“Until the philosophy
Which hold one race superior
And another inferior
Is finally and permanently
Discredited and abandoned
Everywhere is war”
Bob Marley, War
El pasado lunes 25 de mayo se cumplieron seis años del vil asesinato de George Floyd, el cual ocurrió en Minneápolis, Estados Unidos. El caso desencadenó grandes protestas allá y discursos en otras naciones, esto, desde luego, tuvo plena justificación. Sin duda fue ese un capítulo muy importante dentro del movimiento Black Lives Matter (que empezó antes). Sin embargo, resulta un claro menester pensar el tema de los derechos afrodescendientes en perspectiva, desde una amplitud de miras y de consecuencias. Porque aunada a las justas protestas frente a los casos graves de racismo, a los estallidos sociales, y a las efemérides (me refiero al 31 de agosto, Día del Negro y la Cultura Afro costarricense), se hallan acciones y políticas permanentes necesarias de cara a lograr cambios, las cuales van más allá de los trece puntos que defiende el movimiento estadounidense (no exentos de críticas por parte de la propia comunidad negra), e incluyen una contextualización al caso de Costa Rica.
Primero, una temática se vincula con la producción de conocimiento, pues urge reconocer y difundir todos los aportes culturales afrodescendientes. Ya el filósofo negro Franz Fanon habló de que, en el marco del pensamiento y la práctica racistas, se cree que apenas el negro ingresa al edificio la razón sale por la ventana. Similarmente, Fornet-Betancourt dijo que uno de los primeros pasos de la dominación contra un pueblo es negar su episteme. De tal guisa, estos esquemas se combaten visibilizando las contribuciones afro a la cultura.
Así, se despliegan tareas en prácticamente todos los ámbitos sociales y culturales. Cítese la filosofía, área en la que se conoce el gran aporte egipcio (¡Egipto queda en África!) al pensamiento griego (a su vez pilar de occidente), pero donde muchas veces se omite decirlo. Háblese de literatura, de un Aimée Césaire, de un Marlon James, de un Dereck Walcott, o de una Eulalia Bernard, cuyos trabajos deben estudiarse de forma no aislada ni anecdótica, sino permanente (¿Qué se lee en el MEP y en las universidades de dichos autores?). En consonancia, los museos colombianos y ecuatorianos hacen una labor encomiable, pues emplean apartados y salas específicas para abordar la historia negra y allí usted puede conocer la biografía y las luchas de Benkos Biohó, propósito que el Museo Nacional de Colombia hace posible. Otros países deben imitar esa forma de trabajo museográfico, sin duda.
Siempre en materia cultural, resulta necesario el rescate de las raíces, de la diáspora. La influencia africana en la comida caribeña representa una veta de desarrollo cultural y económico incluso ¿Por qué no dar a conocer y producir la gastronomía de Ghana en Limón, desde luego junto con la limonense? ¿Por qué no elaborar productos africanos como la salsa shito y las harinas de ñame, de plátano y de yuca en Matina? Si República Dominicana produce leche de coco en lata, el Caribe costarricense también puede. Todas estas iniciativas generarían empresas privadas afro costarricenses y darían empleos. Tiempo atrás envié un PDF que sugería iniciativas así, tanto al Poder Ejecutivo como a la Alcaldía de Limón, ignoro los resultados, aunque sospecho que inspiró algunos planes.
Por otra parte, hay que sopesar un factor adverso y actual. Para nadie representa un secreto críptico el auge de la alt-right a nivel del orbe. Dicha corriente abandera los prejuicios raciales, y aunado a ese paquete ideológico, dicho movimiento combate la enseñanza de la historia del racismo y de las etnicidades. Por ejemplo, en los Estados Unidos los sectores de derecha desafían abiertamente que se enseñe la historia del racismo y de la negritud, acusando a esos esfuerzos de ser intentos para dividir al país, aunque sin jamás demostrar que dichos abordajes históricos estén equivocados. Este proceder no es nuevo, desde siglos pasados ha habido actores sociales y políticos que han buscado eliminar contenidos históricos y literarios acerca de dichos temas. Hoy, las animosidades inter grupales van más allá de los gestos o las palabras y conducen a vetos. Al tener expresión electoral, el fenómeno de la alt-right aumenta la necesidad de que los afrodescendientes tengan una voz política propia, a fin de contrarrestar esas acciones, de oponerles una dinámica inversa y plantear políticas étnicamente inclusivas, que, entre otras metas, impulsen una educación crítica y capaz de evidenciar la histórica exclusión racial. Así, llegamos al punto próximo.
Porque una segunda tarea parte del campo propiamente político. Pues resulta perentoria una representación continua de los afrodescendientes de cara al Estado, capaz de combatir al racismo sistémico. Desde luego, una figura así no debe ser objeto de clientelismos, ni tampoco supeditarse ni subordinarse a otros movimientos sociales, ni a agendas ajenas, debe contar con autonomía. Esta entidad, garante de los derechos de dicha población, rendirá cuentas a los afrodescendientes; y quienes la apersonen y representen deberán ceder el puesto en caso de fallar a los objetivos y a los principios.
Siempre en materia política, debe resaltarse un hecho que muy pocos han observado: por primera vez en la historia la Asamblea Legislativa tiene tres diputados afrodescendientes (las oficialistas Kristel Ward y Esmeralda Britton, y un señor del PLN). Estas personas ostentan el poder de impulsar políticas en favor de los afrodescendientes y de la provincia limonense, tienen grandes oportunidades (refiérase la coordinación con la alcaldesa Ana Matarrita McCalla, una líder positiva que trabaja muy bien y conoce a cabalidad el cantón central de Limón), de no aprovecharlas que Dios y la sociedad se los demanden.
Para dar efectividad a Black Lives Matter urge que contenga tareas específicas y concretas, que no sea mero eslogan ni actitud pasajera; tampoco puede limitarse a responder solo frente a los casos más trágicos del racismo. Así, este movimiento tiene la tarea de hacer visibles los cuantiosos aportes civilizatorios de los pueblos africanos y afrodescendientes en todas las ramas del acontecer humano. También deberá luchar porque en las escuelas, los colegios y las universidades se enseñe historia negra e historia crítica de la idea de raza (ilustrando sobre los grandes estragos que esa ideología generó). Además, el movimiento tiene el encargo de capitalizarse a nivel político, bajo la forma de una institución que represente y defienda a los afrodescendientes frente al Estado, desde luego bajo el ojo supervisor de la misma población afro. Y de corolario, una labor necesaria será aprovechar el hecho de tener tres curules en el Congreso, estas personas pueden y deben proponer leyes que beneficien a Limón, a la población negra y al vasto aporte cultural afro.