
Dentro del aparato estatal que alberga a todo gobierno democrático, se espera que los principios y valores éticos al igual que morales, prevalezcan, como un reflejo del sano ejercicio y aplicación de la justicia y la paz que son, los pilares que constituyen a cualquier Estado Social de Derecho. Sin embargo, muchas veces esto no sucede así, quedando impunes algunos sujetos u organizaciones que podríamos denominar, promotoras de la delincuencia profesionalizada y de cuello blanco.
Costa Rica en los últimos años, ha sido azotada por una nueva forma de transgredir la ley; la cual, se basa prácticamente en acuerpar desde diferentes flancos gremiales, a todo tipo de infractores y evasores del ordenamiento jurídico, evidenciando que existe una crisis de valores éticos, dentro de la estructura social de éste país. La que ha contribuido, no solo a minar su economía, sino también los sectores encargados de impartir justicia, de ejercer la política, promover la educación y velar por la salud.
Entonces qué hacer, cómo enfrentar una situación que está fuera del control del propio Estado, cuando en realidad es precisamente éste, el encargado de administrar y ordenar la aplicación de la justicia, desde sus diversas dependencias e instituciones. Ya que podemos reconocer, esfuerzos titánicos al respecto, por parte de quienes todavía hoy, luchan frente a este flagelo que tiene al borde del colapso a toda la Nación e incluso, también ha seducido a muchos dentro de la misma Academia.
Porque la serie de situaciones que cada día se denuncian en éste país, desde diferentes ámbitos del acontecer nacional, sobrepasan la realidad social, evidenciando los portillos por los que se pueden infringir, los diferentes ordenamientos jurídicos que fundamentan a éste Estado Social de Derecho. Donde estas situaciones se dan muchas veces, con la colaboración y aprobación de parte de la ciudadanía que incluso, considera normal que exista algún grado de transgresión y además, ve de mal gusto denunciarlo.
En ésta nueva era de avances científicos y tecnológicos, es un lástima que no se progrese también en los ámbitos de la ética y moral costarricense; porque por lo visto, desde las universidades estatales en el último tiempo, se ha ejercido una política que está, más allá de la ética y moral profesional y que en algunos casos, incluso sería calificada también más allá del bien y el mal; la cual, es de suma importancia para constituir una base sólida en la que se sustente la credibilidad de sus instituciones y sobre todo, hacia el exterior, ya que al interior cada vez importa menos.
Así mismo, el hecho de contar con un aparato socio-político vigilante de los procesos que han sido trastocados por la corrupción es fundamental, cuando quienes deben actuar ética y moralmente no lo hacen, escudándose en la autonomía que poseen muchas de las instituciones del Estado y de las que se sirven, para superarse en términos económicos, amasando un pequeño peculio que defienden con uñas y dientes.
Estamos en el siglo de las luchas político-sociales, las cuales abanderan muchas causas, dentro de ésta llamada multiculturalidad que nos rodea, llámense de igualdad o también respeto a los Derechos Humanos, sin embargo, dejamos de lado los pilares fundamentales en los que se deben asentar, todos los principios democráticos de una Nación y que son, la ética y moral profesional de toda sociedad.
No solo debemos alzar la voz, para exigir respeto e igualdad frente al diferente, hacia el excluido sino también, ante la corrupción institucionalizada, expresada a través de las políticas proteccionistas que son los portillos preferidos, por los delincuentes de cuello blanco, los cuales ejecutan lo mejor que saben hacer y esto es, aprovecharse del Estado e incluso, prostituir a todo aquel que se preste para ello, dentro de la administración pública.
El discurso en éste sentido es doble y se aprecia desde muy lejos, no solo por parte de quienes al poco tiempo, se suman a la corriente imperante de corrupción, ya sea por acción u omisión, demostrando que es fuerte el germen del poder, pero del poder que corrompe completamente a ese que tenemos al frente, al irrumpir en los estratos más altos de ésta sociedad, frente a la cual, algunos no nos vamos a callar y menos, sabiendo que se están atropellando derechos humanos fundamentales.
Se puede intimidar tal vez a quienes han perdido la fe, al librar mil y una batallas. Pero jamás, a quien ha sobrevivido a más de una Guerra, ante la prostitución de quienes no tienen voz y, que va más allá del discurso dentro y fuera de la Academia.
—
Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, fotocopia de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr.