Podemos discrepar o no con las posiciones de la diputada Ligia Fallas, pero ante ningún motivo podemos irrespetar sus gustos o decisiones al vestir. Los legisladores definen su estilo, su forma de mostrarse en el plenario legislativo, pero más allá de eso sus ideas son las que debemos poner en el ojo de la crítica.
La riqueza de un país democrático reside en el respeto a la pluralidad de voces que lo conforman, la diputada Ligia Fallas representa en la Asamblea Legislativa a uno de estos sectores, que la llevaron a ocupar una curul porque creyeron en ella para defender sus ideales.
La diputada Fallas es clara en sus posiciones, de acuerdo o no con ellas, eso es lo que debemos llevar al escrutinio público, no su forma de vestir. Es propio de una sociedad mediocre y limitada mentalmente encauzar un debate que debe ser en el ámbito político hacia aspectos tan superfluos como lo es la vestimenta.
Podemos cuestionar, podemos no compartir ideas, podemos estar totalmente en contra de una posición política, pero no debemos utilizar argumentos espurios para enfrentar un enemigo político.
La diputada Ligia Fallas merece respeto.
