo será en Costa Rica sino en América Latina. Son varias las razones. Las sucesivas crisis internacionales, pandemia, la guerra en Ucrania, desastres naturales debido al cambio climático están poniendo en peligro el acceso de América Latina y el Caribe a los alimentos y a los insumos claves para la agricultura regional, según un nuevo informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA). Las alzas de los precios internacionales de los alimentos e insumos afectan tanto a los países exportadores como a los importadores netos de alimentos con más impacto en países como Costa Rica que importa productos que puede sembrar en el país. Además, la región importa más de 80% de los fertilizantes utilizados en la agricultura. Una reducción en los rendimientos y las cosechas de productos claves para la seguridad alimentaria debido a una menor fertilización se sumaría a los efectos dañinos de la inflación de alimentos sobre la población más vulnerable. Esto provocará mayores efectos en Costa Rica debido a la falta de un programa de seguridad alimentaria y el abandono del sector por parte de los gobiernos. Los números están ahí y quien no los quiera ver será culpable en caso de una hambruna. Nuestro país entre el 2014 y 2016 tenía el 12,2 % afectada por la inseguridad alimentaria. Entre el 2017 y 2019 fue un 14,5 % unas 724100
personas. Entre el 2019 y 2021 el 16 % unas 810800 personas enfrentaron inseguridad alimentaria. Gracias a Dios y para beneficio de nuestros gobernantes en Costa Rica las cifras de prevalencia del hambre son menores a otros países de Latinoamérica y el Caribe donde existen 42,5 millones de personas subalimentadas. Pero una cosa es disminuir la pobreza y otra el hambre. Otra es cómo y con cuáles alimentos. En promedio, los consumidores latinoamericanos pagan un 11% más de lo que deberían en productos agroalimentarios.
¿Por qué sucede esto? Básicamente porque la seguridad alimentaria no es vista desde un ángulo multidimensional, como una realidad que debe ser abordada no sólo desde la cantidad de alimentos producidos sino también en cuanto al acceso, calidad y estabilidad alimentaria a lo largo del tiempo. Pero en Costa Rica una reactivación del agro está en la cola de un venado, primero porque no hay voluntad de los gobernantes por resolver el asunto, segundo el crédito y la producción esta capturada por uno pocos y ni siquiera contamos con un plan de seguridad alimentaria y en caso de una crisis alimentaria mundial no cojera con los pantalones abajo. Según un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) advierte que el fenómeno en el país puede acrecentarse por el alza de los precios y porque la respuesta política para atender el problema es la más baja. Las presiones inflacionarias internacionales y la dependencia de las importaciones para abastecer el consumo de ciertos alimentos básicos representan un riesgo para la seguridad alimentaria. También el BID criticó al gobierno por ser el país que menos recursos destino para contrarrestar el alza en combustibles y alimentos.
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