Geopolítica del arancel: De la protección al dominio del espacio económico

» Por Andrei Calderón Enríquez - Analista de Comercio Internacional y geopolítica, presidente de Stratega.

El retorno del proteccionismo estratégico

El 2 de abril de 2025, el presidente Donald J. Trump marcó un hito en la historia comercial contemporánea al proclamar el “Día de la Liberación”. Pero este acto no fue simplemente una medida económica o una maniobra electoral: fue la institucionalización de una doctrina geoeconómica y la instrumentalización de una herramienta geoestratégica. En una ceremonia cargada de simbolismo en el Jardín de las Rosas de la Casa Blanca, Trump no solo anunció una nueva arquitectura arancelaria: inauguró una fase de confrontación comercial sin precedentes, orientada a redefinir las relaciones de poder a través del comercio.

La estrategia se articula a través de aranceles recíprocos a la importación que oscilan entre el 10% y el 50% dependiendo del país, y está diseñada para castigar a aquellos considerados como socios comerciales “desleales”. Se trata de una ruptura con el sistema multilateral basado en reglas y una apuesta por el unilateralismo punitivo como herramienta de poder y el establecimiento de un “neomercantilismo”. Esta es la clara concreción de un nuevo enfoque cosmogónico que presenta una ruptura entre la visión globalista y la visión soberanista.

Una doctrina forjada desde los años 80

Las críticas a la política comercial estadounidense no son nuevas en el discurso de Trump. Desde los años 80, ha sostenido que Estados Unidos pierde sistemáticamente al permitir que otros países se beneficien de un acceso libre a su mercado. Para él, los aranceles no solo frenan esas “pérdidas” sino que también pueden sustituir impuestos federales, presionar políticas migratorias o incluso negociar temas tan insólitos como la soberanía de Groenlandia.

Esta visión fue alimentada por figuras clave de su entorno como Peter Navarro y Robert Lighthizer, quienes sostienen que economías como la china —con políticas industriales agresivas— han acumulado riqueza a costa de comprar activos estratégicos estadounidenses. Lighthizer ha sostenido que esta dinámica no solo ha empobrecido a los trabajadores estadounidenses, sino que ha facilitado una transferencia masiva de poder económico y político.

Una arquitectura de presión geoeconómica

La nueva política establece un arancel base del 10% para todos los países, y cargas adicionales para quienes, a juicio de Washington, han abusado del acceso a su mercado. Entre los casos más significativos:

  • China: enfrenta un 34%, sumándose al 20% aplicado desde
  • Unión Europea: sufre un 20% general, con un 25% adicional a los automóviles.
  • Vietnam: recibe un severo 46%, el nivel más alto
  • India y Taiwán: sancionados con un 26% y un 32%
  • México y Canadá: mantienen un 25% sobre productos fuera del
  • Costa Rica: se encuentra en la categoría base del 10%, una carga leve en el contexto global, pero no irrelevante para su economía exportadora y altamente concentrada en el mercado estadounidense.

Este rediseño del tablero arancelario rompe con el principio de “Nación Más Favorecida” de la OMC y posiciona a EE.UU. como árbitro unilateral del nuevo orden comercial.

Seguridad económica como extensión del poder nacional

La narrativa oficial —contenida en la orden ejecutiva firmada el 2 de abril y sustentada en el informe “2025 National Trade Estimate Report on Foreign Trade Barriers of the President of the United States on the Trade Agreements Program”— sostiene que los grandes déficits comerciales de bienes, que superaron los $1.2 billones en 2024 y crecieron más de un 40% en los últimos cinco años, representan una emergencia nacional. Estas asimetrías afectan la capacidad manufacturera nacional, la base industrial de defensa y la autonomía estratégica de EE.UU.

Para legitimar esta acción sin precedentes, la administración se amparó en un robusto marco legal:

  • Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA)
  • Ley de Emergencias Nacionales (NEA)
  • Sección 604 de la Ley de Comercio de 1974
  • Sección 301 del título 3 del Código de UU.

Con estas herramientas, el presidente tiene la capacidad de modificar el HTSUS (Arancel Aduanero Armonizado de EE.UU.) bajo las siguientes reglas:

  • Si un socio comercial toma represalias contra EE.UU., se podrá aumentar o extender el alcance de los aranceles.
  • Si se alinean con UU. en temas económicos y de seguridad, se podrán reducir o suspender.
  • Si la industria manufacturera doméstica empeora, los aranceles pueden

Cronología del escalamiento: febrero a abril de 2025

Desde inicios de año, la Casa Blanca ejecutó una secuencia progresiva y calculada de incrementos arancelarios ejerciendo una presión blanda sobre los mercados y sus competidores estratégicos:

  • Febrero 2025: inicio del conflicto con Canadá y México; medidas vinculadas a narcotráfico, opioides, madera y cobre.
  • Marzo 2025: foco en acero, aluminio, automóviles, latas, productos agrícolas y farmacéuticos.
  • Abril 2025: implementación total del régimen recíproco y anuncio de medidas futuras en tecnología y salud.

