Este fiscal no sólo miente: perdió la cordura

» Por Lafitte Fernández - Periodistas

Se me acusa en El Salvador por contribuir para que los salvadoreños supieran cómo un gobernante recibió cataratas de dinero taiwanés.

El mejor trofeo periodístico que he recibido en mi vida nació, el viernes, en El Salvador: un Fiscal General me acusa penalmente, porque denuncié, y ayudé, a comunicar que un ex gobernante de ese país recibió, en una cuenta privada, más de $10 millones del Gobierno de Taiwán en pago de lo que usted quiera pensar.

Se me acusa por denunciar una verdad probada, confesa y de un interés público del tamaño de la catedral. El Fiscal General acaba sus funciones este domingo. Se despidió con la demanda en mi contra. Ahora no sé si es que perdió la cordura o está acostumbrado a desdecirse y a crear falsos ambientes hostiles. Cada Medusa ama su belleza.

Cargo penal en mi contra: entorpecer investigaciones oficiales. Mi pecado: informar, y contribuir a dar a conocer a los salvadoreños, que el expresidente Francisco Flores recibió, en el año 2001, al menos $10millones en una dudosa cuenta personal que abrió en Costa Rica.

El dinero llegó, desde Taiwán, al extinto Banco Cuscatlán de Costa Rica. No se depositó en ninguna cuenta estatal salvadoreña. Llegó a título personalísimo como si hubiese salido de la prostituta de Babilonia.

Lo más insólito y absurdo, la peor sinverguenzada de todo, es que el exgobernante Flores confesó en la Asamblea Legislativa que recibió ese dinero. Eso causó un escándalo nacional en El Salvador. Sobre todo porque nadie sabe el paradero del dinero. Lo único que se sabe es que alguna parte llegó a las arcas del partido ARENA. Pocos, muy pocos, pidieron disculpas por eso.

Mi delito es simple: informar y contribuir a informar sobre un hecho enteramente real y de supremo interés público. Honestamente, es la primera vez que Centroamérica conoce que una denuncia periodística exacta, real, confesa y de muchísimo interés público la lleva una Fiscalía General a una sede penal.

El asunto no es que lo que se denunció fue falso. Mucho menos que no fuera de interés público para todos los salvadoreños. El supuesto problema es que se usó un documento del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos que alertaba sobre las transacciones bancarias. Según el Fiscal General, Douglas Meléndez, ese documento nunca debió salir a la luz pública. ¡Valgame Dios con ese argumento!.

Meléndez, con un inmenso descaro y cinismo, no le dijo a los salvadoreños es que, o el periodismo denunciaba las negociaciones financieras, o un ex fiscal general desaparecía las pruebas, como sucedió diez años antes. Esa es el primer reconocimiento que debe hacer Douglas Meléndez si realmente tiene un interés genuino en esto.

Douglas Meléndez no sólo se metió en su esternón y ocultó el hecho de que actué como periodista sino que calló, deliberamente, y tengo las pruebas conmigo, que durante diez años dos fiscales generales que le antecedieron en su cargo, ocultaron el documento que probaban las oscuras transacciones financieras de Francisco Flores.

Douglas Meléndez sabe, porque es la verdad, y no su neblinosa postura, que un fiscal valiente arriesgó su vida, y hasta el embarazo de su mujer, para contribuir al hecho de que los salvadoreños conocieran la verdad sobre el dinero de Taiwán.

Ese valeroso fiscal entregó una copia de ese documento cuando ya no ejercía su cargo. Si Meléndez es tan puntilloso en sus denuncias como dice ser, debe buscar en los archivos de la Fiscalía General. Ahí encontrará la renuncia escrita de ese fiscal con sello de recibido. En ella se dice que se va porque el exfiscal General, Luis Martínez, no quería investigar los dineros de Flores. ¿Por qué razón? No lo sé. Posiblemente el silencio del documento estaba pactado o bajo negociación. Douglas Meléndez sabe eso. No quiere reconocerlo.

Lo peor es que esto último lo conoce y lo confiesa en sus escritos judiciales el propio Douglas Meléndez. La incongruencia de sus juicios y valoraciones para el pelo. Lo que debe reconocerse es con qué fruición se monta un caso sólo para joder. Esa es la verdad.

En un tribunal judicial existe un expediente de más de mil páginas en las que se resumen una serie de acusaciones contra el ex Fiscal General, Luis Martínez, por evadir su responsabilidad de investigar hechos criminales.

