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¿Existe doble moral en el discurso conservador costarricense?

» Por Mauricio Ramírez Núñez - Profesor de Relaciones Internacionales, magister en Estudios Latinoamericanos con énfasis en Cultura y Desarrollo.

Producto de la polémica que ha generado en los sectores conservadores de la sociedad costarricense el pronunciamiento que hizo la Corte Interamericana de Derechos Humanos sobre el tema de matrimonio homosexual en nuestro país, me vinieron a la mente una serie de interrogantes respecto a dos de los argumentos más importantes que estos grupos opositores han utilizado en contra de la comunidad LGBTI, y que me hace cuestionar realmente qué tanta legitimidad y autoridad moral tienen para oponerse al otorgamiento de derechos a sus semejantes.

El primero de esos argumentos, es que la sociedad de los últimos años se ha “vaciado de valores”, “perdimos los valores” y por lo tanto, este “libertinaje” que se vive hoy es producto de ello. Es completamente cierto que existe un gran vacío antropológico y si se quiere espiritual en el ser humano del siglo XXI, en términos existenciales, lo podemos definir como una falta de sentido profundo y contenido de la vida, mismo que en muchos casos, ni siquiera las religiones tradicionales pueden resolver, producto de ello es el auge de las “espiritualidades alternativas o new age” en la gente joven. Por esta grave crisis, nuestro caminar como civilización y humanidad es tan errante y poco inteligente, el mejor ejemplo es la degradación climático-ambiental en la que tenemos sumido al planeta.

Pero detallemos un poco más esto que expongo. Cuando me refiero a que no hay tal vacío de valores, lo que quiero decir es que lo que en realidad se dio fue una sustitución de valores, que es muy diferente. ¿Cuáles valores? ¿Por qué el valor de la vida ha pasado a segundo plano? Después de la entrada en vigencia del discurso político-ideológico de la globalización, que el neoliberalismo impuso prácticamente a la fuerza en gran parte del mundo (introducido en Costa Rica precisamente por esos sectores conservadores que hoy se rasgan las vestiduras), los valores y la cultura que se empezó a posicionar como el “norte” y “recta final hacia el desarrollo” fueron los de la sociedad de consumo y la religión del  mercado con su libre flujo de capitales. De pronto dejamos de ser esa Costa Rica solidaria, con esa identidad que defendía valores más comunitarios y sociales, a ser una sociedad competitiva, individualista, despilfarradora e hiper-consumista, donde lo único que importa es lo que tienes, sin importar el cómo lo consigues (el aumento del narcotráfico es un fiel ejemplo de esa nueva cultura donde ser honrado es para “tontos”).

Todo ello, con la venia de gran parte de los partidos políticos que hoy hablan de “pérdida de valores” y “defensa de la familia y la vida”, porque si no nos subíamos al “tren del progreso y la globalización nunca nos desarrollaríamos”, el mismo discurso de la época del TLC, donde aún estamos a la espera de los BMW. Y es que, la famosa globalización, no ha sido más que una aplanadora de identidades, valores y costumbres, eso ha hecho por los países donde ha pasado, no sólo ha buscado imponer un único modelo de economía, sino también de cultura, la de los centros del poder económico occidental (EEUU), al mejor estilo de un monocultivo como esos que muchos criticamos por lo dañinos que son para el medio ambiente, solo que en este caso es un poquito peor porque es uno mental, ideológico.

El valor más importante ha pasado a ser la eficiencia, misma que es totalitaria ya que no tiene alternativa, cualquier otro valor pasa a ser poco eficiente y competitivo, por lo que se desecha, incluso aunque se trate de la dignidad de la vida, la persona y los Derechos Humanos. Si no produce y no genera alguna ganancia “no es útil”, no es “funcional” para la sociedad. Todo esto desde luego, no es culpa de la inexistente “ideología de género” y demás fantasmas que inventan, pero sí es algo que nos convierte en mercancía, en objetos de esa compra-venta de mano de obra que es el mercado y su doctrina del vivir para producir, donde toda aquella persona que piense diferente “pierde”, ya que todo lo vemos bajo criterios de competencia o guerra (ganar o perder), olvidamos que a veces y en muchos aspectos no económicos de la vida, es mejor compartir, cooperar y colaborar desinteresadamente.

El tema del respaldo y apoyo a la familia es el segundo argumento que sacan los conservadores tardíos para oponerse al reconocimiento de derechos a la comunidad LGBTI. Yo soy defensor de la familia también, desde luego que sí, pero para ponernos de acuerdo, hablemos de cuáles son realmente esas razones para que la familia se esté destruyendo en la actualidad, que lógicamente no es por culpa de esta comunidad e insisto una vez más, de la inexistente “ideología de género”. Pongámonos serios y hablemos de la situación económica y laboral de un sistema de vida donde papá y mamá están obligados a trabajar más de 48 horas semanales “para ganar algunas extras”, con rutinas agobiantes porque de lo contrario no alcanza para pagar el alquiler de la casa, el préstamo del banco, la tarjeta de crédito o la comedera de cada mes. Hablemos del costo de la educación (porque también esto se convirtió en un negocio y una competencia que refleja “status social”, aunque los chiquillos sean unos malcriados pero que estén en la escuela más cara), hablemos de que por ese modelo de vida irracional, la niñez crece pegada a los teléfonos, tabletas y computadores, donde quien educa es, en el mejor de los casos, la empleada y sino la internet con los valores del consumo y la competencia, sin amor, sin ese sentido de lo que ellos mismos llaman “calor de familia”. Realidad que compartimos toda la sociedad, sin ningún tipo de diferencia o exclusión por razones de preferencia sexual.

Aquí es donde yo les pregunto entonces, ¿qué es realmente lo que está atentando contra la sociedad en general, contra la familia y contra la vida? Este debe ser el punto medular que tanto políticos como sectores de la sociedad deberían de estar discutiendo realmente, cuál es el modelo de país y desarrollo que queremos construir, aquí deberíamos de estar todos y todas como una gran familia costarricense que dé ejemplo al mundo, es menester reflexionar con conciencia, ya que como bien lo expresó el expresidente Mujica en su momento: “la causa es el modelo de civilización que hemos montado. Y lo que tenemos que revisar es nuestra forma de vivir”.

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo y número de identificación al correo redaccion@elmundo.cr.

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