¿Y si les dijera que la oposición en Costa Rica, en su supuesta jugada maestra para quitarle la presidencia del Congreso al Gobierno, en realidad lo empujó directo a la gloria electoral de 2026? Porque sí, este país tropical, donde los gallos cantan y los diputados también, es experto en ironías. Y esta semana nos regalaron una de colección.
En su afán por “frenar al Ejecutivo”, los genios del Partido Liberación Nacional y el PUSC —esa momia de la política que revive cada cuatro años con promesas recicladas— decidieron que era mejor juntarse, agarrarse de la mano como adolescentes en apuros, y formar una alianza para controlar el Congreso. Y hasta ahí, uno podría entender la estrategia. Pero el problema no fue solo la alianza: fue la puñalada.
Ahí, en pleno salón legislativo, sin luces tenues ni música de suspenso, Carlos Felipe García le metió el cuchillo político a su compañera de bancada, Daniela Rojas, con tal de conseguir la primera secretaría. Lo hizo con una frialdad quirúrgica. Un Game of Thrones tico, pero sin dragones, solo lagartijas vestidas de saco y corbata.
La escena fue digna de telenovela barata: Daniela, quien había sido jefa de fracción, confiada, esperando el apoyo de los suyos; y Carlos Felipe, sonriendo como quien dice: “Daniela, vos sos mi amiga, pero yo quiero el puesto… y si para eso hay que traicionarte, que así sea”. Qué ternura, la política costarricense.
Y el resultado es este: no solo dejaron al Gobierno sin la presidencia del Congreso —lo cual habría sido la mejor forma de exponer su incapacidad o demostrar su voluntad de diálogo— sino que le regalaron un argumento de oro macizo: “nosotros queríamos trabajar, pero nos bloquearon los de siempre… y entre ellos mismos se traicionan”.
Ahora Chaves tiene el papel de víctima perfecto, el libreto en mano, y la oposición el papel de verdugo ridículo. Porque en la próxima elección, lo que el pueblo va a recordar no es quién presidió la Asamblea Legislativa. Van a recordar que el PLN y el PUSC se unieron para repartirse los puestos y que en el camino uno de ellos apuñaló a su propia compañera por un cargo que ni la abuela sabe explicar para qué sirve.
¿Y ustedes creen que el electorado va a premiar eso? Lo que hicieron fue fortalecer al Gobierno sin que este moviera un dedo. Lo convirtieron en mártir y a ustedes en villanos de caricatura. En vez de dejar que el Gobierno se estrelle solo con su agenda, decidieron ponerle la excusa perfecta para cada fracaso. “¡Nos bloquearon los de siempre!”, gritará Chaves con la banda presidencial bien planchada… y a su lado, sonriendo, un nuevo Congreso dominado por su partido o su bendecido.
Así que gracias, Carlos Felipe. Gracias por la puñalada. Gracias por recordarnos que en Costa Rica la política sigue siendo una finca donde cada quien se sirve primero el gallo pinto. Y gracias, sobre todo, por mostrarle al país que la oposición no necesita enemigos: con amigos como ustedes, nadie más les va a dar la mano.