Una de las acusaciones contra Martínez se basa, precisamente, en que no investigó las denuncias contra Flores que planteaban algunos de sus principales colaboradores. La acusación la firmó, como corresponde, el propio Fiscal General.

En ese expediente fiscal y judicial, presentado contra el exfiscal general Luis Martínez , funcionarios de confianza de Douglas Meléndez escribieron algo que, dichosamente, se olvidaron de ocultar, porque refleja la entera verdad en este caso. Esa cita es la mejor prueba de la doble moral con la que se manejó mi caso.

La cita textual nace porque otros fiscales recordaron que Martínez duró siete meses sin abrir una investigación sobre Francisco Flores. “El expediente administrativo se aperturó contra el señor Francisco Flores en la Unidad de Investigaciones Financiera, hasta el 24 de enero del 2014 y ello DEBIDO A LA PRESIÓN SOCIAL Y MEDIÁTICA QUE SE ESTABA DANDO A LAS NOTICIAS SOBRE LA PARTICIPACIÓN DEL EX PRESIDENTE FLORES PÉREZ Y POR LAS DIFERENTES DENUNCIAS QUE SE INTERPUSIERON. DE LO CONTRARIO NO SE HUBIESE DADO INICIO A LA INVESTIGACION EN ESE SENTIDO….”.

Este párrafo muestra todo lo que sucedió: si el periodismo no denuncia la existencia del reporte contra Flores, nada habría pasado. Esa cita es digna de estar en el cementerio de los valientes. Lo que prueba es que en la Fiscalía General alguien soltó a la loca de la casa para que hiciera la última cacería penal, el último inventario de muertos para cuando el señorito se marchara.

Las frases fueron escritas a pocos metros de la oficina de Douglas Meléndez. El fiscal general que llega hasta hoy domingo en ese cargo, endosó ese documento. Eso prueba su cinismo, su descaro o el hecho de que alguien perdió la razón y el juicio.

Es imposible creer que para acusar a su predecesor, Douglas Meléndez hace uso del papel del periodismo. Le da el papel legítimo a la denuncia pública como la única contención contra los silencios acordados en la Fiscalía General.

Pero, por otro lado, y eso me hace dudar de la decencia del fiscal defenestrado por los diputados, la denuncia periodística debe perseguirse, acusarse penalmente, porque le hurtaron la copia de un documento a los archivos de la Fiscalía General. ¡Por eso un periodista debe ir a la cárcel! De verdad creo que alguien no está cuerdo en este asunto. Alguien es persistentemente deshonesto en este debate que me obligan a encarar.

Ya ni siquiera sé si todo el problema es porque el documento lo elaboraron unos rubios de ojos azules que tienen cara de patrones en la Fiscalía General. Si eso es así seríamos menos que nuestros propios nombres.

Insisto: Si no hubiese sido por la denuncia de medios de comunicación salvadoreños y hasta del expresidente Mauricio Funes, el exfiscal general Luis Martínez cumple con lo que quería: ¡callar lo que pasaba desde diez años atrás! Hasta la Fiscalía General confiesa lo que sucedió luego que El Salvador conoció el documento que se mantenía engavetado!

Ojalá Douglas Meléndez ( porque ya no es Fiscal General) reconozca sus firmas en los escritos de descargo que presentaré. La mejor defensa que tengo es el ejercicio del periodismo y los propios documentos de la Fiscalía General de El Salvador. Ellos tildan el papel de la denuncia pública en este caso. La reconocen. La aplauden en medio de la doble moral de Meléndez.

No duden que me defenderé en El Salvador, y en todos los organismos internacionales que corresponda. Incluso, pediré ser escuchado ante la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), organización de la que José Roberto Dutriz es su representante. Este caso es técnico. No político. Los decentes deben actuar como tales.

De acuerdo con todo lo que sucede es necesario advertir: 1) la denuncia periodística sacó de las manos de un exfiscal general un documento del más alto interés público. 2) eso sucedió porque un fiscal decente se jugó la vida, y hasta la de su hijo, para que los salvadoreños supieran la verdad sobre dineros que fueron a parar a una cuenta privada 3) que si existió una actuación mía fue como periodista. No como sujeto particular. 4) que, y esto es muy grave, a nadie puede acusarse de entorpecer una investigación judicial CUANDO NO EXISTÍA NI LA MENOR PESQUISA. Mienten los fiscales cuando dicen que el conocimiento del ROS se produjo cuando existía una investigación formal. Eso no es cierto. Los documentos de la Fiscalía prueban lo que afirmo. ¿Por qué hacer chanchullo? Si los fiscales persisten en sus tesis principales, lo único que serán parte es de una denuncia calumniosa que no podrán sostener ni probar.

