Gobernar sin diagnósticos ya no es opción: una ruta urgente para el país que enfrentará 2026

» Por Dr. Kirk Salazar Cruz - Investigador y especialista en innovación.

Escribo estas líneas no solo como ciudadano que vive y siente la realidad de las zonas rurales, sino también desde mi formación y experiencia como doctor en educación y administración internacional. Esa doble mirada —la académica y la territorial— me obliga a ser claro: el país que recibirá el nuevo gobierno en 2026 no admite improvisaciones, slogans ni soluciones de corto plazo. El contexto global, regional y local exige rigor, visión estratégica y decisiones valientes.

No escribo desde un color político ni desde la comodidad de la crítica fácil. Escribo desde la evidencia, desde la comparación internacional y desde el territorio. Gobernar hoy sin diagnósticos serios y sin comprensión de las tendencias globales ya no es una opción: es una irresponsabilidad histórica.

  1. SEGURIDAD: el error de seguir tratándola como un problema aislado

La SEGURIDAD ha sido abordada durante años como un asunto fragmentado, casi exclusivamente desde la reacción y el control. Sin embargo, la evidencia comparada demuestra que la seguridad fracasa cuando no se concibe como un sistema integral.

En las zonas rurales, la inseguridad no siempre se expresa en cifras oficiales, sino en la ausencia del Estado, en caminos abandonados, en comunidades sin acceso a justicia ni servicios básicos. Persistir en políticas desconectadas —policía por un lado, desarrollo por otro— es repetir errores ya documentados.

La seguridad sostenible se construye cuando confluyen:

  • Presencia real y coordinada del Estado
  • Educación pertinente y de calidad
  • Economía local activa
  • Justicia accesible y oportuna

Mientras la ruralidad siga siendo tratada como periferia política y no como espacio estratégico, la inseguridad seguirá siendo una constante y no una excepción.

  1. EDUCACIÓN: seguimos formando para un mundo que ya no existe

Desde la academia, este es quizás el desafío más crítico. La EDUCACIÓN a nivel mundial avanza hacia modelos flexibles, interdisciplinares y profundamente atravesados por la INTELIGENCIA ARTIFICIAL (IA). Sin embargo, nuestros sistemas educativos continúan anclados en currículos rígidos, evaluaciones memorísticas y una preocupante desconexión con la realidad social, productiva y tecnológica.

La discusión no es si la IA debe incorporarse a la educación. La IA ya está presente. La pregunta de fondo es si será utilizada para reducir brechas históricas o para profundizarlas.

Formar hoy implica:

  • Desarrollar pensamiento crítico y capacidad de adaptación
  • Preparar para trabajos que aún no existen
  • Dotar a docentes de herramientas y liderazgo pedagógico
  • Garantizar conectividad e infraestructura, especialmente en zonas rurales

En contextos rurales, donde la falta de docentes especializados es estructural, la IA puede ser una oportunidad histórica. Pero sin política pública clara, formación docente y visión de largo plazo, será otra promesa incumplida.

  1. Reactivación económica: sin lectura global no hay desarrollo local

Desde la administración internacional resulta evidente que el mundo está redefiniendo sus modelos económicos. La transición energética, la digitalización, la reconfiguración de las cadenas globales de valor y la economía del conocimiento están marcando quién avanza y quién se rezaga.

Pretender reactivar la economía con fórmulas tradicionales es desconocer esta realidad. La reactivación exige:

  • Integrar a las zonas rurales en economías de valor agregado
  • Apostar por innovación y conocimiento, no solo por extracción
  • Entender que desarrollo local y competitividad global no son opuestos

Los territorios rurales pueden ser protagonistas de nuevas economías: agroindustria sostenible, turismo comunitario, energías renovables, servicios digitales. Pero esto requiere crédito justo, capacitación pertinente y reglas claras.

  1. Ruralidad: el mayor error estratégico ha sido no verla como prioridad

Desde una mirada comparada, resulta difícil comprender por qué países con alta dependencia alimentaria y territorial siguen tratando la ruralidad como un asunto asistencial y no como eje central del desarrollo.

La evidencia internacional es contundente: los países que fortalecen su ruralidad fortalecen su cohesión social, su seguridad alimentaria y su estabilidad política. Aquí, en cambio, el campo suele aparecer en campaña y desaparecer en el gobierno.

Sin educación rural de calidad, sin infraestructura, sin oportunidades para jóvenes y sin integración real a los proyectos nacionales, no hay política pública que se sostenga en el tiempo.

Este artículo no se limita a señalar problemas. A lo largo de estas líneas he mencionado posibilidades reales de solución, sustentadas en evidencia, experiencia internacional y conocimiento del territorio. No son ideas abstractas ni promesas retóricas: son rutas viables.

A quien llegue al gobierno en 2026 le muestro con claridad que es posible avanzar en cuatro años si se gobierna con diagnóstico, coherencia y decisión política. La seguridad puede abordarse de manera integral, la educación puede alinearse con el mundo que ya existe —incluida la inteligencia artificial—, la economía puede reactivarse desde nuevas tendencias globales y la ruralidad puede dejar de ser periferia para convertirse en eje estratégico.

Mientras tanto, envío estas luces como ciudadano y como académico, para que quienes aspiran a gobernar tengan claro por dónde caminar, qué errores no repetir y qué decisiones no seguir postergando. El país no necesita más tiempo perdido; necesita rumbo.

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