Cada acción vino acompañada de discursos que prometen una nueva “edad de oro industrial” y la restauración del orgullo nacional. Es claro el enfoque: la búsqueda de “un nuevo espacio vital” y la “reindustrialización del país”.

Reacciones globales: retaliación, perplejidad y reposicionamiento

De forma reactiva, la Unión Europea, China, Canadá y México han lanzado respuestas proporcionales y estrategias de contención. En particular:

  • UE: se plantea gravar servicios digitales y aplicar el instrumento anti-coerción.
  • China: impone aranceles a productos agrícolas clave y convoca a CEOs globales para mostrar apertura.
  • Canadá: a pesar de que en primera instancia preparaba medidas sobre acero, bebidas y autos eléctricos, pocas horas después del anuncio del nuevo paquete arancelario global se ha generado un esbozo de retracto indicando que eliminaría todo arancel sobre mercancías estadounidenses y EE.UU. lo hacía de igual manera.
  • México: por su parte lanza un plan de fortalecimiento de la industria automotriz, se apresta en esta semana a presentar un plan de diversificación y contención frente los aranceles impuestos y determina no aplicar ningún arancel en represalia a las imposiciones enunciadas por su vecino del Norte.

Un estudio del Budget Lab de la Universidad de Yale advierte que, de perdurar en el tiempo la nueva estrategia arancelaria de EE.UU. se tendrían los siguientes resultados proabilísticos:

  • El arancel medio efectivo llegaría al 32,8%, el más alto desde
  • Aumento de precios internos entre 2,1% y 2,6%.
  • Pérdidas de entre $3.400 y $4.200 por hogar al año.
  • Reducción del PIB en 0,9-1,0 puntos
  • Mayores alzas en alimentos, ropa, ordenadores y productos agrícolas.
  • Hogares con ingresos bajos perderían entre $1.900 y $2.400 al año.

América Latina: entre la espada y la oportunidad

Costa Rica, aunque no figura entre los más países más castigados, enfrenta un entorno desafiante. El 10% impactará sobre productos clave y obliga a una redefinición de prioridades comerciales.

¿Debería el país buscar mayor alineamiento con EE.UU. para obtener mejores condiciones? ¿O diversificar estratégicamente hacia mercados como el sudeste asiático y Europa?

América Latina en su conjunto se encuentra en una bifurcación geoeconómica. Por un lado, puede optar por una vía de integración subordinada a la estrategia estadounidense, en busca de estabilidad arancelaria y acceso preferencial. Pero esta elección conlleva costos geopolíticos: una mayor alineación con Washington podría limitar el margen de maniobra diplomática con bloques emergentes como BRICS+, ASEAN o incluso la misma Unión Europea (debido a su situación geopolítica actual y la realineación cosmogónica global). Por otro lado, apostar por una diversificación de socios comerciales y un mayor regionalismo latinoamericano puede fortalecer la autonomía estratégica de la región, pero no sin enfrentar el riesgo de represalias, arancelarias o de acceso financiero.

Además, la región se convierte en territorio de disputa. China podría buscar reforzar sus vínculos comerciales y de inversión con países latinoamericanos como respuesta a los bloqueos estadounidenses. El resultado: una nueva guerra de zonas de influencia, donde la decisión no es simplemente comercial, sino profundamente geoestratégica. América Latina podría ser cortejada por todos, pero también presionada por todos.

Costa Rica, con su dependencia estructural de EE.UU. y su modelo exportador basado en bienes médicos, agrícolas y electrónicos, debe ahora analizar su posición con visión de largo plazo. La resiliencia de sus cadenas de suministro, la solidez de sus alianzas regionales y la capacidad de insertarse en acuerdos plurilaterales serán clave.

¿Un nuevo orden comercial?

Con esta doctrina, el presidente Trump propone una reconfiguración del espacio económico global, donde el comercio ya no se rige por la eficiencia, sino por la capacidad de imponer condiciones. El arancel se convierte en mensaje, muro y moneda de cambio.

El comercio se transfigura en un instrumento de dominación o por lo menos de aseguramiento estratégico. Para América Latina —y Costa Rica en particular— comprender, anticipar y adaptarse a este nuevo orden será determinante para su estabilidad económica y relevancia geoestratégica en el mundo que viene.

La era del multilateralismo económico se desvanece. Nos enrumbamos hacia una multipolaridad en un esquema de regionalismos semipermeables. En lugar de la vieja estructura establecida post Bretton Woods, emerge una geopolítica del arancel, donde cada decisión comercial puede redibujar fronteras de poder y encausarnos a una obligada realineación mundial y construcción de un nuevo pacto socioeconómico global.

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