Indeciso: el domingo no se vota un debate, se vota un gobierno

» Por M.Sc. Milton Madriz Cedeño - Politólogo, experto en gestión pública y gobernanza

Este domingo 1 de febrero, Costa Rica enfrenta una de las elecciones más determinantes de su historia reciente. No se trata solo de elegir a quien ocupará la silla presidencial durante los próximos cuatro años; se trata de decidir si el país continuará un rumbo de transformación institucional o regresará a las prácticas que durante décadas erosionaron la confianza ciudadana en la política.

Los estudios de opinión pública disponibles antes de la veda electoral posicionan a Laura Fernández con una ventaja clara sobre sus competidores entre quienes ya decidieron su voto, superando el umbral necesario para aspirar a una victoria en primera ronda. Sin embargo, el porcentaje de indecisos sigue siendo determinante: ese bloque de ciudadanos que aún no define su papeleta tiene en sus manos la llave del 1 de febrero.

A ustedes, indecisos, va dirigido este análisis. Porque votar no es un acto emocional ni un ejercicio de simpatía personal; es una decisión estratégica que definirá las condiciones de vida de millones de costarricenses.

El voto fragmentado: un regalo para quienes quieren el poder sin ganarlo

Hay quienes consideran votar por Laura Fernández para la presidencia pero elegir diputados de otros partidos “para hacer contrapeso”. Este razonamiento, aunque bienintencionado, ignora una realidad aritmética brutal, y es que, en Costa Rica, un presidente sin bancada legislativa es un presidente maniatado.

La experiencia reciente lo demuestra con claridad. En noviembre del 2025, la oposición (liderada por el PLN, el PUSC y Frente Amplio) bloqueó sistemáticamente proyectos de ley esenciales para el funcionamiento del Estado. No importaba el mérito técnico de las propuestas; el objetivo era desgastar al gobierno. El resultado fue un país paralizado por cálculos electorales.

Votar por Laura Fernández para presidenta y luego dispersar el voto legislativo entre partidos opositores es, en la práctica, votar por el bloqueo. Es entregarle a la vieja política, a los de siempre, las herramientas para sabotear cualquier intento de cambio desde el primer día de gobierno.

¿Qué está en juego realmente?

Los candidatos de oposición han sido notablemente vagos sobre sus planes concretos. Pero su historial habla por ellos:

El PLN gobernó durante décadas con resultados que todos conocemos: escándalos de corrupción, clientelismo institucionalizado, y una deuda pública que hipotecó el futuro del país. El PUSC no se queda atrás: los casos Caja-Fischel y el expresidente Calderón condenado son recordatorios de lo que significa “volver a la experiencia”. Frente Amplio, por su parte, con su izquierda acomodadiza, ha demostrado ser más efectivo como opositor destructivo que como fuerza propositiva.

Estos partidos no ofrecen una alternativa de gobierno; ofrecen un volver a lo mismo. Y la pregunta que cada indeciso debe hacerse es simple: ¿quiero que Costa Rica regrese a eso?

Laura Fernández: continuidad con criterio propio

No se trata de que Laura Fernández sea perfecta ni de que el gobierno actual esté libre de errores. La política no funciona así. Se trata de comparar opciones reales con consecuencias reales.

Laura Fernández representa la posibilidad de consolidar los avances logrados: estabilidad macroeconómica, reducción del déficit fiscal sin recurrir a más impuestos, y una política exterior que ha posicionado a Costa Rica como referente regional. Pero también representa algo más profundo, y es la demostración de que es posible gobernar sin las componendas tradicionales.

Su trayectoria como ministra mostró capacidad de gestión y disposición al diálogo (incluso con sectores críticos) sin ceder en principios fundamentales. Eso no es poca cosa en un país donde la negociación política históricamente significó repartir privilegios.

El costo de la indecisión

Algunos indecisos argumentan que “ningún candidato los convence”. Es una posición cómoda pero irresponsable. La democracia no ofrece opciones perfectas; ofrece opciones posibles. Y abstenerse o votar en blanco no es un acto de protesta, es cederles la decisión a otros.

Peor aún, en una elección reñida, cada voto no emitido por la opción menos mala es, matemáticamente, medio voto para la opción peor. Así funciona la aritmética electoral, nos guste o no.

Una decisión de país, no de partido

Este domingo no se elige un partido; se elige una dirección. La pregunta no es si usted simpatiza con el Partido Pueblo Soberano o con la figura de Rodrigo Chaves. La pregunta es si prefiere un gobierno con capacidad de ejecutar sus propuestas o un gobierno paralizado desde el día uno por una Asamblea Legislativa hostil e incapaz como lo es la actual.

La coherencia del voto no es lealtad partidaria, es simple sentido común. Si cree que Laura Fernández debe gobernar, dele las herramientas para hacerlo. Si cree que la oposición tiene mejores propuestas, vote por ellos con todas las consecuencias. Pero no se engañe pensando que puede tener lo mejor de ambos mundos.

El 1 de febrero, Costa Rica decide. Y usted, indeciso, tiene más poder del que cree. Úselo con la cabeza, no con la inercia.

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