¿Es laicismo anti-religión?

» Por Dany Jadiel Quesada Monge - Estudiante de la Maestría de Derechos Humanos de la UNED

La declaración Universal de Derechos Humanos, en su artículo 18, indica: “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión”. Por su parte el artículo 75 de la Constitución Política indica: “La Religión Católica, Apostólica, Romana, es la del Estado, el cual contribuye a su mantenimiento, sin impedir el libre ejercicio en la República de otros cultos que no se opongan a la moral universal ni a las buenas costumbres”.

Ahora bien, es necesario partir de una definición de que se entiende por libertad de pensamiento, de conciencia y de religión a efectos de determinar si nuestra Constitución Política se encuentra en pro o contra de la normativa internacional de Derechos Humanos.

La libertad de conciencia es la libre autodeterminación para decantarse o elegir ante determinado ofrecimiento u objeto, sea este material o inmaterial. En el caso específico, es necesario agregar que la libertad de conciencia es única y exclusiva del ser humano y que esta libertad debe ser protegida por el Estado. Así las cosas, un Estado no puede ser confesional o, en igual sentido, no puede declararse en pro de ninguna religión, en razón que el Estado es una creación teórica del ser humano y este por ende no posee una libertad de conciencia.

Entonces, se entiende que las personas son las únicas que poseen esta libertad de conciencia. Cada individuo, de conformidad a sus creencias, formación y desarrollo social, será quien se decante o decida por profesar una religión -indistintamente de cuál sea-, declararse ateo o agnóstico, o variar esta condición y el encontrar una norma constitucional que declare a un Estado que confiesa ser católico, Apostólica y Romano, es contrario a los Instrumentos Internacionales en Derechos Humanos reconocidos, por lo cual esta invención humana “Estado” debe ser neutral, a efectos de garantizar la libertad de conciencia de los seres humanos.

Afirmar que el laicismo es anti-religión sería contrario a la referida libertad de conciencia que promueve el máximo ideal del laicismo, siendo que mediante esta libertad de conciencia los seres humanos pueden creer y profesar cualquier creencia religiosa o en contrario a esto profesar libremente no creer en ningún Dios o ser supremo. No se puede confundir el laicismo con ateísmo o agnosticismo, en razón que el Estado, al ser una creación del ser humano, no puede poseer pensamiento propio o imponer a las personas una religión o al menos dirigirlas hacia una situación que le corresponde a cada uno de los seres humanos. El laicismo busca una forma de convivencia institucional, una organización política de la sociedad, mientras el ateísmo o el agnosticismo son cosmovisiones en las que dios no se incluye.

El laicismo es la lucha por la libertad de conciencia, no una lucha contra una religión determinada o un movimiento anti-religioso, no obstante, esta lucha estará inconclusa cuando una religión particular goce de beneficios en el ámbito público en general y de forma especial en el ámbito escolar con clases de religión pagadas por todos los ciudadanos de un país.  Como consecuencia de lo anterior, el laicismo reclama la separación del Estado y de las Iglesias, del poder político y de las instituciones religiosas, así como la abolición de todo tutelaje de la conciencia humana, como condición de posibilidad para la emancipación del ser humano. De ahí su especial relación con la racionalidad y el libre pensamiento.

El laicismo es un principio que se ha convertido en un movimiento social, mediante el cual se pide la separación del Estado y las distintas instituciones religiosas, agnósticas o ateas y la neutralidad del Estado con respecto a las diferentes opciones de conciencia particulares, promoviendo la igualdad de trato de todos los ciudadanos y ciudadanas. La neutralidad del Estado laico exige que ninguna opción particular (religiosa o no) sea discriminada ni positiva ni negativamente. No caben los privilegios públicos de una opción cualquiera en un Estado laico. Solo así se garantiza la igual consideración de todos los individuos como ciudadanos libres.

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