En apoyo al gobierno (II)

Continuamos analizando el “escandalo” de los troles.

El remedio puede ser peor que la enfermedad

Ya medios como La Nación (Editorial del 12 de enero del 2023) han despotricado contra los troles. Otros han intervenido siguiendo líneas afines. Todo esto debe manejarse con sumo cuidado. Primero debe definirse qué es un trol. Resulta muy pobre quedarse con la definición de la RAE, pues el fenómeno cultural es complejo. El solo hecho de hablar con un perfil ficticio no puede catalogarse como troleo (con un halo de censura), bien puede ser una simple medida de defensa, pues, primero, el hacer público los verdaderos datos expone a los usuarios, en un contexto de auge de la delincuencia. En segundo lugar, para nadie es un secreto que las discusiones políticas pueden tornarse álgidas, ocultando información personal cada usuario evita posibles insultos para sí, para sus familiares y contactos, así como posibles represalias (por ejemplo, de patronos con opiniones políticas adversas). Cada quien está en su derecho de dar su información personal, suministrarla parcialmente, o no hacerlo del todo. Debe primar la discusión de los argumentos, no de las identidades de quienes los esgrimen. A pesar de todo esto, se insiste en poner el anonimato como rasgo del troleo.

El tomar una bandera política o una causa, y defenderla con ímpetu y constancia, tampoco es per se troleo. De ser así nadie podría intervenir en las campañas electorales. Y por supuesto, no se vale llamar “militante” a los activistas virtuales cuando estos comparten mis ideas, pero denominarlos “troles” cuando las combaten o no son de mi partido.

Cosa distinta decimos en presencia de otros hechos. Porque desde hace bastante tiempo se sabe que en Costa Rica operan troles. En mi experiencia personal puedo decir que en 2014 fui crítico acérrimo del Frente Amplio (que sigo conceptualizando como una grave amenaza al sistema democrático), y recibí por ello diluvios de insultos. En redes sociales fácilmente se constata el seguimiento de patrones por parte de algunos perfiles: se alinean al FA, combaten al gobierno, apoyan a Rusia y a las dictaduras del “socialismo del siglo XXI”, y además usan tácticas sucias. Similar comportamiento mostraba en el pasado partidarios del PAC, a quienes en su momento la entonces diputada Ivonne Acuña acusó de infestar las redes con troles en su contra (El Periódico CR, 29 de junio 2019).

¿Qué es un trol? Alguien que difunde mentiras, calumnias e injurias en redes sociales, además sin reparar en las tácticas retóricas, pretendiendo ganar debates mediante juego sucio (ignorando argumentos de adversarios, burlándose de éstos con emojis o memes sin contenido, repitiendo una misma idea una y otra vez, recurriendo a falacias, etc). ¿Cómo combatirlos? Los usuarios deben ocupar el lugar principal. Hasta los discursos de odio tienen que ser debatidos racionalmente (caso contrario es la cancel culture, que embrutece al ciudadano). Cabe recordar a Karl Popper, quien recomendaba algo similar. Porque poner al Estado a controlar las redes sociales (como hace China) puede llevar a la vigilancia y a la tenencia de información sobre las ideas políticas de los ciudadanos, algo conducente a situaciones peligrosas para la democracia, siendo en todo caso una gran tentación para quien tenga el poder. También son peligrosos los ambiguos términos de “ofender” y de “polarizar”, muchos pueden darse por ofendidos cuando les dicen sus verdades, o sencillamente los contradicen; polarizar es inevitable en buena cantidad de debates, por ejemplo, al probar que un político es corrupto, o que una institución no sirve para nada.

Finalmente, hay un punto sin demostrar. Los medios y los políticos han espetado “sapos y piedras” contra el empleo de troles por parte de funcionarios actuales, no obstante, se omite (muy tendenciosamente) un detalle: la comisión (o no) de ciertos actos. Pues no es de recibo igualar lo que ellos denominan troleo (según vimos una arena muy movediza) con la difusión de mentiras, calumnias e injurias. Lo relevante es probar: 1-si el trol famoso hoy día incurrió en alguna de esas tres prácticas (más que si hubo “troleo” pagado o no), 2-si gente del gobierno le ordenó mentir, injuriar o calumniar. Mientras todo ello no se demuestre, la polémica es insulsa. Y se agrava la insulsez al no presentarse ciertas pruebas sustanciales. Y los días pasan…

Peor aun, los diputados del PLN y del FA piensan llamar a Robert Junior. Debe tratarse el tema con mucho cuidado, porque Robert Junior ha hecho denuncias valientes contra el gobierno anterior, los aliados de éste, y también contra los fallidos continuadores de la ignominia PAC (o sea el PLN y el FA). Esperemos que todo esto no decante en una “cacería de brujas”, una persecución contra todo crítico que emplee redes sociales. Porque eso sí que haría trizas la libertad de expresión.

Los posibles objetivos ocultos de estas campañas

Asistimos a los comienzos de cambios políticos trascendentales. Se evidencia un relevo en la tenencia del poder. Sabiendo eso, algunos han optado por perpetuar la campaña política, bajo ese esquema intentan sobrevivir, lo imponen a la política actual, forzando a los demás a actuar de modo similar.

El Partido Liberación Nacional hace aguas, Laura Chinchilla lo entendió y se apartó. El PLN postuló a un candidato cuestionado e impopular (lo segundo hasta los Arias lo dijeron). Es un partido que despierta inmensos anticuerpos, y es una agrupación vieja y de viejos (el cambio demográfico lo está erosionando; y los únicos jóvenes surgen bajo el patrocinio de sus padres multimillonarios, nunca de un proceso de juventudes). Segundo, el falso relevo PAC fue una auténtica pesadilla (con vehemencia lo hemos analizado antes), un embuste del PLN, por una parte, y de la mal llamada “progresía” por otra. Tras ocho años terribles, de la “gran narrativa progre” (motivo de futuros artículos) solo queda el mal recuerdo, al menos en su vanguardia política. El PUSC no pudo recuperarse de los escándalos de los expresidentes, tampoco de la escisión, lesiva para sus intereses, causada por el surgimiento del PRSC. El Frente Amplio anda, pero sus talones de Aquiles son conocidos por todos y apestan a sandinismo y cosas así.

En contraste con las fuerzas políticas en decadencia, tenemos al Partido Progreso Social Democrático, la agrupación de Rodrigo Chaves, Pilar Cisneros, y el ministro Amador. En poquísimo tiempo se hizo con la victoria. Y en solo un año hizo mucho más que los gobiernos antecesores. Se intenta vender un costoso banco público que en realidad funciona como banca privada (flaco favor hace para evitar la altísima mortalidad de las PYMES, tampoco le ayuda a la señora de Purral a construir casa). En materia de derechos humanos se apoya a la loable Fundación Rahab, ninguneada no por Canadá, pero sí por las administraciones anteriores (brutal abandono ocasionado por el anticristianismo “progre”). Se hacen insistentes gestiones para traer más empresas al país, la más reciente en Suiza. Se realizan esfuerzos para frenar el déficit, atacando sus raíces (las instituciones duplicadas, por ejemplo). Todo esto genera que el partido Progreso Social Democrático marche firme a las elecciones de alcaldías de 2024 y más allá. La vieja guardia liberacionista y del PUSC lo saben y no tienen contemplaciones para intentar lesionar a un gobierno que convence, aun cuando al hacer esto el perjudicado en realidad sea el país.

El uso de troles debe provocar reflexión, sí, pero nunca en la dirección ordenada por el PLN, el FA, y tres medios equivocados y repletos de inconsistencias y otros problemas… Vemos la propuesta de una ética blanda, sosa y permisiva para quienes han sido amigos de cierta prensa y de ciertos intereses, y al mismo tiempo la aplicación de un lente implacable contra Joselyn Chacón, otros funcionarios, y contra Progreso Social Democrático.  El concepto de libertad de expresión se ha tergiversado de manera perversa. Derrotados por los pobres frutos de sus urdimbres, algunos convocan al Leviatán estatal para que “ponga orden” en las redes sociales, eso si confundiendo términos y obviando temibles consecuencias. Todo tiene causa: grupos de poder temerosos porque ya no pueden seguir haciendo lo que les plazca con la realidad nacional, porque ahora sí hay gobierno.

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