Insisto. Los mismos fiscales que acusaron a Luis Martínez de silenciar investigaciones son mis mejores testigos. Los documentos oficiales que escribieron y están en estrados judiciales son parte de la abultada prueba contra la bastarda acusación. 5) Intentan aplicarme una disposición penal que sólo puede ajustarse a funcionarios públicos. Nunca he sido funcionario público. Mucho menos recibí un dólar, o lo pedí, para participar en estos asuntos de interés público. 6) Lo que se denunció es probadamente real. Flores confesó haber recibido ese dinero en sus cuentas personales . 7) El documento que probó el dinero taiwanés no estaba protegido por la legislación salvadoreños. Y, en todo caso, no debe olvidarse que, cuando existe un interés público, el periodista puede actuar plenamente apoyado por su mandato social. 8) Yo no me robé ningún documento de la Fiscalía General. El documento pudo conocerse porque varios personajes actuaron como gente abiertamente honrada.

Entonces, ¿de qué se trata esto señor Douglas Meléndez? ¿Estaba en su juicio cuando firmó la acusación dos días antes de largarse o actuó a puro rencor porque no lo reelegieron?

Esto es tan absurdo, que, para citar un ejemplo, el Publisher del periódico digital Diario1 que dirigía en ese entonces, Adolfo Salume, conoció, y tuvo en sus manos, copia del ROS antes de conocerse y publicarse. Le informé sobre la importancia de ese tema como me correspondía. ¿También lo acusarán y pedirán cárcel contra él? Y sé que él lo mostró al menos a un alto dirigente de ARENA. Así que habría que preparar un autobús de acusados la esquizofrenia fiscal. Meléndez no calculó que bajo su ventana había alboroto. Hay mucha gente cosida por la misma estrella.

También es falso, absolutamente falso, groseramente falso, que el fiscal que pregonó el Reporte de Operaciones Sospechosas (ROS), viviera oculto en una finca que poseo en Costa Rica hace más de 30 años. A él lo cuidó, en ese país, gente decente, sus amigos, que atendieron su llamado cuando se jugaba la vida y lo llegaban a buscar, casi cada día, a su casa, donde la única que permanecía era su angustiada esposa embarazada.

No sé cómo hará la Fiscalía General para probar que oculté en mi finca en Costa Rica a ese exfiscal . Eso no es cierto. Como tal, ese hecho no es ni siquiera probable. No existió. Los fiscales mienten con descaro. Se desbocaron los que buscan pergaminos.

Lo que más me apena de todo esto es ver el comportamiento de algunos periodistas. Sobra la insensatez. Falta el buen juicio crítico. Ahora resulta que quienes contribuimos a informar sobre una clarísima denuncia de interés público, somos parte de una banda casi criminal a cuyos miembros se debe linchar. ¡De nuevo, válgame Dios!.

Es tan limitado el juicio de esos periodistas que ni siquiera han preguntado de donde salieron las grabaciones y si las supuestas pruebas de nada son espúreas o no. Si tienen algún crédito legal. A esos periodistas les importó un bledo que surgieran aparentes grabaciones ( nadie ha probado que son fieles) sobre actuaciones de periodistas. Y todavía siguen insistiendo que le presté un servicio a Funes. A mí lo único que me contrató, partida de imbéciles, fue la denuncia y el deber de informarle a todos los salvadoreños. A veces pienso que esos periodistas son parte de la misma escuela: los hechos los cortan con tijera. Se publica únicamente lo que esté teñido de mala fe. El resto, a pesar de ser parte de la verdad, no vale. Hay que desecharlo. ¿Todavía dudan que existen carniceros del periodismo?.

Cuando leí, hace algunos días, la inexacta historia sobre el ROS en la revista Factum, cargada de semillas desgarradas y falsas, la hubiese tomado en serio si no hubiese conocido cómo nació ese medio. Sé cuándo nació. Cómo nació. Quién pagó. Para qué nació. Todavía tengo la computadora en la que se diseñó Factum. Todavía están ahí sus primeras imágenes. ¡Y aún así se quiere hablar de decencia o higiene social!

Es hora que se conozca la verdad sobre el ROS. A un fiscal valiente no lo dejaré sólo en manos de buitres envenenados. Pero también es hora que se sepa cómo nació un medio que pretende destilar decencia.

(Seguiré)

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